El candidato presidencial de Argentina Alberto Fernández y su compañera de fórmula, Cristina Fernández de Kirchner, en un acto de campaña el 24 de octubre de 2019/GETTY

El peronismo, a un paso de ganar en primera vuelta

MARIANA SENDRA
 |  25 de octubre de 2019

El 27 de octubre se celebran elecciones generales en Argentina. Se elige presidente y vicepresidente, así como 129 diputados y 24 senadores, configurando así un nuevo mapa de poder en el Congreso Nacional. Además, cinco gobernaciones que están en juego se eligen de forma concurrente con los cargos nacionales (Buenos Aires, Formosa, Santa Cruz, Catamarca y Santiago del Estero).

El 11 de agosto se realizaron las primarias abiertas simultáneas y obligatorias (PASO), que definieron las candidaturas y los partidos habilitados para competir en octubre. Más allá de los resultados, esta instancia dejó en evidencia que una herramienta pensada en su momento para democratizar la toma de decisiones en el interior de los partidos políticos y fomentar la participación, hasta hoy ha sido utilizada como una suerte de gran encuesta pre-electoral, con efectos graves en la política real y en la economía.

Los resultados favorecieron a la oposición peronista unificada en el Frente de Todos, con una diferencia que ninguna encuestadora pudo prever. Alberto Fernández, ex jefe de gabinete de Néstor Kirchner, ganó con el 47,6% de los votos, frente al 32% que obtuvo el presidente Mauricio Macri (Juntos por el Cambio). En la provincia de Buenos Aires, la gran sorpresa fue Axel Kicillof, candidato del Frente de Todos y exministro de economía durante el segundo gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, al ganar las PASO con más del 50% de los votos, truncando las posibilidades de reelección de la actual gobernadora, María Eugenia Vidal, uno de los cuadros políticos más prometedores dentro del macrismo.

 

Crisis económica y aborto legal

En general, dos asuntos fundamentales marcan el pulso del clima electoral y político de esta elección. El primero es la salida de la crisis. Aunque Macri intentó evadir este tema, la oposición logro instalar en el debate la mala gestión económica de este gobierno. Cabe resaltar que la actual situación es tan frágil que después de la derrota del oficialismo en las PASO, los mercados manifestaron su incertidumbre, haciendo que el precio del dólar subiera de 42 a 60. Las reservas del Banco Central fueron drenadas para financiar la fuga de capitales, y después de haber perdido 3.000 millones de dólares en dos días, el gobierno finalmente anunció el “reperfilamiento” de la deuda externa y reestableció una medida del gobierno anterior que Macri había criticado duramente, un “cepo blando” de control de capitales.

El otro gran asunto es la discusión por el proyecto de despenalización del aborto que, en 2018, después de varios intentos, logró tener tratamiento en la Cámara de Diputados, a la luz de efusivas y polémicas intervenciones de los legisladores, reflejo de la propia división que ha generado el proyecto en la opinión pública argentina. Aunque finalmente no fue aprobado, la fuerte movilización de los colectivos feministas en las calles y la mediatización por parte de la prensa, han llegando a instalar este tema en la agenda como una problemática de salud pública. Concomitantemente al desarrollo del primer debate que se realizó en la ciudad de Santa Fe, en La Plata se realizaba el 34º Encuentro Nacional de Mujeres donde alrededor de 200.000 personas marcharon para exigir al nuevo presidente compromiso con el aborto legal, seguro y gratuito, y acciones del Estado para luchar contra la violencia de género. De los seis candidatos presidenciales; dos están a favor, Fernández (Frente de Todos) y Del Caño (FIT); tres en contra, Macri (Juntos por el Cambio), Gómez Centurión (Frente NOS), Espert (Unite); y Lavagna (Consenso Federal) se ha mantenido neutral al respecto.

