Resulta sorprendente, pero no casual, que con solo unos meses de diferencia la Unión Europea haya podido concluir las negociaciones de dos acuerdos comerciales de la mayor trascendencia, con Mercosur y con India.
La agresiva política arancelaria de Estados Unidos puede haber actuado como catalizador inesperado de estos dos acuerdos, pero también de otros muchos suscritos recientemente por la UE y de varias negociaciones que se encuentran ya en su fase final.
India fue inicialmente el país más afectado por los altos aranceles norteamericanos, de hasta el 50% (debido al suministro de gas ruso), lo que provocó la caída drástica de sus exportaciones y la depreciación de su moneda. Sin embargo, tras anunciar su acuerdo con la UE, Estados Unidos accedió a rebajar estos gravámenes a India hasta el 18% a cambio de que dejara de proveerse de petróleo ruso y duplicara en cinco años sus importaciones de productos energéticos y tecnológicos estadounidenses.
Brasil vivió una situación similar con el acero y el aluminio, y logró rebajar los nuevos y exagerados gravámenes norteamericanos aplicados por el presunto trato al expresidente Jair Bolsonaro, a cambio de renunciar a aplicar la reciprocidad a los productos agrícolas norteamericanos y
de hacer concesiones sobre acceso a minerales críticos.
Ambos países sufrieron los efectos de la táctica descrita por Donald Trump de establecer una meta altísima al principio y seguir presionando a la baja para forzar concesiones concretas. Si bien este estilo puede ser efectivo, tanto en los negocios como en las relaciones internacionales, en este segundo campo genera una inestabilidad que puede erosionar a largo plazo la confianza de los socios.
Pero también ha terminado produciendo un efecto indirecto positivo, que seguramente pasó inadver-tido incluso para sus consejeros: la promoción del comercio internacional, porque los países afectados por los aranceles han tratado de recuperar…

La respuesta comercial de la Unión Europea: Mercosur e India


