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Tratado de Libre Comercio UE-India: ambición y realidad

GAURI KHANDEKAR
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India sigue incómoda por la insistencia de la UE sobre las cláusulas de desarrollo sostenible jurídicamente vinculantes en materia de derechos humanos, medio ambiente y normas laborales. Muchos creen que allanarían el terreno a la interferencia extranjera en asuntos políticos internos.

La Asociación Estratégica Unión Europea-India, anunciada en 2004, destacó por su gran ambición en el desarrollo integral del comercio bilateral y las relaciones de inversión de la UE-India y dio lugar posteriormente al Plan de Acción Conjunto UE-India de 2005, en el que se pidió a ambas partes “adoptar medidas positivas para aumentar más aún el comercio bilateral y la cooperación económica y para hacer frente a las barreras del comercio y la inversión”. Un Tratado bilateral de Libre Comercio (TLC) serviría, en teoría, para cumplir esta aspiración, superar el estancamiento en el plano multilateral y reforzar el papel de la UE como actor global. Se creyó que ciertos valores compartidos como el de la democracia harían más fácil el entendimiento común. Pero tras cinco años de negociaciones, el largo alcance del Acuerdo Bilateral de Comercio e Inversiones (BTIA) dista mucho de la realidad.

Siguen existiendo errores, como incumplir numerosos plazos y prometer entregar en cada cumbre el tan necesario TLC. La relación UE-India padece cumbritis. El interés principal se focaliza en las cumbres y los anuncios de prestaciones, y poco más sucede durante el año. Es también el único momento en que se encuentran los vértices de liderazgo en las dos partes y se hace balance de los progresos. Si bien esto ha mejorado: la alta representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Catherine Ashton, viajó a India antes de la cumbre de 2012 y el ministro indio de Comercio e Industria, Anand Sharma, visitó Bruselas a finales de junio, lo que supone un…

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