La congresista Alexandria Ocasio-Cortez en un acto de campaña de Bernie Sanders en Cedar Rapids, Iowa./STEPHEN MATUREN/GETTY

Primarias demócratas: Iowa es clave

JORGE TAMAMES
 |  30 de enero de 2020

En las primarias demócratas y elecciones presidenciales de 2020, que se celebrarán en noviembre, no solo está en juego el futuro de Estados Unidos, sino también el impacto de su próxima presidencia en el resto del mundo, si es que la hay. Desde Política Exterior cubriremos el proceso con una serie especial, coordinada por Jorge Tamames. 

 

Comienzan las primarias del Partido Demócrata. Entre febrero y junio, 56 circunscripciones (50 Estados y seis territorios) celebrarán votaciones y caucus (asambleas de partidos) para elegir a un nominado –o nominada– en la convención demócrata, que tendrá lugar del 13 al 16 de julio. El Partido Republicano no depara sorpresas. Celebrará su convención entre el 24 y 27 de agosto y su candidato, Donald Trump, se juega la reelección en las elecciones presidenciales del 3 de noviembre.

¿A quién se enfrentará? Tras casi un año de precampaña y siete debates televisados (quedan otros tres), sigue siendo imposible determinar qué candidato obtendrá la nominación. El centroizquierda en 2020 está dividido, como el Partido Republicano en 2016 (lo que facilitó a Trump obtener la nominación). A nivel ideológico, el conservadurismo de Joe Biden, vicepresidente de Barack Obama, se enfrenta a la “revolución política” del senador socialista por Vermont, Bernie Sanders. Como opción intermedia, la senadora por Massachusetts Elizabeth Warren, del ala izquierda del partido pero más moderada que Sanders. Biden y Sanders cuentan con una hoja de ruta clara para obtener la nominación. Warren tiene menos posibilidades de ganar y compite contra varios candidatos moderados de segunda fila: Pete Buttigieg, Michael Bloomberg y Amy Klobuchar.

Un frontrunner (candidato principal), un insurgente y varios contendientes con posibilidades de sorprender (dark horses, en la jerga electoral). Ante semejante escenario, el arranque en Iowa, que celebra sus caucus el 3 de febrero, resultará determinante. Pero también importarán los otros tres early states, Estados que se anticipan celebrando primarias (New Hampshire el 11 de febrero, Nevada el 22, Carolina del Sur el 29), así como el supermartes (3 de marzo) en el que votan quince jurisdicciones, incluido el Estado más poblado y relevante del país, California. A partir de ahí, cada martes de marzo presenciará primarias en varios Estados, por lo que a principios de abril podría emerger un ganador. De lo contrario, el Partido Demócrata se encaminará hacia una convención disputada.

A continuación, repasamos las opciones y posibilidades de Biden, Sanders y los dark horses.

 

Biden: resistir es vencer

La posición de Biden puede recordar a la de Hillary Clinton en 2016, pero el símil es engañoso. Clinton solo se enfrentaba a un Sanders que armó una campaña improvisada sin expectativas de ganar. Además, contaba con el respaldo del establishment demócrata y una mayoría de votantes latinos y negros, imprescindibles para obtener la nominación. Hoy las élites demócratas no apoyan a Biden con unanimidad; la campaña de su principal rival está mejor organizada, y la ventaja entre votantes negros es mucho menor que en 2016 (entre latinos, Sanders le sobrepasa). Su posición se ha debilitado a lo largo de enero y se expone a perder en varios early states.

 

BIRACEBIAGEApoyo a los principales candidatos según etnicidad y edad. Fuente: Business Insider.

 

No obstante, dispone de dos recursos útiles. Según los sondeos, y a diferencia de Clinton en 2016, Biden es –por poco– el demócrata más competitivo contra Trump. En segundo lugar, retiene un promedio de cinco puntos sobre Sanders, su rival más próximo. Todo esto le permite construir un aura de inevitabilidad en torno a su figura. El mensaje: su candidatura es la primera, además de la única viable. Así que urge dejarse de disputas internas y veleidades izquierdistas para centrarse en derrotar a Trump.

Para que ese discurso cuaje, Biden necesita dos cosas. En primer lugar, un arranque fuerte en Iowa que le permita aguantar la probable victoria de Sanders en New Hampshire. Si el lunes no queda primero (las encuestas le sitúan cerca de Sanders) necesita terminar en un segundo puesto ajustado. Al tratarse de un caucus y no unas primarias, le resultará imprescindible el apoyo de candidatos moderados –como Klobuchar– que no alcancen el 15% de apoyo necesario para obtener delegados en Iowa. En segundo lugar, los votantes negros –en concreto los de mayor edad– deben hacer de “cortafuegos” en Estados más diversos (es decir, menos blancos que Iowa y New Hampshire) frente a su rival, como ya lo hicieron con Clinton. Si cumple con estas dos condiciones y continua revirtiendo el liderazgo de Sanders en las encuestas de California, podría arrancar el mes de marzo como líder y presionar al resto de candidatos moderados para que le apoyen.

