Owen Jones: niño prodigio de la nueva izquierda británica

BÁRBARA CELIS

Reino Unido acude a las urnas en unas elecciones que no parecen haber despertado demasiado entusiasmo entre la población y que, sin embargo, hay quienes consideran los comicios más importantes de las últimas siete décadas. Entre ellos está Owen Jones (1984), el niño prodigio de la nueva izquierda británica, el joven que, con un pie en el laborismo y otro a la izquierda de este, se ha convertido en una de las voces más respetadas de quienes buscan en Reino Unido el regreso a las políticas sociales que hicieron de ese país un modelo ejemplar en los años cincuenta y sesenta del siglo XX.

Autor de dos libros, Chavs, donde reivindicó la existencia de la clase obrera, y The Establishment, sobre la connivencia de los grandes poderes políticos, económicos y mediáticos (“la casta”) para mantener los vientos neoliberales soplando fuerte sobre la realidad británica, Jones es, a sus 31 años, uno de los activistas y comentaristas políticos más buscados de su país.

En su conversación produce datos incesantemente y habla a un ritmo ágil que puede dejar sin aliento. Pide abiertamente el voto para los laboristas, pese a que no representan ni mucho menos la alternativa radical que él defiende. Pero si ganaran los tories, sostiene, sería una catástrofe no solo para un país en el que la fortaleza de los números macroeconómicos contrasta con la realidad de la mayoría de la población, cuyos salarios han caído alrededor de un 10% respecto a hace una década, sino también para la moral de los muchos grupos de izquierda alternativos que han surgido a raíz de la crisis y que aspiran a liderar los vientos de cambio en Gran Bretaña.

Ante la falta de un partido a la izquierda de los laboristas y con un sistema electoral mayoritario que favorece dramáticamente el bipartidismo, Jones teme sobre todo el día después a las elecciones, cuando tanto conservadores como laboristas se afanarán por formar alianzas de gobierno, puesto que las encuestas dan por hecho que ninguno de los dos conseguirá la mayoría para gobernar en solitario.

En esta entrevista explica los diversos escenarios que pueden darse, cuál es su visión sobre la realidad de su país y su posición ante todo ello.

Bárbara Celis (B.C.): ¿Cómo definiría el estado actual de Reino Unido, donde las cifras macroeconómicas, con un nivel récord de empleo, parecen hablar positivamente de la labor que han hecho los conservadores?

Owen Jones (O.J.): El statu quo es insostenible, no funciona, no cubre las necesidades de la gente, no cubre las aspiraciones de la gente. Una sociedad en la que la riqueza de las 1.000 personas más ricas se dobla durante una de las crisis más graves de la historia, mientras el resto del país sufre la mayor caída en sus salarios desde la era victoriana, cuando miles de personas tienen que alimentarse utilizando bancos de alimentos en uno de los países más ricos de la historia de la humanidad es una sociedad arruinada. No solo es injusto, es insostenible y por eso creo que el establishment que hoy domina Reino Unido acabará cayendo. Puede que tardemos años y el camino estará lleno de baches y compromisos, pero ocurrirá porque es insostenible y no resistirá. Hay que crear empleo real, no precario, subir los salarios, no bajarlos, repartir la riqueza, construir un gobierno de todos, no que sirva solo a los de arriba. Y esa idea está echando raíces en la gente.

El Parlamento debería llenarse de gente que tiene poca representación, como mujeres trabajadoras

 

B.C.: El partido laborista ha intentado ficharle para que luchara en Sheffield Hallam contra Nick Clegg, el líder liberal-demócrata. Dada su implicación en estas elecciones, ¿por qué se ha negado a ser candidato?

O.J.: Era un truco electoral que no me interesaba. Yo nací en Sheffield pero en otra circunscripción mucho más pobre que la suya. De momento, no quiero entrar en política. Mientras pueda seguir hablando de lo que creo y con la mayor audiencia posible soy feliz. ¿Puedo cambiar de idea en el futuro? Es posible, pero de momento creo que mi aportación a la escena es mucho mejor trabajando como lo hago ahora. Nunca he soñado con ser un político. Yo quiero hacer algo, no ser alguien. Si pensara que convirtiéndome en político ayudaría a que la izquierda adquiriera más fuerza me convertiría en candidato, pero creo que lo que estoy haciendo ahora es mucho más útil. Además el Parlamento debería llenarse de gente que tiene poca representación, como mujeres trabajadoras, por ejemplo.

