La consulta anticorrupción: una derrota con sabor a victoria

JAVIER DUQUE
 |  29 de agosto de 2018

Los políticos se resisten a hacer reformas que afecten a sus ingresos, estatus o influencia. Por eso, aunque el Congreso es el escenario central para expedir las leyes, las constituciones establecen mecanismos de participación ciudadana para proponer cambios que cuenten con el apoyo masivo de la población.

La consulta anticorrupción colombiana fue, sin embargo, iniciativa de algunos líderes políticos -el Partido Alianza Verde– acompañados de organizaciones sociales. Muy pronto se unieron el Polo Democrático, Colombia Humana y los congresistas de Decentes, así como sectores minoritarios de los partidos Liberal, Conservador y Cambio Radical. Se recurrió a los medios de comunicación, a las redes sociales y a centenares de personas que se sumaron a la propuesta. Hubo hasta un reggaetón para animar a los jóvenes.

Es la primera consulta popular nacional en 27 años de vigencia de la Constitución. Su artículo 104 establece que el presidente, previa determinación del Senado, puede consultar al pueblo sobre decisiones de trascendencia nacional. Los impulsores debían presentar el respaldo equivalente al menos el 5 por ciento del censo electoral. Lograron recoger 4.236.681 firmas, de las cuales la Registraduría avaló 3.092.138.

La consulta estuvo en vilo por la demora del Consejo Nacional Electoral (CNE). La congresista Angélica Lozano declaró que el Consejo “tenía secuestradas las firmas y retenida  la certificación de cómo se recogieron. Le están haciendo el mandado a la clase política”. Hubo protestas en las redes, declaraciones y movilizaciones, también un plantón frente al CNE, que tuvo efecto: el 23 de enero se certificaron las firmas y las cuentas. Faltaba que los ciudadanos se movilizaran. Y lo hicieron, pero no alcanzó. 

 

Los resultados

Según la Ley 1757 de 2015, cada pregunta debería obtener el voto afirmativo de la mitad más uno de los sufragios válidos, siempre y cuando hubiera participado al menos la tercera parte de los electores que componen el censo electoral. Esto implicaba un mínimo de 12.261.314 personas participando en cada pregunta y al menos la mitad más uno votando a favor. Se trataba de una altísima votación, mayor que la que obtuvieron el presidente Duque (10.398.689 votos) y en conjunto el Centro Democrático, Cambio Radical, los partidos Conservador, Liberal y de la U, MIR y Colombia Justa Libre en las pasadas elecciones de Congreso.

Con el 99, 98 por ciento de las mesas escrutadas, la consulta logró 11.671.420 votos. No alcanzó el umbral por menos del 1 por ciento, y una gran mayoría de votantes se pronunciaron a favor la Consulta y en bloque: todas las preguntas obtuvieron más del 99 por ciento, con muy leves variaciones entre preguntas.

En la votación por departamentos, se pueden distinguir tres situaciones. Hay 15 departamentos (incluida Bogotá) donde sí se superó el umbral. Con excepción de Putumayo (de donde proviene Rodrigo Rivera, el último Ministro del Interior de Santos, quien impulsó la Consulta) todos quedan en la región andina, están muy interconectados, hay mayor densidad de organizaciones sociales y el voto urbano es más importante que el rural. En la mayoría de estas entidades territoriales hubo Comités por el Sí, lo que contribuyó a movilizar los electores. Un dato importante: estas quince entidades suman el por 58,7 por ciento del total de la población del país. De forma ponderada, en donde vive la mayoría de colombianos la consulta pasó el umbral.

Los departamentos de la Costa Atlántica y el Chocó, también compartieron un patrón: fueron los de más baja participación del país (19,6 por ciento). Estos departamentos se caracterizan por situaciones extendidas de corrupción política y administrativa. Llama la atención que sea la Guajira, en donde la corrupción es superlativa, el departamento con menor porcentaje de votación de todo el país.

Entre los otros nueve departamentos donde la Consulta no superó el umbral sobresale Antioquia, fortín político y electoral de Álvaro Uribe y del Centro Democrático. Fue el único de los grandes departamentos del país donde no se superó el umbral. También figuran en este grupo la mayoría de los departamentos marginales, aislados y rurales del país, donde la presencia del Estado ha sido muy deficiente y predomina una población rural y dispersa (Amazonas, Arauca, Caquetá, Guainía, Vichada, Vaupés y Guaviare).

En las 17 ciudades más pobladas, la Consulta superó el umbral. Incluso en Medellín, santuario uribista. La excepción fue Barranquilla, lo cual es consistente con lo observado respecto a departamentos y capitales de la Costa Atlántica, donde se presentó una muy baja votación. Así sucedió también en las capitales de los departamentos marginales, aislados y con predominio de población rural.

Hay una clara relación entre el predominio de la población urbana, la mayor interconexión, la mayor densidad en organizaciones sociales, la presencia de universidades y medios de comunicación con las más altas votaciones por la Consulta. En algunas ciudades hubo mayor influencia de algunos líderes que impulsaron la Consulta, como Lozano, Claudia López, Gustavo Petro, Antanas Mockus y Sergio Fajardo. Tal vez una campaña publicitaria más activa, una mayor divulgación, una financiación adecuada para facilitar el transporte y un mayor número de comités de respaldo hubieran permitido obtener el uno por ciento faltante. 

