POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 182

La demografía no es el destino

DAVID E. BLOOM, DAVID CANNING Y ALYSSA LUBET
 | 

El envejecimiento presenta desafíos como el aumento del gasto en salud, la necesidad de cuidados a largo plazo y la reducción de la población activa. Una combinación acertada de políticas públicas puede hacerlos frente.

La población mundial envejece rápidamente y la proporción de adultos de más edad nunca ha sido tan alta en el planeta. En 2015, se estimó que el 8,3% de la población mundial (más de 600 millones de personas) tenía una edad de 65 años o más y que alrededor del 1,7% (más de 125 millones) superaba los 80. Se prevé que en 2050 estas proporciones hayan aumentado drásticamente; para ese año un 15,8% de la población mundial (1.500 millones de personas) tendrá 65 años o más y un 4,3% (420 millones), 80 o más. Existen tres factores principales que impulsan esta transición: la disminución de la fecundidad, el aumento de la longevidad y el envejecimiento de amplios grupos de población.

La disminución de las tasas de fecundidad es un factor determinante en el envejecimiento de la población. Gracias a un control de la natalidad más accesible y eficaz y al aumento de la supervivencia infantil, así como a cambios culturales, las tasas de natalidad disminuyeron notablemente a lo largo del siglo XX. En 1950, la tasa global de fecundidad (TGF) rondaba un promedio de 5 hijos por mujer; en 2015, había disminuido a la mitad. Para 2050, la TGF habrá descendido hasta aproximadamente los 2,2 hijos por mujer. En muchos países, las tasas de fecundidad se encuentran hoy muy por debajo del índice de sustitución demográfica a largo plazo, que equivale a algo más de dos hijos por mujer.

También la mayor longevidad ayuda a explicar el envejecimiento de la población. A nivel planetario, los niños nacidos en 1950 tenían una esperanza de vida media de…

PARA LEER EL ARTÍCULO COMPLETO