Autor: Peter Mair
Editorial: Alianza
Fecha: 2015
Páginas: 173
Lugar: Madrid

La política y la nada

JORGE TAMAMES
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“La era de la democracia de los partidos ha pasado”. Así se pronunció el politólogo irlandés Peter Mair en la primera frase de Gobernando el vacío: la banalización de la democracia occidental, el que fuera su libro póstumo y más reconocido. El ensayo, desarrollado a partir de un artículo publicado en 2006 en la revista New Left Review, fue publicado por la británica Verso en 2013 y traducido por Alianza en 2015.

Trece años después de su primera formulación y siete tras el fallecimiento de Mair, su advertencia es más pertinente que nunca. “Aunque los partidos permanecen, se han desconectado hasta tal punto de la sociedad en general y están empeñados en una clase de competición que es tan carente de significado que ya no parecen capaces de ser el soporte de la democracia en su forma presente”. Con este arranque lúgubre, el autor cuestionaba también su propio pasado académico, más optimista respecto al futuro de los partidos políticos europeos. Pero Mair no despotrica. Combina un trabajo empírico extenso y riguroso con una tesis clara y relevante, expresada en un lenguaje directo. Un ejemplo de lo que la investigación en ciencias políticas debiera ser.

¿En qué consiste la banalización de la democracia? Mair describe un movimiento de retirada recíproco. De una parte, los ciudadanos abandonan la política democrática. Así lo muestran los datos de Europa occidental: menos votantes, mayor volatilidad electoral, así como menos identificación y militancia partidista son tendencias que se han acelerado dramáticamente desde la década de los noventa. La evidencia histórica, cuidadosamente recabada, indica que la edad de oro de los partidos políticos en la posguerra europea está llegando a su fin.

Por otra parte, los propios políticos se retiran de la vida partidista, haciendo carrera en las estructuras del Estado o el sector privado. Tony Blair fue un pionero de esta moda, alardeando frecuentemente de sus escasos vínculos con el mundo de la política. («En realidad nunca estuve en política –llegó a decir en una entrevista con la BBC cuando era primer ministro–. Ni siquiera ahora me siento un político».) El resultado sería un cambio profundo en la naturaleza de los partidos, cada vez menos propensos a implicarse con actores sociales y más dependientes del Estado para su financiación y regulación. La cuestión es si la democracia puede sobrevivir a la extinción de una de las instituciones que la apuntaló en su versión actual.

Aunque no detalla el vínculo de manera explícita, Mair relaciona esta tendencia con la globalización y el auge del neoliberalismo. Al tiempo que se alejan de la sociedad, los partidos se acercan entre sí en la defensa de un orden socioeconómico que no admite cuestionamientos a nivel nacional. Una proximidad que camuflan teatralizando su rivalidad. De esta forma, la política ya no requiere compromiso e implicación personales, sino que “se ha convertido en parte de un mundo exterior que se observa desde fuera”, como la televisión. Mair coincide así con las críticas a la “democracia de audiencia” y la política-espectáculo que ya hicieron teóricos como Bernard Manin o Giovanni Sartori.

 

Europa como huida hacia adelante

Ante este panorama, Mair vio en la Unión Europea un intento de solucionar el problema forzando la despolitización hasta un punto de no retorno. Describe la UE como “un sistema político construido por los líderes políticos nacionales como una esfera protegida en la que la actividad política pueda sortear las limitaciones impuestas por la democracia representativa”. Con la autoridad que asigna a instituciones como el Banco Central Europeo y su capacidad para normalizar entre electorados nacionales la noción de que gran parte de la toma de decisiones políticas transcurre en un ámbito ajeno a la participación democrática, la Unión habría solucionado el reto de la participación decreciente decretándola como innecesaria en primer lugar. El reto, en ese sentido, no sería volver Europa más democrática, sino volver la democracia más “europea”.

Lejos de percibirse como un problema, esta deriva ha sido celebrada por comentaristas y expertos reputados, como Fareed Zakaria o, en el caso de la UE, Giandomenico Majone. Se da la paradoja de que, en un momento en que cada vez más sociedades son nominalmente democráticas, el contenido de la democracia liberal se redefine, reforzando el liberalismo en detrimento de la soberanía popular, como ha descrito la filósofa Chantal Mouffe.

El resultado está a la vista. Las protestas que han hecho tambalearse a Emmanuel Macron pueden interpretarse como un ejemplo de la teoría de Mair puesta en acción. Si el caso francés pudiera atribuirse a su particular sistema político y la autoridad excesiva que otorga al presidente de la república, existen casos distintos que también refuerza la tesis de Gobernando el vacío. En España, señalada por el Financial Times como un ejemplo de la volatilidad electoral que crece en Europa, «la clase política» ya se percibe como el segundo mayor problema del país, según el CIS. La desafección y la apatía no son incompatibles con volatilidad, polarización y sobresaltos electorales.

Se hace cada vez más patente que el poder político en Europa se ejerce sobre un abismo. Hoy ese abismo devuelve a los gobernantes una mirada antipolítica, frustrada y peligrosa.