AFKAR-IDEAS  >   NÚMERO 51

Los estragos de un golpe de Estado fallido

HENRI J. BARKEY
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Turquía se enfrenta a un triple desafío: la gobernanza, el papel de las fuerzas armadas y el probable drástico recrudecimiento del problema kurdo.

El sangriento intento de golpe de Estado en Turquía del 15 de julio de 2016 ha sacudido la política y la sociedad del país hasta los cimientos. Paradójicamente, a veces el impacto de un golpe fallido se puede sentir mucho más profundamente que algunos de los que logran su objetivo. En el pasado, el ejército turco había intervenido para “corregir” la trayectoria de los políticos y de las principales instituciones. Esta vez, sin embargo, puede que el golpe fallido haya desatado un movimiento contra-correctivo que acelerará, profundizará y formalizará los cambios que el presidente Recep Tayyip Erdogan ha ido introduciendo poco a poco. Con ello, los conspiradores habrán desencadenado una serie de acontecimientos que supondrán exactamente lo contrario de lo que querían conseguir.

El objetivo de este artículo es analizar las tendencias anteriores y posteriores al golpe en la economía y la política, así como en el interminable problema kurdo.

 

Del pasado al presente

En la actualidad, Turquía vive una reestructuración total de sus instituciones políticas, sus bases ideológicas y hasta de su identidad. Esta reestructuración de su esencia es tan significativa, e incluso tan revolucionaria, como lo fue la kemalista hace casi un siglo. En aquel entonces, Mustafa Kemal Atatürk, fundador de la moderna república turca, él solo y por la fuerza, sacó a un país atrasado y derrotado del atolladero en que se encontraba y lo llevó a lo que denominó “modernidad”. De hecho, Kemal había declarado que su meta era que Turquía se convirtiese en parte de lo que él llamaba la “civilización contemporánea”. Sin embargo, en la práctica, tal “civilización contemporánea” no representaba ningún conjunto normativo ni de ideas, ni valores. Por…

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