Xi Xinping en el Gran Salón del Pueblo, Pekín. NICOLAS ASFOURI-POOL/GETTY

Recorrido visual por #PolExt194

Repasamos fotografía a fotografía, mapa a mapa, el número de marzo/abril de 'Política Exterior'.
POLÍTICA EXTERIOR
 |  3 de abril de 2020

El Gran Hermano nos vigila.

«Ya no debemos albergar ilusiones sobre la moralidad inherente de las redes, ni sobre la calidad intrínsecamente social, inclusiva y democrática de la ‘conexión’. Al contrario, la conexión digital es hoy un simple medio para los fines comerciales de un tercero. El capitalismo de vigilancia es parasitario hasta la médula, replicando la descripción del capitalismo propuesta por Karl Marx en El 18 de Brumario de Luis Bonaparte: un vampiro que se alimenta del trabajo. Solo que ahora el trabajo ha sido reemplazado por la experiencia humana privada». Shoshana Zuboff. El capitalismo de la vigilancia.

Estrecho de Malaca: nuevo centro de gravedad del planeta.

«Para China, pero también para Japón y Corea del Sur, es vital la libre circulación marítima por el Estrecho que conecta el mar de China Meridional con el golfo de Bengala en el Índico. Por ello, Pekín debe protegerse de un eventual bloqueo, que solo puede venir de EEUU y de su flota en el Pacífico, y que colapsaría la economía china. Para Japón y Corea del Sur es de vital importancia garantizar que esa capacidad de bloqueo no pueda ser ejercida por China, a través del cada vez más agresivo intento de control militar por parte de Pekín en el mar de China Meridional. Esto requiere, inevitablemente, el compromiso y la protección de EEUU». Josep Piqué. El Sureste asiático toma el relevo a Oriente Próximo.

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Querido embajador…

«La competición entre Washington y Pekín se centra cada vez más en la adquisición de una posición dominante en las nuevas tecnologías, con consecuencias tanto sobre el liderazgo de la economía del futuro como sobre las nuevas capacidades en materia de seguridad y defensa. ¿Tendrá Europa la voluntad de medirse en este campo con China y EEUU o será un mero escenario de esta competición descarnada?». Fidel Sendagorta. Nuevo poder chino, despertar europeo.

«La ola nacionalista y proteccionista que el presidente de EEUU, Donald Trump ha desencadenado en su país ha despertado un amplio resentimiento contra China que durará más allá de la pesadilla de su presidencia». Jaime de Ojeda. El enfrentamiento como síntoma.

«Es ya muy tarde para parar a China. Nixon, Carter o Clinton pudieron hacerlo, pero primaron otros intereses sobre la contención geopolítica del gigante dormido, prefiriendo olvidar la lúcida profecía de Napoleón. Incluso si EEUU hubiese iniciado la guerra económica contra China una década antes, habría podido causar un daño catastrófico a su economía». Eugenio Bregolat. Es ya muy tarde para parar a China.

El enemigo invisible.

«Desgraciadamente, China ha enseñado al mundo cómo este esfuerzo puede salir mal, convirtiendo una crisis en una catástrofe. El gobierno de Xi ha proporcionado un sinfín de datos, pero su credibilidad –o la ausencia de tal– está inextricablemente ligada a los métodos de gobernanza, censura, intimidación y seguidismo del PCCh. Al resto del mundo le toca pronosticar y prepararse sin saber qué clase de estragos es capaz de infligir realmente el coronavirus». Laurie Garret. Cómo hacer de una crisis una catástrofe.

Vecinos, rivales.

«La creciente rivalidad entre China y EEUU eleva la apuesta de ambos por India, al tiempo que fuerza a Nueva Delhi a caminar con pies de plomo. Washington la necesita para frenar el ascenso del Imperio del Centro, pero EEUU es un socio demasiado dominante para abrirle las puertas de par en par y es evidente que no le conviene enemistarse con su poderoso vecino». Georgina Higueras. India, oscuro objeto de deseo.

El mar de la discordia.

«Una zona marítima con importantes yacimientos de gas y petróleo sin explotar, además de abundantes recursos marinos, que también revindican Filipinas, Vietnam, Brunéi, Malasia y Taiwán. Unas aguas, por otra parte, de vital importancia estratégica para el tráfico comercial marítimo del planeta». Isidre Ambrós. Sueños chinos, pesadillas asiáticas.

Orwell en Pekín.

«Si no se le planta cara, Pekín ofrece un futuro distópico en el que nadie está fuera del alcance de sus censores y donde el mencionado sistema internacional de derechos queda tan debilitado que no sirve para monitorear la represión ejercida por gobiernos». Kenneth Roth. China, amenaza para los derechos humanos.

El clima, a debate.

«El éxito del Acuerdo de París dependerá de la forma en que los cuatro nuevos bandos compartan el poder político durante la década de 2020; es decir, si los alarmistas podrán adoptar lo mejor de las ideologías tibias y tecnomitigadoras, persuadir a cada vez más indecisos y derrotar a los carbonistas». Noah Gordon. Los frentes del nuevo debate climático.

Arabia Saudí, reforma y contrarreforma.

«Los saudíes intentan asimilar el giro de timón que ha supuesto MBS, a la espera de que las reformas se traduzcan también en puestos de trabajo y perspectivas de futuro. Pero la sociedad del reino, más diversa de lo que sus gobernantes admitían en el pasado, sigue siendo muy conservadora. A pesar de que muchas mujeres, sobre todo jóvenes urbanas, han cambiado las abayas negras por otras de colores e incluso se muestran en público con la cabeza descubierta, la mayoría todavía se tapa la cara con el nicab». Ángeles Espinosa. Arabia Saudí, la revolución desde arriba.

¿Quién controla Siria?

«El régimen sirio intentará crear una zona económicamente viable en las regiones que mantiene bajo su control, sobre todo en el oeste. Sin embargo, el gobierno se enfrenta al enorme desafío de controlar el déficit fiscal, estimado en un 35% del PIB para 2020. No está claro cómo planea hacerlo, sobre todo teniendo en cuenta la situación económica que atraviesan sus dos principales aliados, Rusia e Irán. […] Así las cosas, el régimen podría convertirse en un Estado fallido si no cuenta con ayuda externa.». Marwan Kabalan. El futuro de Siria está en manos de terceros.

Nuestro casi gran hombre.

«Holbrooke quiso ser un “gran hombre”, pero, quizá porque había llegado demasiado tarde, quizá por las taras de su personalidad que Packer describe con crudeza y humanidad –su incapacidad total para la introspección, sus prisas y su necesidad de quemar etapas, su particular diplomacia caótica y antidiplomática (brusca, improvisada, impulsiva, demasiado humana)–, quizá porque su país ya no daba más de sí, nunca alcanzó el objetivo». Marc Bassets. Elegía por un mundo perdido.

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