 

La campaña post-PASO

Después de la derrota de las PASO, Juntos por el Cambio dio un giro en la estrategia de su campaña, corriendo el foco desde el campo de su expertis -las redes sociales-, al territorio, convocando a una serie de marchas bajo el lema “Sí se puede” en distintas localidades del país con el objetivo de fidelizar su voto fuerte en los sectores de clase media. En Mendoza, provincia tradicionalmente conservadora, el presidente se pronunció en contra de la despenalización del aborto y a favor de la defensa de la vida. Al mismo tiempo, desde la cartera de seguridad, se anunciaron nuevas medidas de control preventivo para combatir el narcotráfico. Luego, el propio Macri anunció por twitter que, en caso de ganar, prometía aumentar a 20 días la licencia por paternidad.

Por su parte, Alberto Fernández se comportó de la manera inversa, prácticamente dejó de hacer campaña y se lo vio ya casi actuando como un presidente. Viajó a España a entrevistarse con Pedro Sánchez y representantes de compañías inversoras. Se reunió con sindicalistas, y dirigentes de la Unión Industrial Argentina para empezar a sentar las bases del “acuerdo social” que, según él, necesita el país. A todo ello, le sumó a su programa una impronta federalista, proponiendo la creación de una capital alterna en cada provincia para fortalecer lazos entre el gobierno nacional y los distritos, y la reducción de la tasa de coparticipación fiscal de la ciudad de Buenos Aires. Respecto del tema del aborto, expresó que su compromiso es despenalizar y terminar con la hipocresía.

Cabe destacar que, por primera vez, se realizaron de forma obligatoria dos debates de candidatos presidenciales, donde los seis competidores por el ejecutivo nacional tuvieron la oportunidad de expresar sus puntos de vistas y propuestas sobre diferentes ejes temáticos. El segundo debate tuvo un tono más confrontativo que el primero, especialmente entre Alberto Fernández y Mauricio Macri, este último mostrando una clara postura ofensiva -al intentar llevar al primero al terreno de la polarización-. En cuanto a los otros candidatos, a pesar de que los debates incrementaron su conocimiento público, oficiaron más como aliados de los dos contendientes centrales: por un lado, Del Caño y Lavagna más cenarnos a Fernández y, por otro, Espert y Gómez Centurión más próximos a Macri.

En general, el efecto que puedan tener los debates sobre la modificación de la distribución de votos parece diluirse por el efecto de las PASO, que ya han posicionado al candidato del Frente de Todos, 15 puntos por arriba de los demás. En efecto, las encuestas que se realizaron después del primer debate mostraron que tanto Alberto Fernández como Mauricio Macri crecieron en intención de voto, con diferencias de entre 16,29 y 22,5 puntos a favor de Fernández.

 

Desafíos del próximo presidente

Así las cosas, vaticinando un resultado cómodo para el Frente de Todos con un caudal de votos en torno al 50% y algo más de 20 puntos de diferencia respecto de Juntos por el Cambio (umbral suficiente para ganar en primera vuelta), el próximo presidente tendrá dos grandes desafíos. El primero es económico, y se tratará de poder conjugar las exigencias de los tenedores de deuda y el FMI, con las demandas de los ciudadanos, que han votado a un candidato que les ha prometido restituir su poder adquisitivo.

El segundo desafío es político y se relaciona con el interrogante de si, dada la heterogeniedad de la coalición que representa, Fernández tendrá o no autonomía para desarrollar su propio plan de gobierno, con independencia de su vicepresidenta. Por ahora, lo que sabemos es que, aunque Cristina trajo un importante porcentaje de votos, sobre todo de la provincia de Buenos Aires, Alberto ya ha cobrado fuerza propia atrayendo también votos en provincias que han sido históricamente adversas al kirchnerismo, como Santa Fe, Mendoza y Córdoba. Cosechar apoyos que se atribuyan exclusivamente a su figura, gracias a su trayectoria de moderación y su buena relación con los gobernandores, podría darle espalda de cara al poder político propio que necesita construir para poder gobernar.

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