AFKAR-IDEAS  >   NÚMERO 58

Mujeres y radicalización

Fatima Lahnait
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Aun sin ser un fenómeno nuevo, la radicalización de las mujeres preocupa cada vez más y hace temer el desarrollo de la ‘feminización del terrorismo’.

Es fácil asociar radicalización, extremismo violento y acción terrorista al género  masculino. Sin embargo, aunque los hombres aparezcan en primera línea en esta esfera, no es patrimonio exclusivo suyo. Las mujeres no se han quedado atrás, ni han estado inmunizadas contra la radicalización que desemboca en ese extremismo violento. La radicalización –un proceso dinámico– es, en efecto, una espiral adonde todo el mundo puede verse arrastrado, según el contexto y los motivos que lo estimulen.

Ahora bien, no todos los radicalizados tienen por qué caer en el extremismo violento. No obstante, ¿hay que temer une feminización del terrorismo? Sin remontarse a épocas lejanas, está probado que hay mujeres que, lejos de ser eternas víctimas o simples títeres manipulados, también han sabido adoptar posiciones radicales y adentrarse en la violencia, hasta el punto de estar dispuestas a morir por la causa. No obstante, su implicación en actos violentos continúa sorprendiendo.

Las construcciones culturales y representaciones mediáticas han contribuido a forjar la imagen y la percepción del público sobre el compromiso de las mujeres en nombre de una causa y de la relación con la violencia que de ello puede derivarse. Más que en el caso de los hombres, se tiende a la dilucidación de sus motivaciones y factores que las han incitado a actuar. En los últimos años, no han faltado estudios sobre el tema, como si hubiera que buscar a toda costa causas concretas que explicaran esos comportamientos, aún percibidos como “antinaturales”. Las mujeres, dotadas del poder de la gestación, dan la vida, y no se espera que apoyen luchas que lleven a la violencia, y aún menos a comprometerse hasta el punto de sesgar…

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