El 15 de noviembre de 1988, casi un año después del estallido del levantamiento palestino, conocido como Intifada, en Cisjordania y Gaza, el Consejo Nacional Palestino (CNP) tomó decisiones históricas que habían sido inconcebibles durante décadas. Anunció la creación del Estado independiente de Palestina en Cisjordania y Gaza, con el este de Jerusalén como capital. Reconoció el Estado de Israel, renunció al terrorismo en todas sus formas y aceptó las resoluciones 242 y 338 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas como base y marco global para todas las negociaciones de paz con vistas a una solución permanente del conflicto palestino-israelí. La decisión del CNP de 1988 es considerada como el verdadero punto de partida del proceso de paz de Oriente Próximo que se inauguró formalmente en la conferencia celebrada en Madrid en octubre de 1991.
Tras la reunión de Madrid, se iniciaron conversaciones de paz en Washington que se prolongaron durante meses, pero el acuerdo parecía estar cada vez más lejos, lo que provocó una desilusión general en todas las partes implicadas, especialmente entre los palestinos, que eran quienes más se jugaban. La euforia inicial que éstos habían sentido en la víspera de la conferencia de Madrid, había dado paso, en la décima ronda, al escepticismo y la desesperación. Los palestinos empezaron incluso a poner en duda la utilidad y la lógica de continuar las negociaciones.
La retórica del proceso de paz empezó a proyectar sus sombras sobre la credibilidad y la influencia de los dirigentes palestinos, tanto fuera como dentro de Palestina. Por otro lado, las esperanzas que acompañaron el ascenso al poder del Partido Laborista en Israel y sus promesas de un acuerdo antes de acabar su primer año de gobierno también se estaban agotando. Todo esto causó una profunda preocupación en los círculos políticos…



