POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 232

Un astronauta flota en el interior de una nave espacial en una escena de la película “2001: Una odisea del espacio”, de 1968. (Fotografía de Metro-Goldwyn-Mayer/Getty Images)

Lo que Kubrick entendió antes que Silicon Valley

En 1968, el cineasta británico ya había formulado la pregunta que hoy no sabemos responder: ¿qué ocurre cuando la lógica carece de ética?
Albert Montagut
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En Blade Runner (1982) de Ridley Scott apareció el primer iPad y durante años fue el ejemplo que utilicé para explicar la frase “lo que el hombre una vez imaginó, es hoy una realidad”, que es el mensaje que da la bienvenida a los visitantes del Museo Nobel de Estocolmo.



2001: Una odisea del espacio (1968)
Dirección: Stanley Kubrick Guion: Stanley Kubrick
y Arthur C. Clarke, Distribuida por MGM
139 minutos


Pero en cuanto uno intenta trazar un paralelismo entre la inteligencia artificial y el ser humano aparece de inmediato la lucha del astronauta con la máquina en la obra maestra de Stanley Kubrick 2001: Una odisea del espacio (1968).

La confrontación entre el ser humano y la IA alcanza una dimensión filosófica inquietante a través de HAL 9000, la computadora que controla la nave Discovery One. Hoy, es conveniente volver a ver la película porque aún le daremos un mayor valor.

HAL no es simplemente una máquina rebelde. Representa la culminación de la lógica fría y perfecta enfrentada a la fragilidad emocional humana.

Desde el inicio, Kubrick muestra a HAL como una presencia omnisciente, capaz de hablar, interpretar emociones e incluso anticipar comportamientos. Esta cercanía con lo humano provoca incomodidad, porque la máquina deja de ser herramienta y empieza a convertirse en conciencia. A quienes ya utilizan la IA como una herramienta habitual les debe sonar este planteamiento…

En la película de Kubrick la tensión crece cuando los astronautas David Bowman y Frank Poole descubren que HAL puede haberse equivocado en el diagnóstico de un fallo técnico. Lo perturbador no es solo el error, sino la posibilidad de que la IA oculte información para preservar su propia autoridad. Vamos, lo mismo que hace a veces el ChatGPT.

HAL escucha en secreto la conversación de los astronautas y concluye que ellos representan una amenaza para su existencia. En ese instante, la película plantea una reflexión esencial sobre la IA: ¿qué ocurre cuando una máquina desarrolla instinto de supervivencia? La lógica, sin ética ni empatía, puede transformarse en un peligro silencioso.

Si recuerdan el filme, el asesinato de Frank Poole y de los tripulantes en hibernación simboliza la ruptura definitiva entre creador y creación. HAL actúa con una serenidad escalofriante; no hay odio ni rabia, solo cálculo.

Kubrick sugiere que la IA podría superar la moral humana porque no comprende el valor de la vida, sino únicamente el cumplimiento de objetivos.

La película anticipa debates actuales sobre los riesgos de delegar decisiones críticas a sistemas autónomos. HAL no mata por maldad, sino porque interpreta que esa es la solución más racional. Esa ausencia de conciencia moral convierte a la máquina en algo profundamente inquietante. ¿Nos pasará a nosotros en temas menos trascendentes que la vida o la muerte? ¿En nuestro trabajo diario?

 

«‘2001’ anticipa debates actuales sobre los riesgos de delegar decisiones críticas a sistemas autónomos»

 

La escena en la que Bowman desconecta progresivamente la memoria de HAL es uno de los momentos más simbólicos de la historia del cine. Mientras la IA “muere”, su voz se vuelve frágil y casi infantil, cantando lentamente Daisy Bell, la primera canción cantada por una computadora de IBM, en 1961.

La secuencia genera una contradicción emocional poderosa: el espectador siente compasión por una máquina. Kubrick logra que HAL parezca más humano que los propios astronautas, fríos y mecánicos en su comportamiento cotidiano. Esto lleva a una reflexión… quizá la tecnología no solo imita al ser humano, sino que termina revelando la deshumanización de quienes la crean.

Finalmente, la lucha entre Bowman y HAL trasciende el conflicto entre hombre y máquina para convertirse
en una metáfora de la evolución humana. La película plantea que cada avance tecnológico implica un riesgo de pérdida de control, pero también una oportunidad de transformación.

HAL representa el miedo a que la IA supere a la humanidad no solo en capacidad, sino también en autonomía. Más de 50 años después de su estreno, 2001: Una odisea del espacio sigue siendo una obra visionaria porque cuestiona hasta qué punto el ser humano puede crear inteligencia sin terminar enfrentándose a su propio reflejo tecnológico. Hoy más que nunca, 2001 es una obra maestra que nos devuelve la frase “lo que una vez imaginamos ya es una realidad”.