El pasado de Kosovo pesa sobre su futuro

 |  23 de junio de 2014

Quince años después de la intervención de la OTAN en Yugoslavia y seis después de declarar su independencia de Serbia, Kosovo continúa intentando normalizar su situación. Las elecciones parlamentarias celebradas el 8 de junio, en las que Hashim Thaci ha obtenido un tercer mandato, arrojan un semblante de normalidad sobre un país que desea formar parte de la Unión Europea. Pero el proceso no será fácil. A día de hoy, el pasado pesa como una losa sobre el futuro de Kosovo.

Un primer problema lo presenta el reconocimiento de Kosovo como país independiente. Aunque Europa y Estados Unidos apoyaron la declaración unilateral de independencia, España nunca ha reconocido oficialmente a la república. Tampoco lo han hecho Grecia, Rumanía, Rusia, China, Brasil, India, Suráfrica, México, Indonesia, Argentina, y Chile, entre otros. A día de hoy, la gran mayoría del mundo vive en Estados que consideran Kosovo una provincia de Serbia.

El segundo reto también se presenta insuperable en el corto corto y medio plazo. Según Thaci, tras adquirir independencia y libertad el país ha de centrarse en un tercer capítulo pendiente de resolución: el desarrollo de la economía kosovar. Con un 35% de paro y un PIB per cápita que no llega a los 3.000 euros, Kosovo es el segundo país más pobre de Europa. Según un informe de la ONU, la corrupción es vista como el principal problema nacional. La Nueva Misión, programa estrella del primer ministro, promete invertir 1.500 millones de euros –casi un tercio del PIB– en proyectos públicos, generando 200.000 puestos de trabajo. Es evidente que peca de ambicioso, o de demagogo. Según el economista Lumir Abdixhiku, la economía necesitaría crecer a un ritmo anual del 20% para permitirse semejante inversión. Durante los gobiernos de Thaci, la cifra media de crecimiento ha oscilado ligeramente por debajo del 3%.

Ni siquiera parece que Kosovo sea autosuficiente. Eulex, la misión civil de la UE para el imperio de la ley, aún no puede marcharse. Establecida en 2008, la misión, que debiera haber finalizado en 2012, ha sido ampliada en abril hasta junio de 2016. Actualmente cuenta con 3.200 efectivos policiales, casi 2.000 de ellos europeos. Estos últimos han sido clave para la detención de antiguos criminales de guerra, y la policía kosovar no está en condiciones de reemplazarlos.

El tercer impedimento es la enemistad con Serbia, que también desea ingresar en la UE. En un intento de ganar puntos en Bruselas, Serbia no ha intentado que la minoría serbokosovar –unas 100.000 personas de los casi dos millones de ciudadanos de Kosovo– boicotease los comicios. Pero las tensiones entre Pristina y Belgrado –que nunca ha admitido la secesión– son considerables. El propio Thaci, que formó parte del Ejército de Liberación de Kosovo, permanece acusado por el Consejo de Europa de traficar con órganos de prisioneros de guerra serbios. Una investigación de la OTAN le señala como cabecilla de una red de crimen organizado vinculada a la mafia albanesa.

En marzo de 2013, Bruselas medió para normalizar la situación de la minoría serbokosovar, que actualmente dispone de su propia policía y tribunales pero ya no constituye un Estado dentro del Estado. Pero lo principal en que ambos países coinciden es en la necesidad de bloquear al otro su intento de ingresar en la UE. Serbia, que esperaba formar parte de la unión en 2007, únicamente ha logrado obtener el estatus de candidato.

 

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