Cartel anunciando las consultas ciudadanas europeas. EMBAJADA DE FRANCIA EN ESPAÑA

Consultas ciudadanas: Macron vs la desafección en Europa

SERGIO
 |  4 de julio de 2018

El 7 de mayo del año pasado, Emmanuel Macron derrotó a la populista Marine Le Pen en la ronda final de las presidenciales francesas con un discurso europeísta y cosmopolita. Desde entonces, el presidente de Francia ha mencionado más de una vez la necesidad de una “profunda transformación” en Europa, para satisfacer a ciudadanos descontentos por la brecha que hay entre el día a día de los europeos y el mundo burocrático de Bruselas. Con el Brexit, la aparición y crecimiento de partidos populistas y euroescépticos y la fuerte abstención en las elecciones europeas, mantener a los ciudadanos activos y satisfechos con la Unión Europea es más importante que nunca.

En un intento por acercar a los ciudadanos al ejecutivo europeo, Macron y la canciller alemana, Angela Merkel, presentaron en el último Consejo Europeo de 2017 la idea de unas «consultas ciudadanas«, a la que rápidamente se sumaron todos los países miembros de la UE salvo Reino Unido. Las «consultas ciudadanas» tratan de promover un dialogo abierto y público que dé voz a los ciudadanos, para que puedan expresar su opinión y formular propuestas concretas acerca del futuro de Europa.

«Queremos preguntarles qué quieren para el futuro de Europa, qué aprecian, qué no les gusta del funcionamiento de la UE y cuáles son sus propuestas. Hay grandes expectativas en Europa y una profunda necesidad de transformación de la UE tal y como funciona actualmente” ha explicado Nathalie Loiseau, ministra francesa de Asuntos Europeos, sobre los objetivos de las consultas.

En España, por ejemplo, las consultas son organizadas, en principio, por el ministerio de Asuntos Exteriores, aunque cualquier institución, pública o privada, podrá sumarse a ellas siempre y cuando lo haga en cooperación con el ministerio. Los debates tendrán lugar entre mayo y octubre de este año y las conclusiones se recogerán en informes que se debatirán en el Consejo Europeo de diciembre.

«La crisis ha hecho mella en Europa y ha mostrado defectos de diseño en cuestiones como la Unión Económica y Monetaria, Schengen, la inmigración… El Brexit es un síntoma extremo de desafección. Los ciudadanos ahora podrán expresar su opinión sobre temas que les afectan directamente», explicó Jorge Toledo, entonces secretario de Estado de Asuntos Europeos, en la presentación que tuvo lugar el 27 de abril.

La revista digital Euractiv ha puesto voz a las dudas que se han suscitado sobre la utilidad de la consulta. Se trata de una cuestión repetida ante iniciativas que, en opinión de sus críticos, son esencialmente cosméticas y no resuelven la distancia que perciben los ciudadanos y su insatisfacción respecto a su participación en las decisiones tomadas en Bruselas.

Otras iniciativas para acercar las instituciones europeas a la población han fracasado. Un ejemplo es la Iniciativa Ciudadana Europea (ICE). Este instrumento, consagrado por el Tratado de Lisboa para reforzar la participación democrática, permite que un millón de ciudadanos de, al menos, siete de los 28 Estados miembros de la UE presenten una iniciativa legislativa a la Comisión Europea en alguno de los ámbitos de competencia de la UE. La propuesta podría haber llegado a ser un gran paso que reforzase la relación entre la UE y los ciudadanos. Sin embargo, la UE desperdició la oportunidad al introducir una regulación que estableció importantes obstáculos burocráticos, lo que ha acabado convirtiendo la ICE en un acto meramente simbólico que no ha conseguido ayudar a cerrar la brecha entre las instituciones europeas y los ciudadanos.

Con esto en cuenta, los críticos consideran que crear un grupo de trabajo o de estudios puede verse, tanto en la UE como en gobiernos e instituciones, como un intento de mostrar actividad, normalidad o control sobre una situación, con resultados luego más que dudosos.

Sin embargo, es obligado reconocer que un proyecto como las consultas ciudadanas sirve para fomentar la participación ciudadana y por tanto mejorar la participación y la calidad democrática en la UE, siempre y cuando tenga éxito. Estos debates abiertos también pueden servir para combatir el euroescepticismo y para acercar a los ciudadanos a una Unión que necesita desesperadamente mejorar su imagen y ser percibida no como algo garantizado y frío, sino como algo propio, relevante y cercano, al servicio de los ciudadanos.

Las consultas ciudadanas, en definitiva, pueden ser una idea surgida del marketing político, pero no por ello dejan de ser una buena idea, si contribuyen a que más ciudadanos y ciudadanas se sientan parte del proceso de toma de decisiones. Si consiguen fomentar esta participación y crear debates, podrían ayudar a mejorar la percepción de la Unión e incrementar la participación en las próximas elecciones europeas. No es poco.

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