Colombia tras el plebiscito: balance y futuro

Lina María Cabezas Rincón
 |  5 de octubre de 2016

La sorpresa se apoderó de los medios de comunicación y de la opinión pública internacional. Colombia dijo “No” a los acuerdos alcanzados entre el gobierno y las FARC-EP. Sin embargo, quien haya tenido la oportunidad de estar en Colombia en los últimos meses tal vez no se haya sorprendido tanto. La división de opiniones respecto al proceso era palpable, aunque nadie hubiese podido prever que el resultado iba a ser tan ajustado: 49,78% “Sí”, frente al 50,21% por el “No”. Una diferencia de menos de 54.000 votos en un censo de casi 35 millones de electores. Como dato curioso, solo los votos nulos llegaron a 170.000.

Para quienes votamos por el “Sí”, la sensación es de desconcierto, de incredulidad, de haber perdido una oportunidad histórica: nunca se había llegado hasta este punto, nunca la guerrilla y el gobierno habían mostrado tanta voluntad de optar por una salida negociada. Es como cuando juegas una final y vas ganando, en un partido difícil y en un campo complicado, y lo pierdes en el último minuto. Por su parte, quienes defendieron el “No” argumentan que lo que defienden es el “así No”, y leen los resultados como una oportunidad para encausar una negociación que creen que se llevó mal. Quieren redefinir las líneas rojas, sobre todo en materia de justicia y de participación política. A día de hoy, nadie sabe lo que pasará.

Durante estos días los análisis han girado en torno a dos asuntos: ¿qué ha pasado? (ver algunos ejemplos: aquí, aquí y aquí); y la pregunta del millón: ¿qué va a pasar con el proceso de paz? (algunos ejemplos, aquí y aquí). Por ello, merece la pena analizar algunos puntos destacables de la jornada del domingo y, también, buscar las claves de lo que puede pasar con el proceso de paz en el futuro.

 

¿Qué deja el plebiscito del 2 de octubre?

– Legitimidad de los resultados. Pese al ajustadísimo margen de victoria del “No”, en ningún momento los “perdedores” han cuestionado los resultados: ni el gobierno, ni las FARC, ni los votantes del “Sí”. Esto, además de mostrar madurez política, puede ser asumido como un indicador de la confianza hacia las instituciones y los procesos electorales. Pero sobre todo, ha evitado imprimir más confusión y generar más inestabilidad de la que hay actualmente.

– Entre la polarización y la apatía. El plebiscito del domingo puso de manifiesto un “clásico” de la política colombiana: la baja participación del electorado colombiano, sobre todo en las elecciones presidenciales (con una media de 46% desde 1958, según datos de la Registraduría Nacional. Un dato revelador es que desde 1991, solo en 1998 acudió más del 50% de electores a las urnas para elegir presidente). Por otra parte, el plebiscito mostró la profunda división respecto al asunto: posiciones encontradas que ahora deben buscar una convergencia que evite perder todo el camino transitado.

– Plebiscito a debate. Al igual que ocurrió con el reciente referéndum en Reino Unido sobre el Brexit, en Colombia se cuestiona la pertinencia de someter decisiones políticas tan delicadas y de gran impacto a consulta popular. En el caso colombiano, este argumento se refuerza por el hecho de no haber sido un requisito obligatorio y por tratarse de una sociedad poco participativa (si se tiene en cuenta el tradicionalmente elevado nivel de abstencionismo). Estos argumentos que van en contra de las visiones más participativas de la democracia, sitúan en el centro un interesante debate acerca de la transformación de la representación política.

– La demoscopia también pierde. Las encuestas no lograron acertar con la estimación de la intención de voto de los colombianos. Todas daban el triunfo al “Sí”, con amplios márgenes que iban desde los 20 puntos porcentuales (Datexco), a más de 35 (Ipsos Napoleón Franco o Gallup). Las explicaciones a estos resultados van desde la alta tasa de abstención (sobre todo en los departamentos que se inclinaban más por “Sí”), hasta el alto porcentaje de voto oculto de los partidarios de “No”. Sea cual sea el argumento, en lo que coinciden analistas es en señalar el posible efecto del triunfalismo del “Sí”, que desmovilizó a sus adeptos y activó a los contrarios.

 

Claves de futuro

Decir qué va a pasar en Colombia en el corto o medio plazo es entrar en el campo de la especulación, ya que ni los mismos protagonistas del acuerdo dicen tener un “Plan B”. Sin embargo, existen algunas claves que condicionarán lo que suceda a futuro.

– Cálculo electoral. El presidente, Juan Manuel Santos, ha cruzado el ecuador de su último mandato. Y lo hace de la peor forma: una coalición dividida, un liderazgo debilitado y una oposición empoderada por el resultado del plebiscito. Todos los actores definirán sus estrategias con miras a las elecciones presidenciales de 2018: la escenificación de las posiciones, las cesiones, el manejo de los tiempos, dependerán del cálculo que hagan acerca de sus posibilidades de llegar a la presidencia. La oposición, de momento, se encuentra en una situación de ventaja por el papel que desempeñará en el desenlace del proceso de paz; mientras que en el oficialismo se librará una pugna entre liberales y Cambio Radical.

– Reacomodo de la coalición de gobierno. Los resultados del domingo tienen una doble lectura si se tiene en cuenta la coalición de fuerzas que sostienen al gobierno de Santos. Por una parte, supone un duro golpe para los liberales que han liderado en gran medida las negociaciones y la campaña del “Sí”. Por otra, favorecen al sector más crítico con el proceso, encabezado por el vicepresidente, Germán Vargas Lleras, quien se posiciona como favorito a ser el candidato de la Unidad Nacional en la carrera presidencial de 2018.

– El Plan B de las FARC. El grupo guerrillero que ha manifestado su voluntad de continuar con el proceso, debe definir su propia hoja de ruta, ya que lo único claro es que tendrán que ceder si hay una renegociación (con la presión de la oposición). Además, de momento los acuerdos preliminares a los que había llegado con el gobierno, como es alto el fuego, se han prorrogado en una especie de “limbo legal” que puede terminarse en cualquier momento.

Con el plebiscito se abre una nueva etapa, un nuevo capítulo de un guión que ya dura demasiadas décadas. El reto está en buscar una salida que sea sensible con las visiones que se contraponen en el “cómo” (lograr la paz) pero que confluyen en el “qué” (la paz).

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *