Los europeos no deberían permitir que otros diseñen el nuevo orden mundial. Aunque tambaleante y escindida, la UE es parte de la solución a muchos problemas. Para trabajar mejor la Unión necesita una nueva retórica y crear grupos abiertos de miembros dispuestos a avanzar.
En el mundo multipolar en proceso de gestación, ¿cuáles serán las potencias relevantes? Estados Unidos y China, sin duda. India, tal vez. ¿Japón, Brasil y Suráfrica? Todavía no. ¿Y qué hay de la Unión Europea? Hace 10, o incluso cinco años, la UE parecía ser una potencia en auge. Estaba integrándose económicamente, lanzando una moneda propia, ampliándose geográficamente y aprobando nuevos tratados para crear unas instituciones más fuertes. Pero ahora, si bien la Unión goza de respeto por su prosperidad y su estabilidad política, ya no parece una potencia en ciernes.
En muchos de los grandes problemas de seguridad en el mundo, la UE es prácticamente irrelevante. Hablen con políticos rusos, chinos o indios sobre la Unión, y a menudo se mostrarán mordaces. La ven como un bloque comercial que aspiraba a convertirse en una potencia, pero no lo ha logrado porque se encuentra dividida, se mueve con lentitud y está mal organizada. Barack Obama inició su presidencia con grandes esperanzas sobre la UE, pero está aprendiendo rápido las limitaciones de la política exterior y de defensa de los europeos: pocos gobiernos enviarán soldados a las zonas peligrosas de Afganistán, y los países se muestran vacilantes respecto a la manera de lidiar con sus vecinos, con Rusia en particular. A algunos políticos destacados de Washington les preocupa la capacidad de la UE para garantizar la estabilidad en los Balcanes o en los vecinos orientales.
Pero, ¿tiene importancia la mediocre actuación de la UE en materia de seguridad? ¿No deberían centrarse los 27 gobiernos en la consolidación…

El golpe de las grandes tecnológicas

