POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 118

Merkel y la presidencia alemana de la Unión Europea

Jochen Thies
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Con Merkel y Sarkozy parece que la época de los malentendidos entre Europa y Estados Unidos toca a su fin. Junto a su compromiso internacional, Alemania ha cerrado su presidencia europea con un firme compromiso para sacar a la UE del estancamiento.

Angela Merkel puede ser considerada un verdadero golpe de suerte para la política exterior de Alemania, especialmente la europea. Tras año y medio al frente de la cancillería, esta conclusión parece plenamente justificada. Se trata de una europeísta convencida procedente de la escuela de Helmut Kohl, una atlantista y una mujer con olfato para detectar los estados de ánimo de Europa del Este. A lo largo de los próximos años, cuando el debate sobre el clima mundial y su preservación siga siendo prioritario, esta científica de carrera se sentirá prácticamente en su elemento.

Al volver la vista atrás, cada vez resulta más evidente que Merkel accedió al cargo como una experta consumada en política exterior, a pesar de que su procedencia germano-oriental suscitara cierta mofa en los primeros momentos. Y eso es algo que no puede decirse de todos sus predecesores. Y menos aún de Gerhard Schröder, su antecesor directo, que logró unos resultados decepcionantes en ese ámbito. Schröder no siguió el proceso de socialización que habitualmente atraviesan los cancilleres alemanes, que a lo largo de los años en el cargo prestan una creciente atención a la política exterior al tiempo que van distanciándose de la política de partido. Por el contrario, Schröder utilizó sin el menor escrúpulo el conflicto iraquí y el creciente malestar de los alemanes y los europeos frente a la política de George W. Bush para alcanzar objetivos de política interior.

En este contexto, llama la atención la resuelta intervención que tuvo desde el principio la alianza de gobierno rojiverde. En 1998, nada más…

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