Renta media, universidades e innovación

La innovación, la apuesta por la investigación y el desarrollo científico y tecnológico han sido clave para que las economías hoy desarrolladas superasen el estancamiento de la renta media y disminuyeran las brechas de desigualdad. ¿Y Latinoamérica?
Jhon Boretto y Roberto Terzariol
 |  2 de enero de 2024

Latinoamérica en general parece estancada en valores medios de PBI per cápita (renta). A lo largo del siglo XX y lo que va del presente, los países de la región han ido progresivamente pasando de ser sociedades de renta baja, según la definición del Banco Mundial, a superar en algunos casos el umbral de la renta alta. Pero esta situación es relativamente reciente y en algunos casos fluctuante por estar muy cerca de ese umbral, y por ende sujeta a cuestiones económicas y políticas coyunturales. Es una opinión generalizada que, para lograr ese afianzamiento y el crecimiento, la innovación resulta la clave. Y esa innovación, por definición, vinculada al desarrollo de ciencia y tecnología propia de la región, debe necesariamente incluir a las universidades como formadoras de recursos humanos básicos y como incubadora de proyectos que se trasladen a la sociedad en su conjunto para el desarrollo definitivo.

 

La renta en Latinoamérica y su clasificación

Según el Banco Mundial, valores de PIB nominal por habitante cercanos a los 1.000 dólares marcarían el límite entre renta baja y media, mientras que superando los 12.300, se estaría ingresando  al grupo de países de renta alta.

Como todos, estos límites están sujetos a críticas, ya sea en su valor específico para el umbral mínimo, criticado por parecer muy bajo, dando la sensación que países están en la renta media cuando apenas superan la baja, como en sus valores relativos, ya que la relación entre el suelo y el techo del sector es de 12. Esto lleva a que algunos organismos como el mismo Banco Mundial y el Comité de Asistencia para el Desarrollo (CAD de la OCDE) hablen incluso de renta media-baja (entre 1.000 y 3.996 dólares) y renta media-alta (entre 3.996 a 12.370 dólares).

Además, se considera insuficiente este parámetro para calificar la situación de un país determinado, asociándole otros indicadores como el Índice de Desarrollo Humano (IDH, según Amartya Sen) que toma en cuenta la esperanza de vida, el nivel de educación, junto a la distribución del PIB corregido por el poder adquisitivo de cada país (PPA) o la distribución de esa riqueza mediante, por ejemplo, el Coeficiente de Gini (CG, según Corrado Gini), ambos también con sus complejidades e inequidades. La gran mayoría de los países de Latinoamérica (excluido Caribe), se ubica en la denominada renta media. Solo tres países, Bolivia, Nicaragua y Venezuela, se ubican en la renta media-baja y siete países se ubican por encima del límite de renta alta, pero cuatro de ellos, Panamá, Argentina, Costa Rica y Guyana, presentan valores apenas por encima del límite inferior de la categoría. De estos últimos, el más estabilizado en esta situación es Chile, y el más recientemente incorporado es Guayana. Entre los demás países de la región México, Brasil, Colombia y Perú, son los de mejor desempeño en los últimos años, incidiendo en ello el tamaño de sus economías y la población.

 

En general, el IDH no es malo en la región, pudiendo decirse que está entre alto y medio, y lo mismo ocurre con la distribución del ingreso según Gini. Otro aspecto a valorar son las denominadas “brechas”. La CEPAL definió en 2012 una serie de brechas que serían los obstáculos a superar como el ingreso, la desigualdad, la pobreza, la inversión y ahorro, la innovación y productividad, la infraestructura, la educación, la salud, la fiscalidad, el género y el medio ambiente. En este caso, y haciendo un análisis global de todas las brechas, se pueden distinguir tres grupos de países.

Ubicándose de izquierda a derecha los países con mejor desempeño en cuanto a las brechas a vencer. El acceso de la mayoría de los países a la mejora en sus rentas se ha debido en general a la explotación de sus recursos naturales (minería, agricultura) y a las ventajas coyunturales relativas de las materias primas en cada uno de ellos. La industrialización en todos ellos es muy variada y primaria. Los países de mejor renta presentan industrias más establecidas y que participan en mayor medida en su PIB, o bien el área de servicios y finanzas está más desarrollada. Pero toda esta situación parece marcar un estado estático de la renta los países latinoamericanos, situación que en otras regiones del mundo –Australia o Canadá a comienzos del siglo XX, Japón en la década de 1960, los “tigres asiáticos” en los años ochenta, o Israel recientemente– ha sido superada por aportes innovadores y desarrollos científicos y técnicos que libraron a esas economías de los vaivenes de los precios de productos primarios o el agotamiento de los recursos naturales.