B.C.: Sin embargo, usted que ha escrito un libro sobre la casta, The Establishment, pide el voto para los laboristas. ¿No es contradictorio teniendo en cuenta que también los incluye en ese grupo?

O.J.: El laborismo no representa la alternativa radical que yo quiero, pero prefiero luchar contra un gobierno laborista que contra un gobierno tory. Si los conservadores son reelegidos, se acabó la sanidad pública, el Estado de bienestar será reducido a mínimos y peor aún, la gente se sentirá completamente desmoralizada y todas las protestas y campañas que hay ahora en marcha serán desmovilizadas. En Grecia y en España la precondición para que surgieran nuevos partidos ha sido que los socialistas llegaran al poder y se desacreditaran al atacar a sus propios seguidores, y esa es la precondición para que pueda crearse otro partido político más a la izquierda del laborismo. Que ganen las elecciones y trabajen en contra de los intereses de su electorado. Eso no va a pasar si ganan los conservadores. Los  laboristas se moverían aún más a la derecha, sería un desastre.

B.C.: Es decir, ¿usted aspira a que haya un gobierno laborista para que lo hagan mal y surja un partido más a la izquierda al estilo de Podemos en España?

O.J.: En cierto modo sí. Al final de los años ochenta, con la caída del muro y la muerte de los regímenes comunistas se libera una ola de triunfalismo neoliberal y se inaugura una nueva era en la que se afirma la idea de que no hay alternativa al capitalismo más salvaje. Se produce el colapso de la izquierda como fuerza política masiva, todos los partidos europeos de izquierda se mueven a la derecha o incluso desaparecen, los socialdemócratas se rinden al liberalismo y entramos en la era de la reacción en la que aún vivimos. Pero con la crisis de 2008 el neoliberalismo se cuestiona. El problema es que puede ser un zombi que apenas se tiene en pie, pero nadie es capaz de darle la estocada final. En Reino Unido teníamos a los laboristas cuando llegó la crisis financiera y, aunque estaban completamente vendidos al liberalismo, evitaron atacar a sus votantes y mantuvieron el gasto social, algo que no hicieron los socialistas en España o Grecia y por eso allí, como reacción, han surgido nuevos partidos de izquierda. Aquí, en cambio, hemos visto resquebrajarse un poco el sistema con la llegada de partidos de extrema derecha como el UKIP (Partido de la Independencia de Reino Unido). Pero también hemos visto cómo han sido los movimientos de izquierda quienes han conseguido hacer presión para que los laboristas tengan que llegar a compromisos y, por tanto, se vuelvan a mover hacia la izquierda. Frente a estas elecciones también hemos visto cómo se ha disparado el apoyo a partidos como Los Verdes, que han llegado a conseguir en las encuestas hasta el 11% de los votos, que en Reino Unido es muchísimo.

B.C.: Pero si hoy un británico quisiera votar a un partido más a la izquierda de los laboristas acabarían gobernando los tories y eso es un miedo muy legítimo que tiene la gente…

O.J.: Por eso aún no tenemos ese partido. Es el fruto de nuestro sistema electoral mayoritario, que favorece drásticamente el bipartidismo. En un sistema proporcional eso no ocurriría, así que estoy seguro de que acabará llegando porque el que tenemos está colapsando. Un sistema electoral se concibe para conseguir que haya mayoría de gobierno estable, no la hemos tenido durante la última legislatura y no la vamos a tener en la próxima, por tanto perderá legitimidad y será cuestión de tiempo que cambie.

El ‘establisment’ en estos momentos no va a aceptar un gobierno que no sea ‘tory’

 

B.C.: El escenario más probable, aunque conservadores y laboristas empataran, es que estos se alíen con los independentistas escoceses del SNP para formar gobierno. Así lo ha sugerido Nicola Sturgeon, aunque el laborista Ed Miliband lo niega. La derecha está haciendo una campaña mediática durísima en contra de esa alianza.

