Los esfuerzos por aumentar la competitividad de España deben centrarse en determinadas instituciones básicas: educación, mercado de trabajo, defensa de la competencia, liberalización efectiva de sectores y mercados, agilidad administrativa y un apoyo a la actividad innovadora de las empresas. Se trata de áreas en las que será difícil percibir resultados a corto plazo.
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