La opinión mayoritaria en Estados Unidos sobre China la expresó así Joe Biden: “China quiere dominar el Indo-Pa-cífico y después el mundo”. Y para Xi Jinping: “Occidente, dirigido por EEUU, quiere cercar, contener y evitar el crecimiento económico de China”. Posiciones aparentemente irreconciliables: la potencia dominante no quiere dejar de serlo y la ascendente no quiere verse frenada.
En Estados Unidos hay una posición minoritaria, reflejada en la carta abierta dirigida a Trump publicada por The Washington Post el 3 de julio de 2019 y firmada por cien relevantes expertos en política exterior, titulada China Is Not an Enemy. Durante cuarenta años Estados Unidos y China han sido, utilizando el lenguaje de Kissinger, “quasi aliados”. Zbigniew Brzezinski, en su libro ‘El gran tablero de ajedrez ‘ publicado en 1997, anticipó que el peor escenario para EEUU sería una alianza entre Rusia y China, y dijo que, por parte americana, se iba a requerir gran capacidad y sabiduría para evitarla.
Una y otra han brillado por su ausencia. Al ampliar la OTAN hasta la misma frontera de Rusia ignorando los intereses de seguridad de esta y pese a las promesas hechas a Gorbachov –quien permitió la reunificación de Alemania, dejó caer el Pacto de Varsovia y la propia URSS sin utilizar la fuerza–, EEUU empujó a Rusia a los brazos de China.
El Crecimiento de China
El vertiginoso crecimiento de China ha “revisado” el orden geoeconómico. El orden geopolítico resultante de la “revisión” es que hoy China es ya una gran potencia, categoría en la que, hasta hace poco, estaba solo Estados Unidos. Cuando Deng Xiaoping emprendió su reforma en 1978, el PIB de China, a precios de mercado (PM) era el 6% del de EEUU. Hoy alcanza los dos tercios. La renta per cápita china, a PM, era de…