O.J.: Yo creo que tras estas elecciones la sociedad británica se va a polarizar como no hemos visto desde la Segunda Guerra mundial. La prensa ya está advirtiendo de que un gobierno laborista en alianza con el SNP (Partido Nacionalista Escocés) provocaría una crisis constitucional. El establishment está jugando muy sucio. No se trata solo de aterrorizar a la gente para que no voten laborista. Los tories tienen miedo porque es una posibilidad real que pierdan estas elecciones, así que se están preparando para lo que vendrá después tratando de deslegitimar un posible gobierno laborista. Nunca antes ha ocurrido en la historia de este país que el establishment diga que un gobierno no es legítimo. En el libro de Chris Mullin A very british coup se novelaban precisamente todas las artimañas sucias con las que se derrocaba un gobierno laborista. “Sin fuego, sin torturas, a very british coup…”. El establishment en estos momentos no va a aceptar un gobierno que no sea tory. Si llega a haber una crisis constitucional es porque la crean ellos.

B.C.: ¿Entonces usted vaticina que todos los ataques se van a centrar en Escocia?

O.J.: Ya está ocurriendo. Mira los titulares de los periódicos. Los tories están sentando las bases para que este país se resquebraje. Son diferentes a cualquier otro partido de derechas de Europa, se parecen más a los republicanos estadounidenses. Son despiadados, retorcidos, feroces, agresivos… no pararán ante nada para mantenerse en el poder. Creían que habían ganado a la izquierda hace años y volver a pelear contra ella no está en sus planes. Y sí, tienen un problema con Escocia. Primero le piden a los independentistas que se queden en la unión de cara al referéndum y ahora ante la posibilidad de que sus diputados ganen democráticamente, les dicen que un gobierno formado con su ayuda no es legítimo. Están alimentando el nacionalismo y el resentimiento inglés, que es muy peligroso y, al mismo tiempo, están alimentando al SNP porque saben que cuantos más diputados haya de ese partido más probabilidades tienen ellos de ser el partido que encabece los resultados electorales, aunque no lleguen a la mayoría. Pero está claro que para mantenerse en el poder no les importa ni siquiera que el país se parta en dos. Y para conseguirlo utilizan a la prensa.

B.C: ¿Cree que la prensa sigue teniendo el poder y la influencia política que ostentaba en los años ochenta y noventa?

O.J.: Solían ser mucho más poderosos, pero ahora la circulación de la prensa es menor y además están las redes sociales, que les impiden mentir tan descaradamente como antes.  De hecho, los tories pensaban que a estas alturas de la campaña tendrían una gran ventaja sobre los laboristas y no ha ocurrido, están empatados. Y eso que la prensa ha hecho una campaña salvaje en su favor. La gente ya no cree tanto en ella.

B.C.: Pero en Escocia la campaña mediática del miedo funcionó…

O.J.: Sí, hasta cierto punto, pero también hay que tener clara una cosa: al principio de la campaña la independencia tenía el apoyo del 30-35% de la gente, llegó a subir hasta el 50% en una de las encuestas, y finalmente se quedó en el 45% de los votos, pero fíjate, subió muchísimo y creo que en parte fue una reacción a cómo la prensa les trató y les atacó.

B.C.: El partido SNP se parece, en ciertas cosas, a esa izquierda radical por la que usted parece abogar.

O.J.: Es un partido muy interesante. Solían estar más a la derecha del laborismo en muchos temas hasta hace muy poco. Es más, las 1.000 personas más ricas del país han donado más dinero al SNP que al laborismo. Es una fuerza compleja, sin la conexión con los sindicatos que sí tiene el laborismo (es su base) pero con un apoyo muy fuerte de trabajadores de clase baja. En los últimos años el partido se ha politizado mucho, y se han movido hacia la izquierda por la presión de sus bases. Dicen que son antiausteridad aunque no se corresponde del todo lo que hacen con lo que dicen, pero el hecho de que se estén posicionando a la izquierda también indica que en Reino Unido, en general, la opinión se está moviendo hacia la izquierda. En el interior del partido hay de todo, pero sin duda ha tomado más fuerza la izquierda. En ese sentido, mi resultado ideal de cara a las elecciones sería una minoría laborista apoyada por el SNP. Si llega otro gobierno tory no dudo que los escoceses se separarán de la unión.

