POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 154

Llovió en Iqaluit

PETER HARRISON
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El cambio climático no es tan evidente ni veloz en ninguna otra parte del mundo como en el Ártico. El gran interés por la región solo se ve superado por la ignorancia sobre ella. Abundan los mitos y la desinformación. Invertir en conocimiento es esencial.

El pasado lunes llovió en Iqaluit”. Con estas palabras comencé mi curso de posgrado sobre “Cuestiones políticas septentrionales y árticas” en la Universidad Queen’s, para sorpresa de algunos estudiantes. Esta frase puede parecer banal, pero tiene una extraordinaria implicación ambiental, social, cultural, económica y geo­política. ¿Por qué? El lunes en cuestión era 3 de enero de 2011. La noticia del tiempo apareció al día siguiente en el informativo nacional de la CBC Radio, ente público canadiense.

Iqaluit es la capital de Nunavut, antigua Frobisher Bay: 63 ° 44’ N, 68 ° 30’ O; población en 2011: 6.699 habitantes. El impacto del cambio climático y el calentamiento global no es tan evidente y veloz en ninguna parte del mundo como en las regiones polares, particularmente en el Ártico. ¿Qué es lo que está ocurriendo? Las temperaturas medias del aire y del mar están subiendo. El hielo marino se está derritiendo y retrocediendo, y las capas heladas de varios años están desapareciendo a un ritmo más rápido de lo que se preveía hasta hace poco. En septiembre de 2007, la capa de hielo del océano Ártico era 2,5 millones de kilómetros cuadrados menor que el promedio entre 1979 y 2000. Este patrón se ha mantenido en los últimos años. Las zonas anteriormente cubiertas por el hielo se están convirtiendo en navegables y esto sucede durante periodos más largos de tiempo…

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