Paul Kennedy, en su libro The Rise and Fall of the Great Powers (1987), sostiene que las grandes potencias caen no porque pierdan guerras, sino porque se ven atrapadas por la contradicción entre sus ambiciones militares globales y una base económica incapaz de sostenerlas en el tiempo. Cuando un Estado extiende su poder militar más allá de lo que puede sostener su base económica, entra en un proceso de sobreextensión imperial, lo que a la larga provoca su debilitamiento estratégico y su declive. Es obvio que el poder económico es la base del poder militar, así como que cuando una potencia dedica una parte excesiva de sus recursos al ámbito bélico para mantener compromisos globales, descuida la innovación económica y productiva, lo que erosiona su poder real. En consecuencia su declive no es repentino sino estructural, como resultado de la tensión prolongada entre capacidades económicas y necesidades militares crecientes.
Pedro el Grande, el zar más querido por los rusos, afirmó que Rusia era una gran potencia pobre. Y no se equivocó. El colapso de los dos imperios rusos –el zarista y el comunista– se debió, entre otras causas, a una sobreextensión imperial muy costosa. El futuro demostrará si el esfuerzo económico en la agresión contra Ucrania contribuirá decisivamente al declive del poder militar ruso, pero el presente evidencia que Moscú se enfrenta a una situación económica muy compleja. Sin embargo, para el Kremlin dicha situación no es crítica, sobre todo si se compara con las experiencias previas como la crisis económica anteriores al derrumbe de la URSS a finales de los años ochenta, el colapso económico de Rusia en 1997-1998 o la crisis económica de 2008-2010. Parece que el presidente Vladímir Putin considera que antes colapsará la economía ucraniana y sus Fuerzas Armadas, que dependen casi por completo de la…

Rusia, una gran potencia pobre