Visita escolar al Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires MALBA (30 de noviembre de 2017). Jeff Greenberg/GETTY

Educación Artística: instrumento imprescindible en Iberoamérica

La construcción de un nuevo contrato social para Iberoamérica debe sustentarse en un acuerdo entre iguales que desean construir un espacio de progreso desde el fortalecimiento de la cultura como marco de convivencia común. El arte y la cultura nos permiten generar narrativas que nos unen.
Federico Buyolo
 |  15 de enero de 2024

La construcción de un nuevo contrato social permite generar nuevas narrativas compartidas entre actores que defienden modelos de gobernanza social diferenciados. Un contrato es a la vez un proceso y un proyecto que se construye a través de la generación de una imagen consensuada del futuro y el compromiso de todas las partes para llegar a los acuerdos que permitan el desarrollo social, cultural y económico de la sociedad. En definitiva, se trata de compartir ilusión, visión y decisión para afrontar el futuro. Esta construcción ha de basarse en los valores que nos unen, esos que conforman nuestra manera de entender el progreso humano desde la diversidad que nos permite construir una cultura común.

El arte, la cultura y la educación son claves para construir ese espacio común que nos haga afrontar el presente y liderar el futuro apoyándonos en nuestro legado común: una comunidad de culturas para una civilización.

La aportación de la Educación Artística a la construcción de un nuevo contrato social para Iberoamérica se sustenta en el papel que ejerce para comprender la sociedad, desarrollar los derechos culturales de todas las personas, fomentar la creatividad y mantener una permanente actitud de duda y cuestionamiento sobre nuestro papel como protagonistas de las acciones necesarias para hacer de nuestro legado común los valores que constituyen el futuro social y cultural de Iberoamérica.

 

Educación Artística, eje vertebral de la apuesta por la transformación social

En los momentos de incertidumbre global que vivimos y en los que los retos se multiplican, es necesario ver la Educación Artística como un eje vertebral de la apuesta por la transformación social desde la base y los valores que nos reconocen como comunidad cultural. La Educación Artística está presente en las políticas educativas de todos los países iberoamericanos, pero no es suficiente que se establezcan artículos, capítulos o disposiciones en las leyes; es necesario ampliar su impacto.

En 2006 se celebró en Lisboa la primera Conferencia Mundial para la Educación Artística con el objetivo de construir capacidades creativas para el siglo XXI. Una apuesta por garantizar el derecho a la educación y la participación cultural, por desarrollar las capacidades creativas de las personas, por mejorar la calidad de la educación, así como para fomentar la expresión de la diversidad cultural. Como podemos comprobar, en el momento previo a la crisis financiera y económica de 2008 la apuesta por la Educación Artística estaba encaminada a la creatividad y la innovación.

Siguiendo estos preceptos, el proyecto METAS 2021, aprobado el 19 y 20 de mayo de 2008 en la XVIII Cumbre Iberoamericana celebrada en El Salvador, apostaba por construir una ciudadanía intercultural, tal como ya se había reflejado en la Carta Cultural Iberoamericana aprobada en 2006 en Montevideo. El “Programa de Educación Artística, cultura y ciudadanía” de METAS 2021 ligaba los conceptos de ciudadanía y cultura y apostaba por acrecentar las competencias de los alumnos para aprender a aprender (aprender a ser; aprender a conocer; aprender a convivir; aprender a hacer). En definitiva, una educación para la construcción de una ciudadanía intercultural.

La Segunda Conferencia sobre Educación Artística, celebrada en Seúl en mayo de 2010, no solo reforzó el papel de la educación artística como construcción de ciudadanía, sino que amplió la función del arte como instrumento que contribuya a la solución de los problemas sociales y culturales del mundo contemporáneo. En definitiva, se le otorga a la educación artística un papel crucial en la construcción de la sociedad desde el arte.

