Referéndum italiano, elecciones austriacas: Europa alerta

MARCOS SUÁREZ SIPMANN
 |  1 de diciembre de 2016

El populismo en Europa presenta rasgos comunes. Sobresalen dos. Sus soluciones simplistas y engañosas a problemas complejos. Y su rechazo a la idea de la integración europea. Sin embargo, no existe un populismo europeo. Hay manifestaciones diversas en los países de la Unión Europea. Italia y Austria son claros ejemplos de ello. En ambos países, que en cierto sentido funcionan “a pesar de su gobierno”, se celebran elecciones el 4 de diciembre.

Desde 1945 Italia ha tenido 65 gobiernos (1,07 por año). El primer ministro y líder del Partido Democrático (PD), de centroizquierda, Matteo Renzi, ha impulsado una serie de reformas constitucionales para terminar con el actual sistema bicameral, donde Cámara Baja y Senado cuentan con los mismos poderes, duplicando inútilmente sus funciones. Según Renzi, esto ha afectado a la estabilidad política y eficacia del ejecutivo. El primer ministro busca asimismo acabar con la virtual parálisis generada por los conflictos entre poderes. Cree que es el único camino para las necesarias reformas económicas –la deuda pública supera el 130% del PIB– y para terminar con un sistema estancado. La oposición opina, en cambio, que entregarían demasiado poder al órgano gubernamental. Un argumento equívoco puesto que no habrá poderes adicionales para un jefe de gobierno que, además, cuenta con menor autoridad que sus homólogos europeos.

La consulta se realiza a propuesta de Renzi, quien ha señalado que dimitirá si fracasa. El primer ministro afirma que es un voto por el país y pide a los que piensan votar No solo por antipatía hacia él que reflexionen. Demasiado tarde. El mal ya está hecho. El mismo Renzi ha reconocido haberse equivocado al personalizar el referéndum.

Las reformas son sustanciales. Lo que ocurre es que no se decide el contenido de las mismas. Muchos italianos golpeados por la crisis consideran votar No como una forma de mostrar su irritación y desencanto. Una consulta vital para el futuro y con el potencial de desbloquear la situación corre el peligro de convertirse en un voto de castigo.

Para los partidos opositores, de lo que se trata es de provocar la dimisión del gobierno. Desde el populista Movimiento Cinco Estrellas (M5S) de Beppe Grillo hasta la xenófoba Liga Norte. Incluso el octogenario líder de Forza Italia, Silvio Berlusconi, de acuerdo en un principio con la reforma constitucional, vuelve a la carga. Aspiran a volver al poder. Incluso el M5S, que desde hace unos meses proclama su disposición a gobernar. Hasta la oposición interna en el PD pretende deshacerse de Renzi para mantener sus opciones en lo que se presenta como una larga lista de posibles coaliciones. La eterna inestabilidad italiana.

Lo que Renzi intenta es reconciliar a los ciudadanos con el Estado; una relación caracterizada en Italia por la desconfianza y la suspicacia. Ha dado pasos correctos para empezar a levantar la economía. Este político joven y decidido, pieza importante en el futuro del continente, quiere añadir al motor franco-alemán una tercera pieza fundamental, sobre todo tras el Brexit. Pero París y Berlín siguen reduciendo su concepto de Italia erradamente al de un país con demasiadas deudas y estereotipos. Algo que Renzi quiere cambiar dotando a su país de mayor fuerza en Europa. Si no lo consigue continuará el bloqueo en Roma. Y, aún peor, en Bruselas, donde tanta falta hacen políticas comunes. Sobre todo para enfrentarse al mayor reto: la inmigración.

La mayoría de los sondeos prevé una victoria del No, lo que puede llevar a elecciones anticipadas. Esos comicios darían la victoria a partidos contrarios a la UE. El principal beneficiado sería el M5S, que está ganando apoyo en las encuestas. Grillo defiende la salida de la zona euro.

 

¿A la tercera, la vencida?

En Austria tienen lugar las terceras elecciones para elegir al jefe del Estado en lo que va de año. Irregularidades en el recuento de votos han llevado a la repetición de los comicios y despropósitos como las deficiencias en el pegamento de los sobres electorales al aplazamiento hasta la fecha. Medios locales describieron el clima político de “república bananera”.

Los problemas que vive el país –como la crisis migratoria y el desgaste de los partidos tradicionales– no son exclusivos de Austria. Tampoco lo es el alto nivel de insatisfacción con el gobierno (corrupción, nepotismo, reformas paralizadas, problemas en la administración local). Sí lo es el preocupante ascenso de la ultraderecha. El Partido de la Libertad de Austria (FPÖ) practica el populismo más rancio. Carece de postura política consistente y cambia con el estado anímico de la población.

En esta nueva cita electoral el ultraderechista Norbert Hofer y Alexander Van der Bellen, que se presenta como independiente pero está ligado al Partido Verde, siguen virtualmente igualados. El tramo final de campaña está siendo más emocional y vehemente porque solo así se puede movilizar a un electorado hastiado.

Posiblemente el ganador lo sea por un margen –una vez más– estrecho. ¿Habrá un “efecto Trump” en Austria? Hofer no quiere imitar el estilo agresivo del magnate. Sin embargo su partido ve paralelismos. Por ejemplo, el hecho de recibir el apoyo popular imponiéndose a prácticamente todo el establishment político. Van der Bellen, por su parte, prefiere apostar por el efecto disuasorio de la elección norteamericana. Sondeos y expertos se encuentran divididos, aunque dan una ligera ventaja a Hofer.

La salida de la UE es uno de los puntos principales del programa de la formación de Hofer. En Austria el jefe del Estado no tiene apenas poderes ejecutivos y no podría, por ejemplo, convocar un referendo al estilo del Brexit. Esto no debe llevar a minimizar el simbolismo de que la ultraderecha llegue por primera vez a la jefatura de Estado de un miembro de la UE. Se convertiría en ejemplo a seguir por partidos de tendencia análoga y, en general, por los antisistema en Europa. Y esto ante un trascendental año electoral con comicios en Holanda, Francia y Alemania, países con fuertes movimientos populistas que rechazan la UE y el euro.

La frustración ante la todavía imperfecta construcción europea se puede entender. Y la crisis económica no ha hecho más que exacerbar los ánimos. La ira de muchos es comprensible. Pero no su reacción ante los problemas. Si hay un lugar en el mundo donde ha quedado demostrado de forma trágica y concluyente que populismo, nacionalismo y xenofobia no son la solución, ese lugar es Europa.

La UE se juega mucho el 4 de diciembre. Si Renzi pierde el referéndum en Italia y la extrema derecha gana en Austria no será –aún– el desastre. Pero sí un paso más hacia un abismo con gravísimas incógnitas.

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