En resumen, Biden necesita aferrarse a su primera posición, aunque sea por un margen escaso, para presentar unas primarias prolongadas como un proceso irresponsable que debilita al partido de cara a noviembre. El espectro de un arranque débil pesa sobre su campaña: ningún candidato demócrata reciente se ha hecho con la nominación sin ganar en Iowa, New Hampshire o ambos.

 

Sanders: campaña de remontada

En octubre nadie apostaba por Sanders. Tras sufrir un infarto y renqueando en las encuestas, su viabilidad parecía dudosa. Entonces sucedió algo llamativo. Las estrellas emergentes de la izquierda demócrata –Alexandria Ocasio-Cortez e Ilhan Omar– le apoyaron en el momento de mayor debilidad. Sus partidarios acudieron en masa (unos 27.000) a su primer mitin tras salir del hospital. La resistencia de Sanders guarda relación con el entusiasmo que inspira entre sus seguidores, unido al músculo organizativo que lleva construyendo durante cuatro años, convencido de que su candidatura debe construir un movimiento popular poderoso. En el cuarto trimestre de 2019, su campaña recaudó 34,5 millones de dólares en micro-donaciones, de modo que solo el multimillonario Bloomberg puede competir con su financiación electoral.

Sanders llega a Iowa en una posición envidiable. Los sondeos en el Estado le otorgan una pluralidad del voto y algunas encuestas nacionales le empatan con Biden. Pero esta remontada ha sido tan repentina que los demás candidatos apenas han tenido tiempo de unirse contra su ascenso. De esta manera, desembarca sin tener que satisfacer expectativas inasumibles. El entusiasmo y organización de sus militantes debería ayudarle en los caucus, donde es necesario convencer a otros asistentes, no solo hacer acto de presencia y votar.

En su escenario ideal, Sanders evita que la nominación se convierta en otro cuesta arriba agotador contra el establishment demócrata. Primero, con victorias contundentes en Iowa y New Hampshire. Un primer puesto más ajustado en Nevada –gracias al voto latino– y un segundo lugar aceptable en Carolina del Sur (gracias a los votantes negros jóvenes, que se inclinan por Sanders; así como por la pérdida de apoyo de Biden entre los más ancianos, tras revelarse que apoyó recortes a la seguridad social) le permitirían llegar al supermartes como frontrunner y ganar holgadamente en California, donde lidera las encuestas. A partir de ahí podrá –y necesitará– consolidar suficiente ventaja como para evitar que la convención, organizada por demócratas moderados, se convierta en una emboscada.

 

iowaPromedio de encuestas en Iowa desde agosto hasta enero. Fuente: RealClearPolitics.

 

Klobuchar, Warren, Buttigieg y Bloomberg: “voy a tener suerte”

A estos candidatos no les basta con desempeñarse bien. Necesitan que sus principales rivales tropiecen, dándoles oxígeno y una viabilidad de la que ahora carecen. Klobuchar, que ha recibido impulso en la recta final de la campaña, debe demostrar que es algo más que una moda pasajera, común en primarias con tantos candidatos. Warren y Buttigieg hacen frente a un problema común: su base de apoyo, votantes blancos con altos niveles educativos, no les permite sobrevivir electoralmente de Nevada en adelante, donde el voto de minorías latinas y negras –que en muchas primarias demócratas son más bien mayorías– es clave.

A Bloomberg le sucede al revés. El antiguo alcalde de Nueva York (entonces republicano) ha optado por no presentarse en los early states y desembarcar con fuerza el 3 de marzo, gracias a una campaña abrumadora en redes y televisiones –ya se ha gastado más de 200 millones de dólares en anuncios–. La cuestión es que, a menos que entre con fuerza inesperada, difícilmente logrará hacerse un hueco a esas alturas. Además su empeño, que restaría votos centristas a Biden, parece remar en dirección contraria a lo que siempre ha defendido: evitar unas elecciones entre Sanders y Trump, a los que considera demasiado extremistas.

Ninguno de estos candidatos parece tener posibilidades de ganar. A los que se presentan en Iowa les puede beneficiar el alto porcentaje de indecisos –entre un 33% y 40%, según las encuestas–, que redundaría en su favor si logran dar un golpe de efecto de última hora. A los cuatro les ayuda también que el Partido Demócrata permanezca tan fragmentado, lo que evitará que haya un ganador claro durante al menos el primer mes de primarias. En última instancia, y si todo lo demás fracasa, pueden apostar por llegar hasta una convención disputada, en la que alguna maniobra del aparato demócrata les deje en una posición ventajosa. Y si todo lo demás falla, siempre pueden postularse para vicepresidentes –o vicepresidentas– del candidato ganador.

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