 

 

El sistema de ciencia, tecnología e innovación

En los países de latinoamericanos los sistemas de ciencia y tecnología, si bien difieren, en general muestran patrones concordantes. Se trata de consejos o agencias oficiales, que atienden las inversiones en el área, promueven las investigaciones y los cuadros de científicos y técnicos, propendiendo a cubrir necesidades y vacantes en determinados aspectos e intereses de cada país.

En particular dependiendo de la constitución política de cada una de las naciones, estas agencias o consejos pueden ser nacionales o estaduales o provinciales. Los países con regímenes territoriales de tipo federal, como son México, Venezuela, Brasil y Argentina, presentan instituciones nacionales de ciencia y tecnología, que conviven con consejos o agencias, provinciales o estatales de promoción, dependientes de sendos ministerios y disponiendo de presupuestos aportados por los Estados nacionales y provinciales o estaduales respectivamente. Estos organismos en general tienen dependencias que se ocupan eventualmente del desarrollo y la transferencia al medio de los resultados de las investigaciones científicas y tecnológicas.

 

 

Por otra parte, existen en los diferentes países de la región organismos de investigación, desarrollo e innovación vinculados a empresas estatales de energía, de agua, institutos de tecnología industrial, de tecnología agrícola, de explotación minera e hidrocarburifera, de hidrología, de oceanografía, o vinculados a instituciones militares y de seguridad. Cada uno atendiendo investigaciones, desarrollos e innovaciones específicos de cada entidad.

Por último, y no por ello menos importante, todas las universidades de la región presentan con diferente grado de desarrollo organismos propios de promoción de investigaciones, desarrollo, e innovación, en ciencia y tecnología. a modo de ejemplo, algunos casos como el de la Universidad Nacional de Córdoba en Argentina, que tiene en su seno una incubadora de Empresas Tecnológicas y de Innovación a las cuales promueve, en sociedad con actores privados, en su fase inicial para que luego se vuelquen directamente al medio.

 

«Los países más desarrollados y aquellos que han logrado pasar a rentas altas han sostenido en el tiempo fuertes inversiones en ciencia y tecnología»

 

Las inversiones en Investigación, Desarrollo e Innovación (I+D+i), en la región son fuertemente dependiente de los Estados, ya que, salvo contadas excepciones, fundamentalmente circunscriptas a cuestiones puntuales de corto plazo, la industria privada no realiza este tipo de financiamiento. En ese aspecto Latinoamérica esta fuertemente rezagada respecto de los valores referidos al PIB que se dan en otras regiones, principalmente Estados Unidos, Europa y Asia Oriental.

Si bien no es absolutamente cierto que a mayor inversión, mayores serán los resultados y viceversa (Italia, por ejemplo, tiene una baja inversión, del 1,5% del PIB, pero es uno de los países con mayor número de patentes), en general los países más desarrollados y aquellos que han logrado pasar a rentas altas han sostenido en el tiempo fuertes inversiones en ciencia y tecnología.

Según datos del Banco Mundial, la media mundial en los últimos 20 años es superior al 2% del PIB, y desde 2017 se verifica un incremento sostenido, llegando a una media superior al 2,6%. Es muy superior en EEUU, Alemania, Austria y Bélgica, con una media por encima del 3,3% y más aún en Corea del Sur, Japón, e Israel, con medias del orden del 4,5% del PIB. Por su parte España, Italia, Canadá y Francia tienen un promedio de 1,5%, ligeramente por debajo del promedio mundial.

Pero la situación es absolutamente opuesta en Latinoamérica, donde la inversión media de los últimos 20 años es del 0,67% del PIB, con mínimos del 0,03% (Guatemala) y máximos del 1,2% (Brasil). Con una tendencia a la baja en últimos ocho años, estabilizada sin crecimiento. Todo ello se traduce en una importante diferencia en la productividad de las economías de la región.

La investigación y el desarrollo tienen una financiación prácticamente gubernamental, mientras que, en las regiones y países más desarrollados, prácticamente se divide en tercios entre el Estado, universidades/ organismos sin ánimo de lucro y empresas privadas.

Las diferencias en valores brutos respecto de los países desarrollados son aún mayores, donde los agentes privados invierten entre 200 y 700 dólares por habitante, mientras que en Latinoamérica en los países con mayor gasto (Argentina, Brasil y Chile) las empresas invierten una media de 50 dólares por habitante, 20-30 dólares por habitante en México, Costa Rica, Uruguay y Venezuela. La inversión gubernamental es más elevada, de 20-35 dólares en Argentina, Brasil, Chile y México, muy inferior a los 150-250 dólares por habitante en los países desarrollados.

