Empresas, emprendedores y desarrollo en el Mediterráneo

 |  18 de marzo de 2011

 

El optimismo ciudadano que acompaña a las revueltas democráticas en los países árabes podría apagarse si la región no recupera pronto la actividad económica. Los países árabes ya estaban sufriendo los efectos de la crisis  mundial, especialmente por la difícil situación de la Unión Europea, que se ha traducido en una reducción de las inversiones y de las remesas que envían los inmigrantes. Las protestas populares han tenido un fuerte impacto en el sector del turismo y han producido un parón de la economía a todos los niveles. De momento, las previsiones de crecimiento del PIB para 2011 son desfavorables: 1,5% en Egipto, -1,5% en Túnez y -31% en Libia.

El éxito de las transiciones democráticas y de la capacidad de resistencia del movimiento popular dependerá en gran medida de la reactivación de unas economías árabes caracterizadas por la existencia de un enorme tejido de pequeñas y medianas empresas. Por su capacidad de generar empleo, promover la innovación en diversos sectores y actuar como vehículos de cohesión social, las pymes están en la base del desarrollo económico en los países del sur del Mediterráneo. Cómo financiar de modo más efectivo a estas empresas y promover su actividad ha sido el objetivo de la Conferencia Euromediterránea de Inversiones, celebrada en Barcelona el 16 de marzo.

Desde Marruecos a Turquía, las potencialidades son muy altas en muchos sectores: turismo, agroalimentario, energía, telecomunicaciones, salud, farmacéutico y textil, entre otros. La región cuenta además con los activos que suponen una mano de obra formada y un creciente mercado interno. Todos esos sectores registran altas necesidades de capital.

Pese al aumento de la inversión europea en el área en las últimas décadas, los países árabes comparten una serie de problemas que frenan la llegada de capitales exteriores. Entre ellos destacan altos niveles de corrupción, debilidad del Estado de Derecho y marcos regulatorios cambiantes e inadecuados que crean inseguridad jurídica. A estos obstáculos se unen dos igualmente importantes. Por una parte, la falta de integración regional limita el potencial multiplicador de las inversiones. Por otra, la desigualdad en el reparto de la riqueza impide que surja una clase media consumidora.

Estos problemas están en la base de las revueltas populares de los últimos meses, que han puesto de manifiesto la imposibilidad de avanzar en la reforma económica sin una paralela reforma democrática en toda la región. Rym Ayadi, investigadora del CEPS, insiste en que el apoyo de la UE es imprescindible y debe trabajar en dos frentes al mismo tiempo: un gran esfuerzo inversor en los países árabes y un decidido apoyo a las reformas políticas democráticas. Según Anwar Zibaoui, coordinador de la Asociación de Cámaras de Comercio del Mediterráneo (Ascame), «la actual política euromediterránea no funciona. Hay que poner en marcha de una vez por todas la Unión por el Mediterráneo [UpM] y dotarla de contenido. Hay que dejar de hablar de programas y crear los elementos». Expertos de europa y de los países árabes coinciden en que uno de estos elementos sería un banco de desarrollo del Mediterráneo, cuya creación se lleva debatiendo desde hace años.

Fernando de la Fuente, director asociado del Banco Europeo de Inversiones (BEI) y que pasará a trabajar en la UpM el próximo mayo, señaló que la unidad del BEI hoy encargada del área mediterránea podría ser el «core del banco de desarrollo del Mediterráneo». Según Zibaoui, el banco serviría de catalizador para el desarrollo de la orilla sur, al tiempo que se convertiría en uno de los nuevos ejes de la política de la UE hacia los países del área.

Más allá de la vital importancia de un fuerte esfuerzo inversor por parte de los Europeos para estimular los sectores aún por desarrollar, y ayudar a las pequeñas empresas y los emprendedores, donde todos coinciden es la necesidad de elaborar una nueva visión mediterránea en la UE. El exministro de Asuntos Exteriores español Josep Piqué –que calificó de «simplemente vergonzosa» la tardanza de la UE en dar respuesta a la situación en Libia– cree que del mismo modo que se apoyaron las transiciones democráticas en Grecia, Portugal, España y en todos los países del Este europeo, ahora es preciso que la Unión se comprometa con las transiciones árabes. Piqué aseguró, sin embargo, que «no se ve ni ese coraje ni esa ambición».

Más optimista se mostró Jean-Louis Guigou, consejero delegado del Ipemed, para quien si bien la respuesta europea a las revueltas árabes ha sido de sorpresa y pasividad, la transición abierta en algunos de estos países presenta «una oportunidad estratégica para la UE en los próximos años». Según Guigou, varias áreas son prioritarias en la relación económica euromediterránea: entre ellas, fomentar la movilidad de los trabajadores, la seguridad alimentaria y la creación de un mercado común de la energía. El objetivo es que la relación promueva verdaderamente el progreso económico y la mejora del nivel de vida de los ciudadanos árabes.

Senen Florensa, secretario de Asuntos Internacionales de la Generalitat de Cataluña y presidente del Comité Ejecutivo del IEMed, asegura que, como han demostrado los acontecimientos recientes en el mundo árabe, «no son lo mismo los socios del Este que los del Sur» y que es preciso una política de vecindad específica. En la actualidad, esta política debería incluir un gran programa de ayuda a la transición democrática de los países árabes.

 

 

Para más información:

Bruno Ramos Carrascosa: «El rol de la UE en el Mediterráneo». Afkar/Ideas núm. 28.

Larabi Jaidi: «UpM: los callejones sin salida de una ambición». Afkar/Ideas núm. 28

Jesús A. Núñez Villaverde: «Mediterráneo: el viaje a ninguna parte de la UE». Política Exterior núm. 136.

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