En septiembre de 2022 en México, se celebró la Conferencia Mundial sobre las Políticas Culturales y el Desarrollo Sostenible donde, de nuevo, se abogó por la conexión entre cultura y educación, así como entre cultura y futuro. En este sentido, la declaración final de la conferencia recoge en su punto 13 la necesidad de establecer un nuevo marco revisado de la Unesco sobre cultura y educación. Un papel que ha de sustentarse en los retos globales y en la participación de todas las partes. Igualmente, en el punto 19 de la declaración se hace hincapié en la necesaria inclusión de la cultura en la Cumbre del Futuro de Naciones Unidas prevista para 2024, a diferencia de lo acontecido en el proceso de redacción y aprobación de la Agenda 2030, donde la cultura no se incluyó ni como meta ni mucho menos como objetivo. La cultura, el arte y la creatividad son claves para la transformación del mundo en que vivimos y para la inauguración de un nuevo contrato social.

 

«Es necesario seguir avanzando en un mayor protagonismo de la Educación Artística como instrumento para la creación de una ciudadanía global capaz de afrontar los retos actuales desde una visión que potencie la creatividad, la innovación cultural y la sostenibilidad»

 

A la hora de establecer el marco general de la situación de la Educación Artística en Iberoamérica, lo primero que descubrimos es la falta de datos e investigaciones cuantitativas que permitan establecer indicadores comunes para evaluar el impacto que está generando el desarrollo de políticas educativas culturales. Igualmente, comprobamos que la literatura que existe al respecto está más centrada en la aplicación práctica de las disciplinas en el sistema educativo, y en especial en el aula, que en el estudio comparado o en el análisis de las políticas en el ámbito de la Educación Artística que los diferentes países vienen desarrollando. Los intentos para establecer una política común han estado ligados a los programas impulsados por la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) tanto para la consecución del programa Educación Artística, Cultura y Ciudadanía de METAS 2021, como para el desarrollo e implementación de la Carta Iberoamericana de la Cultura.

Al analizar la inclusión de la Educación Artística en las leyes educativas de los países iberoamericanos comprobamos que, efectivamente, se han seguido en parte las recomendaciones aprobadas en Lisboa y Seúl. En todas las leyes encontramos referencias a la Educación Artística en los fines de la educación o entre los objetivos educativos.

Estas referencias se circunscriben, en la mayoría de los casos, a la introducción de una materia específica relacionada con alguna disciplina artística, aunque hay que destacar la presencia de la enseñanza artística entre los principios u objetivos de las leyes educativas, circunstancia que le otorga una importancia relevante en la educación y en la defensa de los derechos culturales de las personas.

Si comparamos las políticas de educación artística en relación con las resoluciones aprobadas en las conferencias mundiales de Lisboa y Seúl, vemos que su desarrollo en el espacio iberoamericano dista de seguir las hojas de ruta marcadas. Sin duda, el derecho, participación y fomento de las capacidades está cubierto con las leyes educativas, aunque en la mayoría de los casos con actuaciones a mínimos: tan solo en el caso de España, Portugal, México, El Salvador y Panamá se otorga un papel relevante a la Educación Artística en la solución de los problemas socio-culturales del mundo contemporáneo.

Es necesario seguir avanzando en un mayor protagonismo de la Educación Artística como instrumento para la creación de una ciudadanía global capaz de afrontar los retos actuales desde una visión que potencie la creatividad, la innovación cultural y la sostenibilidad. Por ello, es importante repensar la Educación Artística e integrarla en los debates de futuro como instrumento de transformación, siguiendo las recomendaciones debatidas y aprobadas en el seno de Mondiacult.

 

La Educación Artística como elemento polisémico

Pensar en una Educación Artística para el futuro requiere entender el papel crucial que desempeña en el desarrollo personal y, fundamentalmente, para entender el mundo en que vivimos y afrontar las soluciones desde una visión integral. El arte es más que la expresión de las ideas, es la expresión organizada de los impulsos internos que nos permite sentirnos parte de la comunidad sin perder nuestra singularidad. El arte es tanto esencia de la persona y valor intrínseco, como oficio pero, ante todo, un derecho clave para la construcción de la comunidad como entidad social de primer orden.

La Educación Artística como elemento polisémico nos abre tres vías de aprendizaje: una educación en habilidades artísticas; una educación esencial para comprender el mundo simbólico; y una educación que va más allá de los conocimientos o habilidades para introducirse en lo más hondo de los valores comunes de ciudadanía. En definitiva, un ejemplo claro del concepto de “aprender a aprender” que defendió Jacques Delors en su libro La educación encierra un tesoro.

