POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 162

Una respuesta inadecuada al desafío del EI

JESÚS A. NÚÑEZ VILLAVERDE
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El Estado Islámico será desmantelado pronto. Al Qaeda ha desaparecido casi por completo en Irak. Daesh, acrónimo árabe, es el nombre de guerra del fantasmal califato nacido oficialmente en junio. La amenaza yihadista renacerá de inmediato bajo otro nombre.

Al cierre de estas páginas (10 de octubre), y cuando aún queda mucho para dar por concluida la campaña actualmente en marcha contra Daesh (al-Dawla al-Islamiya al-Iraq al-Sham, acrónimo en árabe del también conocido Estado Islámico), ya se puede adelantar el resultado más probable: el grupo será de nuevo desmantelado (como ya lo fue a mitad de la década pasada, cuando era conocido como Al Qaeda en Irak), impidiendo que se consolide el fantasmal califato proclamado el pasado 29 de junio. Pero la apuesta yihadista renacerá al poco tiempo bajo otro nombre. Y eso es así porque, como enseña la experiencia acumulada en casos similares, para poder tener alguna posibilidad de éxito frente a la amenaza del terrorismo internacional yihadista es imprescindible asumir la tarea, por definición, como multidimensional y de largo plazo. Eso significa que, en Irak o en Siria, la (necesaria, pero insuficiente) respuesta militarista liderada por Washington debería ir acompañada de un esfuerzo –tanto en el terreno político y socioeconómico como en el de las ideas– que no se contente con hacer frente a los aspectos más visibles del problema, sino que aspire a atender las causas estructurales que lo fundamentan.

Dicho de otro modo, no basta con desplegar cazas y eliminar yihadistas por doquier, sin excesiva atención a la legalidad internacional, sino que es primordial impulsar un esfuerzo sostenido en el tiempo y coordinado a nivel internacional. Un esfuerzo que se plantee, por un lado, eliminar la doble vara de medir empleada a la hora de enjuiciar el comportamiento de distintos actores en el escenario internacional (con…

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