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Una bandera rusa ondea junto al edificio de la embajada de Estados Unidos en Moscú el 7 de diciembre de 2021, en un día de nieve. ALEXANDER NEMENOV. GETTY

¿Conseguirá Putin lo que quiere en Ucrania?

Parece que lo que consiga en Ucrania será el factor decisivo para que Putin se quede o no después de 2024. Compartir la responsabilidad de la solución con EEUU, y no con europeos y ucranianos, es su último intento de resolver el conflicto dentro del marco legal existente.
Alexander Baunov
 |  16 de diciembre de 2021

En la cumbre virtual sobre Ucrania del 7 de diciembre con el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, el objetivo del presidente ruso, Vladímir Putin, era transferir la responsabilidad de la aplicación de los acuerdos de Minsk destinados a poner fin al conflicto ucraniano de manos europeas y ucranianas a las de EEUU. Para animar a Biden a aceptar esta responsabilidad, Rusia ha estado realizando maniobras militares cerca de la frontera ucraniana, con una concentración de tropas suficiente para lanzar una ofensiva. Mientras Putin busca una fórmula definitiva para la configuración del espacio postsoviético, la señal es clara: si no se aplican los acuerdos de Minsk, la alternativa es la fuerza militar.

Ya en octubre, el portavoz de Putin, Dmitri Peskov, dijo que para ayudar a resolver el conflicto, EEUU no tiene por qué formar parte del formato de conversaciones de Normandía –formado por Ucrania, Rusia, Francia y Alemania–, ya que dicho formato es autosuficiente. Otra forma de interpretar esto es que Moscú no ve la necesidad de que los europeos participen en cualquier conversación seria sobre Ucrania, ya que Putin cree que cualquier conversación de este tipo debe tener lugar directamente entre Moscú y Washington.

Este fue también el pensamiento detrás de la controvertida publicación por parte del ministerio de Asuntos Exteriores ruso de la correspondencia confidencial sobre Ucrania entre el titular ruso, Serguéi Lavrov, y sus colegas franceses y alemanes: Moscú está demostrando que no hay nada que discutir con los defensores de Ucrania, y que las conversaciones deben mantenerse directamente con su patrón, Washington.

También explica las quejas de Lavrov por el hecho de que Rusia propusiera incluir a EEUU en el formato de Normandía pero Alemania y Francia se negaran, así como las peticiones de Putin de garantías firmes de que la OTAN no se expandirá más al este: algo que solo EEUU puede prometer. Aunque ahora pueda parecer una posición negociadora poco razonable, establece claramente el horizonte estratégico de las exigencias de Rusia. Si se satisfacen esas demandas, Rusia se presenta como dispuesta a prometer previsibilidad y seguridad. En otras palabras, de lo que se trata aquí es de los acuerdos de Minsk en su interpretación más amplia: una cadena de acciones y obligaciones que debería desembocar en una Ucrania amistosa y neutral, pero no necesariamente subordinada a Moscú: algo parecido al Kazajstán moderno.

 

«El objetivo ulterior de Putin es una Ucrania amistosa y neutral, no necesariamente subordinada a Moscú: algo parecido al Kazajstán moderno»

 

Al concentrar sus tropas en las fronteras de Ucrania, Rusia está dando a entender que el incumplimiento de los acuerdos de Minsk por parte de Kiev es una señal de que quiere recuperar el Donbás por la fuerza. Los aliados occidentales de Ucrania, por el contrario, no creen ni por asomo que Kiev pueda embarcarse en una empresa tan imprudente, y en cambio lo ven como la señal de una inminente agresión rusa.

Los estadounidenses no quieren una guerra en Europa: podría llevar a la derrota de su aliado ucraniano, y a la necesidad de devolver el golpe a Rusia. La imposibilidad de responder por la fuerza y la insuficiencia de nuevas sanciones harían que EEUU pareciera débil por segunda vez en un año, tras su retirada de Afganistán. En estas circunstancias, es mejor trabajar en los acuerdos de Minsk, o en otros acuerdos.

A juzgar por el comunicado ruso sobre la reunión presidencial, así como por la conferencia de prensa ofrecida por el consejero de Seguridad Nacional de Biden, Jake Sullivan, EEUU está realmente dispuesto a presionar para que se apliquen los acuerdos de Minsk. Aun así, Biden no puede aceptar la responsabilidad de aplicar los acuerdos simplemente porque el Kremlin esté decepcionado con el presidente ucraniano Volodimir Zelensky, y con los europeos: eso significaría que está cumpliendo los deseos de Putin, y Biden ha prometido no ceder ante él. En este sentido, la acumulación de tropas y las conversaciones sobre un inminente ataque ruso a Ucrania son muy oportunas.