El aprendizaje de las habilidades artísticas, en cualquiera de sus modalidades, permite entender el arte desde la experimentación; una acción necesaria para comprender el poder transformador que ejerce la actuación artística más allá de la belleza de la expresión del arte. Una forma de aprender.

El arte brinda a través de la educación: alfabetización cultural, habilidades para la creatividad, comprensión del mundo en que vivimos y capacidad para la experimentación desde la acción y la reflexión crítica. El arte nos enseña a mirar, a comprender los simbolismos y las realidades que constituyen la realidad en la que nos movemos. Además, entender la educación artística como una competencia clave ayuda a entender, a su vez, nuestra herencia cultural y el pasado como fundamento para interpretar el presente.

Por último, la Educación Artística es pieza fundamental para construir sociedades plurales; es clave para la construcción de una comunidad iberoamericana de la cultura. Esta riqueza cultural se fortalece a través de la creación de nuevas narrativas incluyentes donde las personas, las culturas y las expresiones artísticas como representación de la herencia cultural compartida, encuentran un espacio común.

Los derechos culturales están ampliamente reconocidos en los tratados internacionales desde que en 1948 la Declaración de los Derechos Humanos los incluyera en su artículo 27: “Toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten”. La Carta Cultural Iberoamericana impulsada por la OEI recoge este derecho cultural y establece las estrategias para lograr una comunidad iberoamericana sustentada en el valor de su cultura, la participación como eje clave para su desarrollo y la educación como instrumento de transformación.

 

Instrumento en la construcción y desarrollo del nuevo contrato social

Por ello, ahora que nos encontramos “entre las promesas del pasado y las incertidumbres del futuro”, es el momento de volver a imaginar el papel de la educación artística en la consecución del nuevo contrato social para Iberoamérica. Una educación que, basándose en el desarrollo e implementación ya logrado, avanza hacia un nuevo modelo de Educación Artística imbricado en el nuevo contrato social. Una educación artística que es la base, el instrumento y el fin del cambio. La base de la acción gracias al legado común que atesora el conjunto de los países que componen Iberoamérica como comunidad cultural diversa; el instrumento para la transformación, a través de una educación que construye ciudadanía global. Y que, además, se convierte en un fin, con el objetivo primordial de convertir esta transformación en el objetivo compartido de ser comunidad cultural.

Para imaginar de nuevo el futuro de la Educación Artística como instrumento en la construcción y desarrollo del nuevo contrato social conviene plantearse varias preguntas: ¿Por qué aprendemos Educación Artística? ¿Es necesario actualizar lo que aprendemos? ¿Estamos enseñando y aprendiendo de la manera más correcta? ¿Cómo redefinimos la gobernanza educativa?

Repensar por qué es importante aprender arte, no solo en la educación formal, pasa por estudiar cómo debe convertirse en una competencia clave de la educación a lo largo de la vida. El aprendizaje del arte y la cultura en el actual momento de incertidumbre global permite a las personas ser capaces de entender la realidad y tomar la iniciativa para crear. En el mundo donde las imágenes han pasado de ser recuerdos a una forma más de comunicación, necesitamos entender el lenguaje visual, aprender a descodificarlo y comprender el complejo mundo de lo simbólico.

 

«En el mundo donde las imágenes han pasado de ser recuerdos a una forma más de comunicación, necesitamos entender el lenguaje visual, aprender a descodificarlo y comprender el complejo mundo de lo simbólico»

 

Repensar por qué aprendemos arte requiere además, como ya estableció Delors, comprender el aprendizaje desde una visión holística: aprender a conocer el arte y la cultura para apreciar el legado cultural que heredamos como personas y como comunidad; aprender a hacer arte y cultura como un instrumento de expresión artística, pero también de las ideas; aprender cultura y arte para atesorar los valores esenciales de las personas, porque somos esencialmente seres culturales; y aprender arte y cultura para convivir, para ser una comunidad de personas iguales que comparten su diversidad cultural como un valor esencial de la vida.

