La última resolución de la ONU sobre el Sáhara pide a las partes que tomen como base la Propuesta de Autonomía que Marruecos presentó en 2007, con miras a lograr una solución política definitiva y mutuamente aceptable que prevea la libre determinación del pueblo del Sáhara Occidental. La resolución reconoce que una autonomía genuina podría representar el resultado más factible, alentando a las partes a presentar ideas que apoyen una solución definitiva mutuamente aceptable.
Marruecos: Un antes y un después
Marruecos, con su habitual actitud de lanzar las campanas al vuelo, se ha aprestado por boca de su rey a considerar que esta resolución supone un antes y un después en la historia de este país para cerrar definitivamente el conflicto. Acostumbrados a estos triunfalismos –en 2001 declaró al diario Le Figaro: “he arreglado la cuestión del Sáhara que nos envenenaba desde hace 25 años”–, conviene ser prudentes al interpretar estas palabras que iban dirigidas al consumo interno.
En su discurso, el monarca ha anunciado que Marruecos va a actualizar la propuesta de 2007 para someterla a las Naciones Unidas a fin de que sirva de base para la negociación. Pero, rebajando el triunfalismo, reconoció implícitamente que el proceso no se ha cerrado del todo, puesto que es necesario llegar a una solución que salve la cara a todas las partes, sin vencedor ni vencido.
Literalmente el rey dijo: “Si bien la cuestión de nuestra integridad territorial ha experimentado avances positivos, Marruecos sigue comprometido con la necesidad de alcanzar una solución que permita a todas las partes salvar la cara, sin vencedor ni vencido”.
¿Era una respuesta a lo expresado por el Frente Polisario el 21 de octubre, unos días antes de la votación de la resolución, en la ampliación de su propuesta de 2007 presentada en las Naciones…

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