El Ministerio de Comercio y la Administración General de Aduanas chino emitieron el Anuncio sobre la Aplicación del Control de las Exportaciones de Galio y Germanio el 3 de julio de 2023. GETTY

La eficiencia, un camino cuesta arriba para China y Occidente

China y el G7 están enzarzados en una competición por deshacerse de las interdependencias económicas mutuas, abundantes por ambas partes. Mientras que las naciones del G7 deben superar una brecha de eficiencia de mercado, China debe superar una de eficiencia tecnológica.
Antonia Hmaidi y Jacob Gunter
 |  20 de septiembre de 2023

Los controles estratégicos de las exportaciones son ahora una vía de doble sentido: A partir del 1 de agosto, China exige licencias para las exportaciones de germanio y galio, dos metales necesarios para la fabricación de componentes electrónicos avanzados.


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Mientras tanto, Estados Unidos y una coalición de otras naciones fabricantes de chips siguen controlando la exportación de semiconductores de alta gama y maquinaria a China. Para ser menos vulnerables a estos puntos de estrangulamiento, China y el G7 están enzarzados en una competición por deshacerse de las interdependencias económicas mutuas, abundantes por ambas partes.

Sin embargo, esta reducción de riesgos (derisking) plantea un reto asimétrico: El G7 debe superar una brecha de eficiencia de mercado, mientras que China debe superar una tecnológica.

El galio y el germanio se refinan principalmente a partir de los subproductos de la fundición del aluminio y el zinc, respectivamente. China produce el 97% del galio primario del mundo y alrededor de dos tercios del germanio mundial, no gracias a una tecnología superior, sino a un mercado hípereficiente.

Si el G7 quisiera sustituir a China como su proveedor de galio y germanio, podría hacerlo tan rápido como construyendo plantas de refinado con la tecnología que ya posee, pero requeriría numerosas subvenciones y una protección que irían en contra de sus instintos de libre mercado, así como de su tolerancia a la deslocalización de esta industria altamente contaminante.

China, por su parte, no puede producir semiconductores de gama alta sin dar saltos considerables en innovación en una amplia gama de tecnologías de la cadena de valor de los semiconductores.

Peor aún, China debe hacerlo sola, ya que sus amigos de Moscú, Pyongyang y otros lugares tienen poco que ofrecer a Pekín tecnológicamente hablando, mientras que el G7 y sus amigos pueden coordinarse y compartir la carga de impulsar la eficiencia del mercado.

Eso no significa que Xi Jinping vaya a dar marcha atrás en su campaña de autosuficiencia tecnológica, pero queda un largo camino por recorrer en muchas tecnologías diferentes, más allá de los semiconductores, incluidos algunos productos industriales a menudo pasados por alto, como el revestimiento de latas y botellas diseñado para resistir sustancias altamente corrosivas como las bebidas ácidas.

Sin embargo, China no necesita “ponerse al día” por completo con la tecnología extranjera, porque su amplio y controlado mercado interior le puede permitir acortar distancias a su debido tiempo.

Una vez que los fabricantes chinos puedan producir una tecnología suficientemente buena, es decir, alcanzar la mayor parte de lo que una tecnología determinada puede hacer, podrán escalar hasta que la eficacia conduzca a la eficiencia. Es lo que ocurrió con el ferrocarril de alta velocidad, en el que China empezó con retraso pero obligó a los proveedores extranjeros a crear sociedades asociadas con empresas ferroviarias locales (lo que supuso una amplia transferencia de tecnología), que rápidamente dieron lugar al equilibrio entre tecnologías extranjeras y nacionales.

Después de eso, la contratación favoreció en gran medida a las marcas chinas. Contando con la ventaja de la protección industrial doméstica, construyeron una economía de escala que les llevó a un alto nivel de competitividad global.

La brecha de eficiencia del mercado del G7 es el reto más fácil de abordar porque China no tiene realmente ninguna tecnología que al menos alguien del G7 no domine ya. Sin embargo, por razones de eficiencia del mercado, los países del G7 han subcontratado muchas cadenas de suministro a China para ahorrar costes e impactos medioambientales en el extranjero. El galio y el germanio encajan en esa descripción, pero también muchos otros bienes, como los paneles solares.

En la actualidad, más del 80% de la capacidad mundial de fabricación de paneles solares se encuentra en China, a pesar de que Alemania y otros países de la UE fueron pioneros en esta tecnología y siguen liderando la investigación.

Para China, cerrar la brecha de eficiencia tecnológica es más incierto. Algunas industrias chinas, como el ferrocarril de alta velocidad o infraestructuras de telecomunicaciones como la 5G, han podido superar esta brecha.

Otras, como los semiconductores, siguen estando muy rezagadas a pesar de que Pekín ha aprovechado en gran medida los mismos instrumentos políticos. Los ejemplos más exitosos desde el punto de vista chino también se beneficiaron considerablemente de la transferencia de tecnología de las empresas del G7, algo en lo que quizá no puedan confiar tanto a medida que avance la guerra tecnológica.

Será más fácil para el G7 superar la brecha de eficiencia del mercado, pero estos países se enfrentarán a decisiones incómodas. La deslocalización o friendshoring solo será posible con la combinación de incentivos adecuada, al menos hasta que las ganancias en eficiencia del mercado fuera de China permitan una transición orgánica de las cadenas de valor clave a otros mercados menos arriesgados.

Mientras tanto, el G7 tendrá que considerar la intervención estatal al menos en las partes más relevantes de la economía, lo que puede ir en contra de la economía de mercado liberal y de arraigadas políticas en Occidente.

Un buen lugar por el que podría empezar el G7 es en la prevención de una carrera hasta al fondo a la hora de abordar las ineficiencias. No hay razón para que los socios con ideas afines persigan un régimen de subvenciones copia-pega para el galio, el germanio o los paneles solares. Eso solo generará despilfarro, exceso de capacidad y toda una mezcla diferente de ineficiencias en el mercado.

En su lugar, se debería prestar atención a corto plazo a coordinar qué países se adaptan mejor a qué parte de una determinada cadena de valor, todo ello mientras se trabaja hacia una solución posterior a la subvención.

La estrategia de seguridad económica de Japón, que se centra en ser indispensable en lugar de estar presente en todos los segmentos del mercado, podría ser un modelo para otros países, sobre todo si se combina con una coordinación sólida.

A medio y largo plazo, el G7 podría plantearse qué hay que hacer para impulsar la eficiencia en sus propios mercados o en mercados amigos. No hay una “segunda China”, pero hace 40 años no había una “primera China”: la “fábrica del mundo” surgió de una amplia inversión extranjera, un profundo desarrollo de las infraestructuras y una sólida gobernanza.

El G7 debería aportar sus considerables recursos para construir otras fábricas del mundo y ayudar a resolver la brecha de ineficiencia del mercado de una forma sostenible que haría que las intervenciones en el mercado fueran temporales.

Artículo traducido del inglés de la web de MERICS.

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