El legado cultural de Iberoamérica es un valor de comunidad que hace de la región un espacio de convivencia, entendimiento y fortaleza colectiva. Por ello, repensar por qué aprendemos arte y cultura nos lleva a reforzar la idea fundamental de apostar por una educación artística que refuerce los valores esenciales de la comunidad iberoamericana y siente las bases para el diálogo en la construcción del nuevo contrato social.

 

«La Educación Artística es el mejor instrumento para garantizar el derecho a la cultura y empoderar a la ciudadanía desde el arte, la cultura y la creatividad»

 

Otra de las reflexiones que debemos hacernos se refiere al contenido de lo que aprendemos en relación con el arte y la cultura. Está claro que necesitamos apostar por ampliar la base de conocimiento y ensanchar en las leyes educativas iberoamericanas el significado de este aprendizaje más allá de las habilidades o destrezas en el manejo de cualquier disciplina artística. El conocimiento del arte y de la cultura tiene que pensar tanto en el legado y diversidad cultural, en las habilidades para la comprensión y el desarrollo de la expresión artística, como en el papel del arte y la cultura en la solución a los retos actuales. Las leyes educativas iberoamericanas deben institucionalizar estos contenidos y desarrollarlos a través de los currículos educativos de manera que la Educación Artística sea un valor de transformación más allá de un instrumento de expresión.

La Educación Artística es una competencia esencial. Por ello, es imprescindible reexaminar cómo enseñamos y aprendemos arte y cultura. Como hemos visto, la Educación Artística tiene que entenderse desde una visión de “aprender a aprender”, por tanto, no puede ser solamente el desarrollo de habilidades o la mera adquisición de competencias. En un momento donde la educación se convierte en un instrumento de transformación, se hace necesario profundizar en nuevos modos de aprender y enseñar arte y cultura. Es necesario avanzar en la aplicación de nuevas metodologías didácticas centradas en potenciar la Educación Artística como una competencia de carácter transformador que ponga el foco en el papel que desempeña el arte en el desarrollo de una cultura de comunidad.

Por último, para dar sentido a este nuevo enfoque educativo de la Educación Artística y su contribución como instrumento para el desarrollo del nuevo contrato social en Iberoamérica, tenemos que definir el modelo de organización que permita afianzar los fines y objetivos marcados para la enseñanza y aprendizaje de la cultura. En este sentido, tres han de ser las estrategias para el cambio en la enseñanza de la Educación Artística: ampliar el derecho a la formación y la participación cultural; reforzar los instrumentos que hacen posible el aprendizaje y la enseñanza; y fortalecer el ecosistema cultural y educativo para mejorar el aprendizaje cultural como instrumento de creación de una ciudadanía global.

Afrontar el reto de construir un nuevo contrato social en Iberoamérica, como hemos visto, requiere la generación de nuevas narrativas compartidas. La generación de un contrato social debe sustentarse “en la idea de que, antes de que empiece la política, todas las partes pueden llegar a un acuerdo de forma libre e independiente”. La Educación Artística es el mejor instrumento para garantizar el derecho a la cultura pero, además, para empoderar a la ciudadanía desde el arte, la cultura y la creatividad.

La Educación Artística permite entender el mundo de lo simbólico. Comprender los lenguajes visuales de un mundo marcado por la imagen nos ayuda a fortalecer los aprendizajes de otras materias, refuerza la capacidad creativa y construye una ciudadanía sobre los cimientos del legado cultural que hemos atesorado como civilización.

La ciudadanía iberoamericana entiende su diversidad como valor positivo de cultura compartida. La construcción de un nuevo contrato social para Iberoamérica debe sustentarse en un acuerdo entre iguales que desean construir un espacio de progreso social desde el fortalecimiento de la cultura como espacio de convivencia común. El arte y la cultura nos permite generar esas narrativas culturales que nos unen como pueblo. La fuerza del nuevo contrato social se sustenta en el papel crucial de una ciudadanía iberoamericana de la cultura y la diversidad.

Este artículo forma parte del especial “Una agenda común de futuro”.

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