Por haber confirmado a Putin el compromiso de EEUU de participar en la resolución del conflicto de Ucrania, Biden necesita algo a cambio, como mostrar al mundo que ha conseguido detener a Putin y evitar una guerra. Eso no es una hazaña, pero sí una poderosa defensa contra quienes le han criticado incluso por sentarse con Putin. Por esta razón, entre otras, la idea de una guerra inminente comenzó a cobrar vida propia incluso antes de la cumbre, y a tener tanto impacto en el comportamiento de las partes implicadas como en los acontecimientos reales. La fuente de estas predicciones sobre una guerra inminente han sido los medios de comunicación occidentales, los políticos y los expertos: no el Kremlin, que prefiere utilizar operaciones especiales secretas para lograr sus objetivos, en lugar de movilizar abiertamente a sus tropas, lo que es más bien una forma de fortalecer su posición negociadora.

 

«Biden será recordado como el líder que evitó una guerra, pero no la amenaza de guerra: no hasta que Moscú vea señales visibles de compromiso con las preocupaciones de seguridad rusas»

 

Biden ha salido de esto como el líder que evitó una guerra, pero eso no quiere decir que la cumbre vaya a ser seguida necesariamente por una desescalada y el regreso de las tropas rusas a sus cuarteles, como fue el caso durante la primavera después del acuerdo para celebrar la cumbre de Ginebra. Esta vez no es probable que haya una desescalada dramática. Biden será el líder que evitó una guerra, pero no la amenaza de guerra: no hasta que Moscú vea nuevos pasos dados por Washington en relación con Ucrania y señales visibles de compromiso con las preocupaciones de seguridad rusas. Estamos viendo algún movimiento en ese sentido, ya que Biden propuso una reunión separada para abordar las preocupaciones de seguridad de Rusia entre Moscú y los cinco principales aliados de la OTAN: un formato inusual que puede ser del agrado de los dirigentes rusos, en ausencia de los miembros más intransigentes de la OTAN de Europa del Este. El propio reconocimiento de tales preocupaciones en torno a Ucrania en la descripción de la cumbre por parte de la Casa Blanca no es típico.

El hecho es que a Ucrania le gustaría creer que EEUU tampoco considera aceptables los acuerdos de Minsk. Sin embargo, a pesar de su apoyo a Kiev, Washington ha dicho en repetidas ocasiones que los acuerdos son la forma más importante y, de hecho, la única de resolver el conflicto en el este de Ucrania. EEUU no puede, sin perder la cara, asegurar públicamente que Ucrania no entrará en la OTAN. Sus intenciones al respecto solo podrán adivinarse a partir de indicios indirectos a lo largo de varios meses, o incluso años.

Para Moscú, los avances en la aplicación de las partes de los acuerdos de Minsk que resultan más desagradables para Kiev, junto con un debate sobre la ampliación de la OTAN, demostrarían que se están tomando en serio sus preocupaciones, en lugar de ignorarlas con la esperanza de que se disipen. El problema es que Kiev está dispuesto a esperar hasta que esta nueva insistencia en la aplicación de los acuerdos de Minsk pierda fuelle. Al igual que Occidente sobreestima la influencia absoluta de Putin, Moscú se equivoca cuando ve a Ucrania como un mero satélite de EEUU. Puede que Occidente tenga muchas palancas de influencia sobre Kiev, pero nada puede sustituir al conflicto del Donbás como fuente de movilización antirrusa dentro de Ucrania, y una forma de atraer aliados y presionar constantemente a Moscú en los asuntos internacionales.

Rusia podría conformarse con una Ucrania neutral, amistosa y bilingüe, pero eso sería visto como un humillante paso atrás por muchos en Ucrania. Por esta razón, el peligro de que se reanuden las hostilidades en el este de Ucrania es bastante menos virtual que la cumbre presidencial del 7 de diciembre. Entregar la responsabilidad de los acuerdos de Minsk a EEUU es el último intento de Putin de resolver la cuestión de Ucrania antes de 2024 –cuando termina su actual mandato– dentro del marco legal existente. Si eso no funciona, Putin, que está consolidando su legado político e histórico de cara a 2024, buscará otras formas de resolver la crisis de Ucrania.

Parece que lo que consiga en Ucrania será el factor decisivo para que Putin se quede o no después de 2024. De sus palabras y de un artículo sobre el asunto se desprende que Putin ve las relaciones con Ucrania como parte de su misión histórica. No es algo que quiera dejar en manos menos experimentadas, ni compartir el mérito en caso de éxito.

¿Y en caso de fracaso? Bueno, si aún no se ha conseguido la victoria, quizá no sea el momento de dimitir.

Artículo publicado en inglés en la web del Centro Carnegie de Moscú. El artículo forma parte del proyecto “Rusia-UE: Promoviendo un Diálogo Informado”, apoyado por la Delegación de la UE en Rusia.

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