Autor: Adam Przeworski
Editorial: Siglo XXI
Fecha: 2019
Páginas: 176
Lugar: Buenos Aires

¿Tiene sentido votar?

MARIO RÍOS FERNÁNDEZ
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“Las elecciones, en democracia, nunca pueden ser un fracaso”. Con esta frase en una entrevista en El País, la vicepresidenta del Gobierno en funciones Carmen Calvo zanjaba la polémica sobre si era bueno volver a celebrar unos comicios tras fracaso de la investidura este verano. Para cualquier conocedor de la historia contemporánea es evidente que celebrar elecciones, como apunta Calvo, no debería ser considerado un fracaso por ningún demócrata. Durante la mayor parte de la historia de la humanidad, la posesión del poder político no ha requerido ninguna clase de consentimiento por parte de los gobernados.

Sin embargo, y más allá de la concepción que todos compartimos o de su formulación en el imaginario colectivo, ¿qué son realmente las elecciones? ¿Cómo podríamos definirlas? Responder a esta pregunta es el propósito de ¿Por qué tomarse la molestia de hacer elecciones?, del politólogo Adam Przeworski. En poco más de 170 páginas el autor, uno de los investigadores más respetados –experto y prolífico en el estudio del sistema democrático– recopila, de manera sintética y con un carácter claramente divulgativo, toda su obra alrededor de este mecanismo político y, de refilón, sobre las democracias.

El propósito del libro es analizar el mecanismo electoral en puridad. Alejarlo de todo adorno normativo, desiderativo o ilusorio y mostrarlo tal y como la evidencia empírica –ya sea mediante recopilación de datos o con la realización de un análisis histórico comparado– nos lo muestra. Nada más que por eso este libro es de obligada lectura no solo para aquellos que estudian o se dedican a cuestiones vinculadas con la política, sino para todos aquellos ciudadanos que quieran entender realmente lo que pueden esperar de su participación electoral, del ejercicio de su derecho al voto.

Pero, ¿qué entiende Przeworski por elecciones? El politólogo polaco las define como un mecanismo destinado a designar o escoger gobiernos mediante la contabilización de votos emitidos individualmente. Las elecciones son un fenómeno contemporáneo. Przeworski sitúa su origen en Estados Unidos en 1788 y el primer cambio de gobierno mediante este mecanismo, en 1801. Hasta entonces la elección de la élite gobernante había dependido de cuestiones hereditarias, matrimoniales, religiosas o militares. Sin embargo, las elecciones también se dan en contextos no democráticos. Lo que distingue unas elecciones en una democracia es que estas son competitivas, es decir, que el que las convoca puede perderlas. Así de simple es la definición que Przeworski hace del proceso.

¿Quiere decir esto que las elecciones sean neutras, justas o que todos compitan en igualdad de condiciones? Nada más lejos de la realidad. Przeworksi afirma que en el 79% de ocasiones, quien desempeña el cargo previamente ha ganado los comicios convocados. Pese a que en las últimas décadas ese porcentaje ha ido bajando, aún se mantiene muy alto: la probabilidad de ganar unas elecciones para la oposición es del 40% desde los 1980. La manipulación de las reglas, jugar con los tiempos, el clientelismo, el aprovechamiento de la maquinaria burocrática, la corrupción, el fraude o la persecución de la oposición son algunos de los instrumentos que tienen los gobernantes para desequilibrar unos comicios en su favor. Aunque en diferente grado, en buena parte de las democracias avanzadas aquellos que están en el poder los utilizan en su beneficio.

Una de las partes más interesantes del libro, que entronca con algunos de los problemas que viven las democracias actuales, son las páginas dedicadas a la crisis de representación y a las políticas económicas que se derivan de la elección de diferentes opciones políticas. La democracia se distingue de otros sistemas porque la ciudadanía elige una serie de personas destinadas a representar los intereses de una mayoría de ciudadanos que los han escogido en las urnas. Ahora bien, ¿tenemos suficientes garantías para que aquellos representantes escogidos defiendan los intereses de la mayoría una vez en el gobierno? Przeworski afirma que la falta de información sobre los asuntos de gobierno y la existencia de demandas cruzadas dificulta que los electores controlen plenamente lo que hace un gobierno, ya sea de manera prospectiva o retrospectiva. No obstante, el miedo a no ser reelegido lleva a los gobernantes a adoptar ciertas demandas populares y defender intereses que les permitan volver a ganar.

 

Elecciones y economía

Respecto al tema económico, es decir, si las elecciones pueden dar lugar a grandes cambios redistributivos en el seno de una sociedad, Przeworski es escéptico. Los gobiernos elegidos mediante el mecanismo electoral, independientemente de que puedan representar unos ciertos intereses redistributivos, operan en un contexto social y económico que no les permite cumplir todo aquello que han recogido en su programa o alcanzar el nivel de igualdad económica y social que la mayoría de la ciudadanía desea. Este contexto social y económico no es otro que el sistema capitalista, que se caracteriza porque los recursos de producción son de propiedad privada, lo cual implica que las decisiones cruciales respecto a temas de inversión y empleo tengan que tener en cuenta las preferencias e intereses de actores económicos privados. Ello limita enormemente el abanico de posibilidades en política económica de los gobiernos elegidos democráticamente.

Es una limitación puramente estructural. De hecho, para Przeworski, la historia de las elecciones se caracteriza por una fuerte tensión entre la ampliación del derecho a sufragio, los cambios económicos que podía ocasionar que aquellos que menos tenían defendieran sus intereses económicos y sociales por vía electoral, y la protección de la propiedad privada (es decir, del predominio económico de ciertos actores). Además, el autor polaco tiene claro que en las sociedades actuales, que son marcadamente heterogéneas, los resultados que se producen favorecen las posiciones intermedias y no las de quienes reclamen una redistribución más ambiciosa. El politólogo polaco utiliza aquí la teoría de las preferencias del votante mediano para explicar lo limitado de la redistribución económica en las democracia actuales.

No todo el tono de este libro es negativo o escéptico. Su objetivo es desacralizar las elecciones como mecanismo político y ofrecernos aquello que realmente son, no su versión normativa. Przeworski, con este repaso a años de investigación sobre el tema, lo consigue plenamente. Pero pese a esta visión escéptica sobre los comicios, el académico tiene claro que a la pregunta que plantea en el título solo puede ser afirmativa. Las elecciones son el mejor mecanismo que hemos encontrado para solventar de manera pacífica los problemas, divergencias y conflictos que tenemos como sociedad. Son el mejor instrumento para canalizarlos sin recurrir a la violencia, característica fundamental de la mayoría de cambios de gobierno a lo largo de la historia. Una definición mínima que ha valido años de luchas para conquistarla y que merece ser defendida.