En La Ilíada o el poema de la fuerza Simone Weil demuestra que no existe humanidad en las guerras, por la sencilla razón de que no hay hombres en ellas. Nunca los hubo. Su apariencia puede ser la misma, pero sus gestos los delatan. Parecen hombres, pero no actúan como tales. “Vive, tiene un alma, y es, sin embargo, una cosa. Extraño ser, una cosa que tiene un alma; extraño estado para el alma”. Lo único realmente presente en la guerra es la fuerza.
La Ilíada o el poema de la fuerza
Simone Weil
Trotta, 2023
76 págs.
Contaban los mitos que hubo un rey en Frigia llamado Midas que, por un mal deseo, acabó convirtiendo en oro todo lo que tocaba. De un modo similar, la filósofa francesa advierte que la fuerza convierte en cosa a todo ser humano sobre el que se cierne. Hay quienes, como Midas, henchidos de arrogancia, creen poder controlar la fuerza, pero ambas historias se resuelven en tragedia. Ambos son, en palabras de Ovidio en sus Metamorfosis, ricos y pobres al mismo tiempo.
Remitirse a la épica griega no es fruto de una excentricidad: a ojos de Simone Weil, solo los antiguos sabían hacer de la literatura un espejo de la verdad que entraña el ejercicio de la fuerza. Después, los genios de nuestras letras europeas decidieron cubrirla de gloria y exaltar sus efectos. A través del ejemplo de La Ilíada, Weil demuestra que narrar la guerra solo puede hacerse desde la más fría brutalidad: no hay matices ni grandilocuencias que valgan para enmascarar el horror. Allí “las vidas que se destruyen son como juguetes rotos por un niño […]; el heroísmo es una actitud teatral y manchada de jactancia”.
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