La principal incógnita del acuerdo es que deja fuera a Hezbolá. La milicia chií ya ha mostrado su rechazo al pacto y conserva capacidad para impedir su aplicación. Su líder, Naim Qassem, lo calificó de “humillante” y de “un grave error” por considerarlo una legitimación de la ocupación israelí.
Ya se pierde la cuenta de los anuncios de alto el fuego que siguieron al alcanzado entre el gobierno israelí y Hezbolá en noviembre de 2024, incumplidos desde el primer momento por ambas partes. El gobierno de Nawaf Salam sigue siendo incapaz de imponer el monopolio estatal del uso de la fuerza y de desarmar a Hezbolá, como ya exigía hace dos décadas la Resolución 1701 del Consejo de Seguridad de la ONU. Tampoco ha logrado frenar la nueva ofensiva israelí iniciada el pasado 2 de marzo. Como consecuencia, Beirut se ha visto cada vez más desbordado por la actuación de actores externos con intereses contrapuestos.
Por una parte, pese al severo desgaste político y militar sufrido a manos de Israel, Hezbolá sigue demostrando su capacidad para resistir tanto las presiones del gobierno libanés, que reclama su desarme, como la ofensiva de las Fuerzas de Defensa Israelíes (FDI). Como uno…

Líbano-Israel: ¿Una paz sin Hezbolá?


