La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, una “pequeña incursión” que se preveía que durara unas pocas semanas, ha durado más de tres meses. Las ondas expansivas se propagan por todo el mundo. Esta guerra es una más de una serie de crisis recientes que han fracturado a la comunidad internacional, convirtiendo la década de 2020 en una de las más convulsas de la historia reciente. Cada crisis agrava los efectos perjudiciales de las anteriores. La guerra en Irán no es una excepción. Ha frenado bruscamente el impulso económico de los países del Sur Global que luchan por recuperar una estabilidad que le permita mejorar las perspectivas de crecimiento. Asfixiados por los costes energéticos disparados, las interrupciones en las cadenas de suministro y las crisis de deuda, estos países se enfrentan a una dura realidad: para la mayoría, la recuperación se ve frenada, mientras la inflación, la recesión y la insolvencia siguen aumentando en espiral. Los cambios en el equilibrio del poder mundial se suman a la sensación de crisis. En múltiples frentes, el mundo tal y como lo conocemos está cambiando. Y aunque los contornos definitivos de lo que vendrá después no están claros, parece seguro que el statu quo ya no existe; se ha perdido mucha confianza, no habrá vuelta atrás.
El orden mundial liberal –con sus reglas, normas y principios basados en la idea de los mercados abiertos, el libre comercio y la cooperación multilateral, concebido principalmente por Estados Unidos y sus aliados occidentales tras la Segunda Guerra Mundial– se está desintegrando. Es cuestionado y socavado no solo por actores externos, sino también por sus propios artífices. El marco basado en normas, que proporcionaba una apariencia de legalidad y atenuaba la fuerza del poder bruto no regulado, está siendo desmantelado. En ese proceso, la visión…


