La transición democrática avanza en Túnez

 |  25 de abril de 2011

Eclipsada por la cadena de acontecimientos que siguió a su puesta en marcha (revolución en Egipto, guerra en Libia, represión en Siria), la transición democrática en Túnez continúa su camino. El gobierno de transición, depurado de colaboradores del expresidente Zine el Abidine Ben Alí (exiliado en Arabia Saudí), prepara su petición de extradición, acusando al dictador de conspiración contra la seguridad del Estado y homicidio voluntario, entre otros delitos. Al mismo tiempo, todo se prepara para que las elecciones constituyentes del 24 de julio sean un éxito en términos democráticos, es decir, limpias, justas y libres.

La comisión que investiga los abusos cometidos durante la revolución, que tuvo lugar entre el 17 de diciembre y el 14 de enero, responsabiliza a Ben Alí de haber ordenado disparar sobre los manifestantes en varias localidades del país. El gobierno de transición, presidido por Fuad Mebaza, puso en marcha, además de la ya citada comisión, otras dos comisiones nacionales independientes: una para investigar los grandes casos de corrupción y otra con la tarea de preparar las reformas políticas necesarias para la celebración de unas elecciones democráticas.

Esta última, compuesta por más de 150 miembros y que recibe el nombre de Instancia Superior para la Realización de los Objetivos de la Revolución, de la Reforma Política y de la Transición democrática (Isror), ha ido discutiendo y adoptando medidas para la elección de una Asamblea Constituyente que elabore una nueva Carta Magna para Túnez. Entre los puntos más destacados de la ley electoral está el de la paridad de hombres y mujeres en las listas electorales, donde se alternarán los aspirantes de ambos sexos. Según Bichara Khader, experta en el mundo árabe, “la condición de la mujer en Túnez es, de lejos, la más avanzada, sino de todos los países árabes, sí al menos del Magreb”.

La Isror ha optado por un sistema electoral proporcional con reparto de restos mayores, con el fin de que el mayor número de partidos pueda estar representado en la Constituyente. Por el momento, ya hay cerca de 90 partidos legalizados. Sobresale En Nahda, de corte islamista, recientemente legalizado y presidido por Rachid Ghannuchi, exiliado durante la dictadura de Ben Alí en Londres. Según Ghannuchi, su modelo a seguir es el modelo turco, caracterizado por la moderación. Dada la ausencia de sondeos, se desconoce la intención de voto de los tunecinos, pero parece claro que En Nahda será el polo más fuerte en una Asamblea Constituyente que se espera muy atomizada.

Desde el estallido de la revolución, Túnez ha sufrido las consecuencias negativas derivadas de la incertidumbre que domina el escenario político, interno y externo. Los ingresos por turismo han caído de manera notable, mientras se revisan a la baja las estimaciones de crecimiento: a finales de 2010 se esperaba un crecimiento del PIB del 4,6%; ahora, la previsión apunta a un -1,5%. El éxodo de jóvenes hacia Europa también perturba el desarrollo del país, así como el retorno de emigrantes procedentes de Libia.

Para más información:

Bichara Khader, “Túnez o la golondrina de la primavera árabe”. Política Exterior núm. 140, marzo-abril 2011.

Ridha Kéfi, «Túnez entre dos épocas». Afkar/Ideas núm. 29, primavera 2011.

Saloua Charfi, «Turquía y Túnez: feminismo en tierra del islam». Afkar/Ideas núm. 29, primavera 2011.

Radhi Meddeb, “Europa ante un Túnez anclado al mundo libre”. Política Exterior núm. 140, marzo-abril 2011.

 

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