La guerra en Oriente Próximo y la crisis por el cierre del estrecho de Ormuz, –arteria por la que circula cerca de una quinta parte del crudo mundial– han profundizado esa grieta en el frente occidental contra Vladímir Putin. Washington defiende la medida como una respuesta excepcional para controlar los precios. Pero en Europa el argumento no convence. La principal objeción de los europeos es estratégica: si Rusia obtiene más ingresos por exportaciones energéticas, refuerza su capacidad para sostener el esfuerzo bélico en Ucrania.
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, ha cifrado en unos 10.000 millones de dólares el posible beneficio adicional para Moscú. Según Bloomberg, los ingresos semanales rusos por exportaciones de petróleo por mar subieron en 890 millones de dólares en la semana hasta el 15 de marzo, la mayor subida desde el inicio de la invasión a gran escala.
El comisario europeo de Economía, Valdis Dombrovskis, calificó de “autoderrotista” cualquier relajación de sanciones y pidió mantener la “máxima presión” sobre Moscú. El canciller alemán, Friedrich Merz, fue más explícito: afirmó que seis de los siete miembros del G7 se pronunciaron a favor de mantener las restricciones y cuestionó los verdaderos motivos de Washington.
Para…

Más crudo ruso, más urgencia verde