 

Movilización ciudadana (casi) contra todos

Las personas participan en la vida política por distintas razones. A algunas las impulsa el sentido del deber ciudadano y el compromiso con la democracia. Expresan un sentir colectivo de indignación frente a hechos que consideran inaceptables, como la corrupción. Otras acuden a las urnas cuando tienen incentivos materiales o de estatus –aunque en muchos casos sea solo una expectativa o una falsa promesa–. Hay personas que obedecen a líderes que tienen influencia sobre sus decisiones. Otros se movilizan cuando son convocados por personas o partidos con quienes tienen afinidad, y rechazan las causas o propuestas que identifican como contrarias a estas. Tampoco faltan los “gorrones”, que comparten la convocatoria y votarían a su favor pero se abstienen esperando que otros hagan el esfuerzo.

¿Qué ocurrió en la votación por la Consulta? Un análisis inicial de los resultados sobre la votación por la Consulta sugiere algunos hechos de interés. En primer lugar, la mayoría de los partidos no respaldaron la Consulta. Solo se inscribieron como partidos políticos promotores el Polo Democrático Alternativo, la Alianza Verde y el Movimiento Colombia Humana (lista de los Decentes), los cuales obtuvieron en las elecciones de Congreso cerca de 2.560.000 votos. Esta cifra era muy pequeña en relación con la que requería la Consulta. Incluso si se piensa en el caudal que obtuvo Petro en la segunda vuelta (8.040.450 votos), hubiesen faltando votantes. Había que movilizar 4 millones de votos adicionales, básicamente entre electores motivados por el deber ciudadano y los indignados. Difícil misión.

Los partidos mayoritarios aprobaron la propuesta en el Senado, pero no la apoyaron. Algunos de los líderes de estos partidos hicieron campaña en contra de ella. Este fue el caso de Roy Barreras, del Partido de La U, quien se retiró del recinto para no quedar como el único voto en contra y justificó su oposición diciendo que “lo que hacía falta era una verdadera reforma política que combatiera la corrupción”, que las preguntas eran inútiles y costaban demasiado. También se opuso Germán Vargas Lleras, alegando el costo de una consulta que consideraba inoficiosa. Aunque los senadores de su partido, Cambio Radical, no se opusieron a la aprobación en el Senado, solo Rodrigo Lara la apoyó públicamente. Igualmente se opuso Álvaro Uribe. Por conveniencia electoral, en plena campaña presidencial eludió oponerse a la propuesta (se abstuvo) y afirmó que votaría a favor, pero, como suele ocurrir, cambió de posición y después atacó la convocatoria, expresando que prefería el trámite de las normas a través del Congreso, sin mencionar los numerosos casos en que esta vía ha fracasado. La mayoría del Centro Democrático y los partidos Liberal, Conservador, Opción Ciudadana, el MIRA y Causa Justa Libre también se opusieron a la Consulta o manifestaron un respaldo ambiguo. Los resultados indican que no movilizaron a sus seguidores. El grueso de los electores colombianos motivados por incentivos, o integrados en redes de clientelares, o que se orientan según las indicaciones de ciertos líderes influyentes, rechazaron la Consulta.

Mientras el “presidente eterno” Uribe madrugaba para despotricar contra la consulta, el presidente temporal Iván Duque votó a favor de esta y envió a última hora un mensaje de compromiso: “Vinimos a cumplirle a la democracia colombiana. Esta es una jornada muy importante, donde hemos votado para expresar nuestro rechazo a la corrupción». A Duque le resultaba muy difícil oponerse a la Consulta, por lo que optó por un apoyo tibio, sin mensajes contundentes y amplios a través de los medios, sin alocuciones convocantes.

Aunque hubo una gran circulación de mensajes en redes sociales (incluidas las ya conocidas noticias falsas), no hubo espacios institucionales de debate o de difusión y pedagogía sobre la Consulta, y el acceso a los canales y emisoras comerciales fue limitado. Asimismo, la financiación para la campaña fue casi nula. No hubo respaldo de empresarios, ni recursos para pagar el transporte de quienes promovían la Consulta. Fue una campaña basada exclusivamente en el voluntariado y esto limitó sustancialmente sus alcances.

El abstencionismo, por otra parte, sigue siendo superlativo en Colombia. Por diversos motivos, un amplio sector de la ciudadanía se refugia en el fácil pragmatismo de suponer que otros harán aprobar algo que también a ellos les favorece. Otros no alcanzan a captar la importancia de la participación, o están absortos en ganar el pan de cada día y sienten que los asuntos colectivos no tienen que ver con ellos.

Cabe preguntarse si la consulta fue un fracaso. Aunque faltó menos del 1 por ciento de votos para superar el umbral, todas las preguntas recibieron más del 99 por ciento de respaldo y en los 15 departamentos en donde se superó el umbral vive mayoría de la población colombiana. Los requisitos legales impiden que la Consulta tenga efectos jurídicos, pero los resultados no tienen precedentes en la historia de Colombia. Al Congreso y al poder Ejecutivo les va a resultar difícil desconocerlos.

Además de los tres proyectos que el presidente se anticipó a presentar al Congreso (con efectos ambiguos sobre la motivación de los votantes potenciales), los promotores ya han anunciado que tienen listos los siete proyectos para ser tramitados ante el mismo Congreso. Como a esta institución entra una cosa y sale otra muy distinta, queda esperar que los siete puntos de la Consulta y otros que la amplían y la desarrollan logren salir adelante sin muchas mutilaciones y distorsiones. 11.671.420 ciudadanos así lo esperan.

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