AFKAR-IDEAS  >   NÚMERO 47

Regímenes no liberales y mercado del arte

IAIN ROBERTSON
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Después de la agonía, pendientes de los acontecimientos futuros como contagio de la Primavera Árabe (2011) y la Revolución Verde de Irán (2009), analizar asuntos culturales supone un pequeño respiro. El arte de Oriente Próximo, Norte de África e Irán (y sus mercados) están a la sombra de la política de la zona. Pero algunos recordarán el papel políticamente activo que el arte del grafiti desempeñó cuando Hosni Mubarak fue derrocado, en febrero de 2011, en las calles del Cairo, Damasco o Trípoli, entre otras ciudades. De hecho, fue la acción de 15 jóvenes que garabatearon “El pueblo quiere la caída del régimen” en el muro de una pequeña ciudad siria llamada Daraa, la que condujo a la detención de los autores y el estallido de las protestas civiles en todo el país. La respuesta del mundo del arte convencional a estos actos de provocación –ninguno tan molesto como la representación de Al Assad como Hitler– queda plasmada en las reflexiones del conservador internacional, Hans Ulrich Obrist, que lo comparaba con la función que el arte-protesta desempeñó en la Revolución Rusa. Pero no se ha producido ninguna victoria relámpago en las barricadas de ninguno de los Estados norteafricanos que han vivido los levantamientos, a pesar de la intervención en la calle de artistas tan famosos como Susan Hefuma y Hassan Jan. La conjunción de arte callejero y revolución no es nada nuevo; pero poner orden en el caos político suele resultar mucho más fastidioso que encalar unos anticuados eslóganes tardomodernistas. Los observadores del arte y el comercio deberían tener presente que los mercados del arte prosperan en las democracias estables liberales y no liberales, pero no en las posrevolucionarias o caóticas. Incluso se podría añadir que el arte reacciona de forma parecida a sus mercados, pero eso desataría la cólera…

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