Miembro del Parlamento libanés, la doctora Najat Saliba es una de las 12 diputadas del Bloque del Cambio que logró llegar a la cámara representativa hace cuatro años para trasladar los deseos de revolución de su pueblo. Es experta en cambio climático y control de la contaminación, con investigaciones punteras sobre el impacto de las pipas de agua o sobre cómo la mayor dependencia de los generadores, que ha aumentado en los últimos años, ha provocado un incremento del cáncer en la población.
Aunque trabajó durante más de 20 años como profesora en la prestigiosa Universidad Americana de Beirut (UAB), la corrupción en su país la obligó a abandonar las aulas. Primero impulsó proyectos de ciencia ciudadana y, después de la explosión del puerto de Beirut en 2020, decidió entrar en política. Ha recibido múltiples premios nacionales e internacionales por su papel como mujer en la ciencia, incluido el Premio Internacional L’Oréal UNESCO para Mujeres en la Ciencia.
afkar/ideas ha tenido la oportunidad de dialogar con Najat Saliba en su oficina en Beirut a mediados de febrero antes de la nueva ofensiva israelí sobre Líbano.
Usted es una de esas personas que dejaron Líbano para estudiar en el extranjero, pero luego decidieron regresar para contribuir a su comunidad. ¿Por qué?
Dejé Líbano durante la guerra civil de una forma muy trágica, huyendo en barco hasta Chipre. Me trasladé a Estados Unidos donde ya vivía mi hermano. Allí, estudié la carrera, mi doctorado y dos años de formación posdoctoral. Entonces, tuve que decidir si quería comprometerme a iniciar una nueva línea de investigación en una universidad de Estados Unidos o regresar a Líbano. Decidí probar suerte en mi tierra y, para mi sorpresa, me contrataron en la Universidad Americana de Beirut. Veinte años después, sigo aquí. Me ha ido bien en la investigación, he recibido premios, y nunca he mirado atrás. Ha habido desafíos en el camino, pero poder estar en Líbano, realizar investigaciones relevantes para el país y para la región ha sido satisfactorio y gratificante.
Me hice famosa como científica especializada en transporte de polvo, pero luego también superó nuestras expectativas la cantidad de subvenciones que recibimos para investigar el consumo de pipas de agua y de cigarrillos electrónicos. El reconocimiento de la comunidad científica, especialmente cuando recibí el Premio Internacional L’Oréal UNESCO para Mujeres en la Ciencia, fue la culminación de 20 años de trabajo y dedicación para demostrar que Líbano, y especialmente la UAB, es capaz de realizar investigación de calidad a la altura de la investigación mundial. De hecho, fue la primera vez que una científica libanesa era reconocida en Líbano.
Su investigación está muy ligada al lugar donde vive. Investigó a fondo el impacto de los generadores, el uso del narguile o los elevados niveles de contaminación en Líbano.
Cuando me incorporé a la UAB, me aconsejaron que no lo hiciera, que, para ascender, debía realizar una investigación atractiva para todo el mundo. Pero no me convenció. Me dije: “Si estoy aquí, es para hacer cosas relevantes para nuestras vidas”. Me centré en la investigación que realmente impacta en la vida de las personas a diario.
Cuando empezamos a investigar sobre el narguile, la pipa de agua, nadie había abordado este tema antes, aunque fumar narguile se había extendido por todo el mundo, no solo en la región. Fue entonces cuando el Instituto Nacional de Salud estadounidense decidió financiar nuestra investigación y darnos todo lo necesario para desmontar el mito según el cual es una forma limpia de fumar. Pudimos realizar una investigación de vanguardia que fue referenciada por muchas asociaciones de salud, y fue adoptada por la Organización Mundial de la Salud.
Nuestros resultados sentaron las bases para muchas leyes en Estados Unidos y otros países que prohíben fumar pipas de agua en interiores y espacios públicos. Fue un gran avance, y seguirá siendo uno de los temas de investigación más importantes a los que hemos contribuido para ayudar a salvar la salud de muchos jóvenes. Nuestros resultados demostraron que fumar narguile es mucho más peligroso que un cigarrillo. Ahora la gente lo da por hecho, pero hace 20 años, no era así.



