Guerra civil en Mozambique: las caras del rubí

MARÍA RODRÍGUEZ ALCÁZAR
 |  6 de octubre de 2016

Una estrella, un libro, una azada y un fusil AK-47. Por sí mismos, los emblemas de su bandera cuentan la historia de Mozambique, país costero de África Austral del que hablamos poco. Su independencia de Portugal fue de las más tardías: 1975, de la mano del Frente de Liberación de Mozambique (Frelimo), que estableció un gobierno cuya prioridad fue la nacionalización de empresas y la apuesta estatal por la agricultura, salud, educación y justicia.

Portugueses y disidentes anticomunistas se instalaron en Rodesia y crearon la Resistencia Nacional Mozambiqueña (Renamo). Con ataques a aldeas e instalaciones industriales comenzó una guerra civil que duraría 16 años. La fractura social y la descomposición en términos de infraestructuras y servicios supusieron un lastre para el desarrollo del país.

La paz llegó el 4 de octubre de 1992. El fin del enfrentamiento armado entre Frelimo y Renamo dio pie a la celebración de las primeras elecciones multipartidistas. El enfoque de la actividad económica se puso en la Inversión Directa Extranjera, que llegó a suponer el 40% del presupuesto del Estado, generando una dependencia del comercio internacional casi total.

“No tenemos guerra, pero tenemos el potencial de enorme violencia social todos los días: desempleo, mala educación, muertes por negligencia o mal tratamiento, expulsiones del territorio… Todas esas formas de violencia están presentes diariamente. Y eso no es paz”, decía el economista mozambiqueño Carlos Nuno Castel-Branco, quien se mostraba negativo ante el balance de las dos décadas tras el Acuerdo General de Paz. Y no se equivocaba el economista. La falta de oportunidades para la población, la exclusión y la desigualdad no han parado de alimentar el clima de fractura social y la polarización política. Todo ello ha llevado a volver a empuñar las armas. En los últimos dos años no han faltado los ataques a medios de transporte, infraestructuras y agresiones a población civil.

 

Mozambique, conflictos

Fuente: Acleddata

 

Se ha llegado a calificar de “guerra civil invisible”, ya que el gobierno negaba que existiera una amenaza por parte de la Renamo y que se estuviera actuando en consecuencia. Guerra invisible y desapercibida para los medios de comunicación internacionales, porque en el terreno es más que palpable. Prueba de ello es que incluso los consulados recomiendan a turistas y residentes evitar el paso por las zonas centrales del país, donde predominan los enfrentamientos.

 

Discursos contradictorios

En el país suenan versiones contradictorias acerca de los protagonistas de los ataques, así como de si hubo o no irregularidades en las elecciones generales de 2014, las más reñidas y con mayor participación de la historia mozambiqueña.

La versión oficial –la del gobierno– cuenta que la Renamo es la causante de todos los ataques y quien protagoniza las insurgencias, negándose a aceptar los resultados electorales. Otras voces aseguran que no solo fueron los veteranos de la liberación nacional quienes pidieron las armas para acometer contra dirigentes de la Renamo, sino que fue el propio gobierno quien llevó a cabo persecuciones frustradas que acabaron con la agresión a población civil y destrucción de instalaciones.

Tanto Filipe Nyusi, representante del Frelimo, como Afonso Dhlakama, líder de la Renamo, se muestran como los defensores de la verdad, de la tolerancia y del respeto y demonizan a la oposición. Mientras que Nyusi niega ser conocedor de estas campañas contra la Renamo, Dhlakama manifiesta estar amenazado de muerte.

Escasean los apoyos internacionales en la guerra civil. Hasta la Comunidad de Desarrollo del África Austral (SADC) se mantiene en silencio sobre esta cuestión. Aun en el margen, quien no pierde tiempo es China, que sigue condonando deuda y adquiriendo tierras en el país costero.

 

Las tres luchas que atraviesa Mozambique

La guerra civil de Mozambique es un diamante –o más bien un rubí– con múltiples caras, todas ellas interdependientes entre sí. Son tres las luchas que tienen lugar en el país.

La primera de ellas, la lucha por el poder entre los partidos. Hasta ahora las fronteras entre Estado, gobierno y partido han sido muy estrechas para el Frelimo. La popularidad de este partido que ha gobernado desde la independencia parece estar disminuyendo frente a la oposición tradicional y nuevos partidos populares entre la juventud.

La segunda, la pugna contra la gran crisis económica que atraviesa el país, tanto por la destrucción y cierre de empresas e infraestructuras de transporte, como por su alta dependencia del comercio exterior y la inversión extranjera.

La tercera, la lucha por el desarrollo del país. Violencia física, aumento de precios e imposibilidad de asistir a la escuela se suman en un país que ya ofrecía pésimas condiciones de vida y que sufre regularmente problemas de seguridad alimentaria. En los últimos años se ha producido el desplazamiento de decenas de miles de personas a Malawi, donde han accedido al estatus de refugiados, al estar su vida en peligro en Mozambique.

Las expectativas acerca de un acuerdo de paz a corto plazo no son halagüeñas, aunque continúan las sesiones con mediación internacional para lograrlo. Ambas partes festejaron la semana del Combatiente en honor a los líderes de la independencia. Poco que ver con el ambiente del 4 de octubre, fiesta nacional en el país, día de la Paz y la Reconciliación.

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