La cuestión es más marcada cuando se analiza el resultado, la incorporación de conocimiento a la producción, lo que habitualmente se define como innovación y los factores que sirven para su mejoramiento.

Pese a las críticas que puedan realizare al mismo (demasiado peso a los aspectos formales y políticos y menos a los resultados), el Índice Global de Innovación (GII) de la Organización Global de la Propiedad Intelectual, tomando en cuenta aspectos tales como instituciones, capital humano, infraestructura, sofisticación del mercado, conocimiento, tecnología y creatividad, brinda un marco referencial de la situación regional. Entre los 132 países analizados, Latinoamérica aparece en la posición 50 con Chile, seguido de Brasil (54), México (60), Colombia (63), Perú (65) y Argentina (69), pese a que este último es el país con más investigadores por millón de habitante de toda la región.

 

Universidad, innovación y transferencia

En general las universidades latinoamericanas tienen en sus estatutos y objetivos primordiales buscar la vinculación con el medio, siendo una de las facetas más importantes la búsqueda de necesidades en el medio y la transferencia al mismo de las posibles soluciones desarrolladas en conjunto. Todo ello deviene de la fuerte influencia regional de la Reforma Universitaria, que se generó en la Universidad de Córdoba en 1918 y que permeó en todas las universidades de la región promoviendo el gobierno compartido entre toda la comunidad universitaria, la provisión de los cargos docentes por concursos públicos, la libertad de cátedra y la extensión universitaria. Precisamente esta última es entendida hoy, además de la cultura, la enseñanza y la divulgación, como esa vinculación de investigación, desarrollo e innovación con la comunidad a la que la universidad sirve y de la que se nutre.

 

 

El círculo que vincula el Descubrimiento, la Invención y la Innovación puede sintetizarse en la siguiente figura que relaciona el descubrimiento la invención y la innovación: En esa figura se aprecia la interrelación entre lo que se define como “descubrimiento”, es decir encontrar lo que existe para lo cual es necesaria la curiosidad y la necesidad de búsqueda, la invención, para lo cual es necesaria la ciencia, la tecnología, el ingenio y la creatividad, y finalmente la innovación, que precisa la gestión, el desarrollo y la inversión que resultará en la transferencia a la sociedad.

Para ello es necesario vincularse, nutrirse e interactuar con la sociedad para que la investigación, ya sea básica, aplicada y sus desarrollos, culminen en innovaciones que desenvuelvan en el país o la región a la cual están vinculados.

Si bien pueden citarse experiencias locales de transferencia de resultados de investigación y desarrollo de los centros de estudios superiores al medio, como la creación de cables eléctricos antillana para Pirelli por parte de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en la década de 1970, el desarrollo de equipos de refinación de cobre para cooperativas de chatarreros en Chile por parte de la Universidad Nacional en los años ochenta, o la transmisión de conocimiento en consultoría para grandes obras en Argentina, Colombia y Brasil desde los años noventa, la incidencia de esas experiencias es mínima frente al potencial que tienen las casas de altos estudios al respecto.

 

Innovación para superar la renta media

Como corolario de este análisis puede decirse que la forma que en el resto del mundo se ha logrado escapar del estancamiento de las economías dentro de la llamada renta media y disminuir las brechas de inequidad, ha sido la innovación, como resultado del crecimiento en volumen y calidad de las investigaciones y desarrollos en ciencia y tecnología.

Latinoamérica cuenta con organismos gubernamentales y universidades de prestigio en el campo de la investigación y desarrollo, con diferencias marcadas entre los países, pero que con una colaboración mutua dentro de la región podrían reducirse. En este aspecto la relación Sur-Sur con países de otras regiones (África, Sureste Asiático, etcétera) potenciarían los resultados. En especial para afrontar los desafíos de la agenda 2030 de la Naciones Unidas, y aprovechar las ventajas comparativas de los recursos regionales y su industrialización.

La inversión es la clave para lograr estos cambios, pero como la inversión oficial no alcanza, es necesario acudir al apoyo de instituciones y empresas privadas que apuesten a este desafío tal como ocurre en las regiones más desarrolladas.

En este marco las universidades de América Latina, con su carácter de autonomía, gratuidad, libertad de pensamiento, ingreso irrestricto y calidad en su formación e investigación, deben convertirse en el catalizador de todas estas realidades para finalmente alcanzar los estándares que nuestras sociedades merecen.

Este artículo forma parte del especial “Una agenda común de futuro”.

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