B.C.: En The Establishment asegura que la casta tiene dinero, el apoyo de la prensa y todo un discurso teórico bien trabajado. ¿Cómo puede la izquierda de su país luchar contra todo eso sin tener los mismos recursos económicos?

O.J.: No tenemos dinero pero tenemos a la gente. Ellos tienen mucho dinero, tienen a la prensa de su parte, que ayuda mucho para arrancar, pero al mismo tiempo representan los intereses de unos pocos ahí arriba, mientras que la izquierda representa a la mayoría de la sociedad y los intereses de esa mayoría. El problema principal de la izquierda no es la falta de recursos sino tener que lidiar con esa sensación de resignación que se ha apoderado de tanta gente, como si la injusticia fuera como el clima, puedes quejarte pero no puedes hacer nada para cambiarlo. Y luego está el efecto “redirección de la rabia”. La gente no culpa de la crisis a los de arriba si no a su vecino, a los parados, a los funcionarios, a los inmigrantes, ése ha sido el discurso de los conservadores y ha calado. Y por eso en este país ha surgido un populismo de derechas y los obreros votan al UKIP. Por eso necesitemos los think tanks y una ideología coherente. Yo participo entre otros en el think tank Class, donde hay muchos economistas brillantes que han sido marginados de las aulas por no ser “creyentes” de la ideología neoliberal.

 

Estoy seguro de que Tony Blair pasará a la historia como un maldito, en realidad ya lo es

 

B.C.: ¿Cómo se integra esa izquierda radical en el laborismo, cuando muchos jóvenes no votan?

O.J.: En este país ha habido activistas furiosos con el tema de la evasión de impuestos y gracias a la presión que hicieron consiguieron meter el asunto en la discusión política, y ahora los laboristas proponen legislación para perseguir a esos evasores. Lo mismo ocurrió con la bedroom tax, una de las políticas más crueles perpetradas contra la gente en este país, y los activistas han hecho presión, obligando a los laboristas a comprometerse a revocar esa ley, igual ha ocurrido con los contratos de cero horas y con la privatización del NHS (sistema nacional de salud). Es cierto que es imprescindible que los economistas escriban y propongan alternativas coherentes, pero nuestra fuerza está en las calles, en salir a protestar porque somos muchos, así se le gana el pulso a la derecha. En España no tendríais a Podemos si no hubiérais tenido antes a los “indignados”. Además, es fundamental lo que yo llamo la política de la esperanza, devolverle a la gente la esperanza de que su lucha da resultados. Los jóvenes puede que no voten, pero son políticamente muy activos y todas estas batallas de las que hablo las han liderado ellos. Si ven que su lucha sirve para algo, quizá opten por acudir a las urnas.

B.C.: ¿Qué papel juega Europa en su discurso?

O.J.: En mi opinión creo que hay directivas y tratados de la Unión Europea que deben cambiar porque tienen un patrón completamente neoliberal. Hay que luchar en contra de la austeridad que se impone desde Alemania y contra todos esos tratados que favorecen la competición entre empresas a costa de los trabajadores. Sin duda, es una institución que necesita democratizarse.

B.C.: ¿Considera a Tony Blair el gran traidor de la izquierda?

O.J.: Hoy parece difícil de creer, pero en los años cincuenta y los sesenta tanto los laboristas como los tories defendían subir los impuestos a los más ricos, nacionalizar las empresas, apoyar a los sindicatos, luchar por una sanidad pública… El gobierno laborista posterior a la Segunda Guerra mundial hizo que todas esas cuestiones fueran asumidas como naturales incluso por los conservadores, pero tras la llegada de Margaret Thatcher y el fin de la guerra fría ese discurso se da la vuelta y hasta el nuevo laborismo lo acepta, capitaneado por Blair. Fue él quien movió el laborismo hacia la derecha. Además, es culpable de haber contribuido, con la invasión ilegal de Irak, a alimentar el terrorismo en gran parte de Oriente Próximo, provocando la muerte de cientos de miles de inocentes… Estoy seguro de que pasará a la historia como un maldito, en realidad ya lo es. Encima hoy trabaja como relaciones públicas de dictadores como el de Kazajstán. No deberían de permitirle ninguna participación política, debería ser un paria.

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