Desde que se inició la nueva legislatura, en enero de 2003, Brasil ha recuperado la credibilidad de los mercados internacionales y ha logrado la estabilidad financiera y monetaria. El país, alumno modelo del FMI en la región, aún tiene que superar obstáculos al desarrollo como el elevado coste de la financiación, la baja tasa de ahorro interno y la carga que supone el servicio de la deuda. El optimismo del primer año de gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva está empezando a enfriarse ante unas demandas sociales insatisfechas.
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