Magreb y Sáhara Occidental: un enfoque exigente

FERNANDO MAURA
 |  9 de septiembre de 2015

En estos momentos, el crecimiento económico, las presiones migratorias, la seguridad energética y los cambios políticos condicionan de una manera creciente el área del Magreb, situada a unos pocos kilómetros de la frontera del sur de Europa, en una zona vital para nuestra seguridad y nuestros intereses.

Esta inestabilidad crónica favorece la extensión de determinados asuntos que ponen en peligro la estabilidad de esta región. En primer lugar, el tráfico de armas y de drogas, por un lado, y el de seres humanos y la inmigración ilegal, por otro. En segundo, la constante violación de los derechos humanos en la región. Y por último, una población mayoritariamente joven que se encuentra frustrada por una situación inestable, la ausencia de libertad y de oportunidades, expuesta a las enseñanzas del fundamentalismo islámico que se extiende por los países norafricanos como Túnez, Mali, Libia y Níger.

Por tanto, el área del Magreb debería convertirse en una de las prioridades de la acción exterior de la Unión Europea. Una mayor implicación de la UE en el Magreb debería reconciliar los intereses económicos, políticos y de seguridad con la defensa de nuestros valores.

La base legal para la actuación europea en los asuntos exteriores se establece en el artículo 21 del Tratado de Lisboa. Una actuación definida por los principios que inspiraron su creación y su desarrollo, basados en una más amplia democracia mundial, el imperio de la ley, la universalidad e indivisibilidad de los derechos humanos y las libertades fundamentales, el respeto a la dignidad del hombre, los principios de igualdad y de solidaridad y el cumplimiento de los principios de la Carta de las Naciones Unidas y el derecho internacional.

 

Descolonización inconclusa

Asimismo, el Magreb es una de las pocas regiones en las que la descolonización que cambió la fisonomía de África en la segunda mitad del siglo XX no ha concluido. El Sáhara Occidental, situado en el corazón de este área, continúa siendo la ultima colonia africana a la que no le ha correspondido aún optar por su independencia.

El Sáhara Occidental, reconocido como territorio no autónomo a la espera de descolonización, está situado entre Marruecos, Argelia, Mauritania y el océano Atlántico. Sus 250.000 kilómetros cuadrados de población se encuentran habitados por una población autóctona de unos 200.000 habitantes. Dos tercios de su territorio se hayan bajo ocupación militar y colonizado efectivamente por Marruecos. Además, el país ocupante viola de manera sistemática los derechos humanos y las libertades fundamentales de su población y no acepta los principios de la ONU y la legislación internacional.

En mi opinión, un enfoque exigente sobre este conflicto debería basarse en los siguientes aspectos. Primero, la Alta Representante de la UE, Federica Mogherini, debería incluir en la agenda política de la Unión la asunción de un papel más activo en los países del Magreb. Segundo, debería nombrarse un enviado especial para la región, con un mandato para la descolonización del Sáhara Occidental. Tres, la UE debería exigir un mandato para que la Minurso (Misión de la ONU para la organización de un referéndum de autodeterminación para el Sáhara Occidental) asuma el control sobre la situación de los derechos humanos en la zona. Cuatro, la UE debería mantener la ayuda humanitaria para el pueblo saharaui en orden a evitar una crisis en los próximos meses. Y cinco, el Parlamento Europeo y su delegación para las relaciones con los países del Magreb deberían incluir en su agenda la cuestión de la descolonización del Sáhara Occidental y permitir al Frente Polisario –único representante del pueblo saharaui reconocido por la ONU– que haga oír su voz en sus debates, toda vez que cumpla con las siguientes condiciones: la apertura de los campos de Tindouf a la UNHCR para la realización de un censo de refugiados que será usado como referencia para establecer la ayuda humanitaria para los próximos años; el combate contra la corrupción en los campos de Tindouf, comenzando con la exclusión de los individuos mencionados por el informe de la OLAF de la ayuda humanitaria; y la iniciación de un proceso de democratización de las autoridades saharauis.

Este nuevo enfoque podría servir de base para un acuerdo del Parlamento Europeo respecto de una región de importancia estratégica para Europa.

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