¿Y si Nicolás Maduro tuvo razón?

Pablo Colomer
 |  26 de febrero de 2015

¿Y si Nicolás Maduro quería cambiar? ¿Y si el presidente de Venezuela quería dar un golpe de timón al chavismo sin Hugo Chávez, un cambio de modelo que diese un “sacudón” vigorizante al país? ¿Y si estaba dispuesto a renunciar a la pureza ideológica del socialismo del siglo XXI a cambio de eternizar la memoria de su acuñador (y la suya propia, de paso)? ¿Y si el delfín tenía una hoja de ruta clara para sacar al país de la pendiente, costase lo que costase, pesase a quien pesase? ¿Y si todo se fue al traste por culpa de sus enemigos, los de dentro y los de fuera? ¿Y si Maduro tuvo, al menos durante un tiempo, la maldita razón?

Especulemos un poco. Como buen delfín político, tras llegar al poder Maduro habría querido hacer lo que hacen todos los delfines, edipos incurables: matar al padre y acostarse con la madre. En este caso, liquidar políticamente a Chávez y apropiarse de su legado. Desde el comienzo de su mandato, Maduro insistió en emprender cambios en la política económica, uno de los pilares del régimen bolivariano. Este afán reformador quedó plasmado en la sustitución de un chavista de raza como Jorge Giordani, gurú económico de Chávez, por Rafael Ramírez, capo de PDVSA, más “pragmático”.

Evolución del PIB de Venezuela

La situación económica exigía cambios. El PIB pasaba de crecer un 5,6% en 2012 a un 1,3% en 2013, con una recesión oscureciendo el horizonte. Según estimaciones del Banco Mundial, la economía venezolana se contrajo un 3% en 2014 y está previsto que lo haga un 0,5% este año. Las reservas de divisas habían caído un 28% en 2013, según datos del Banco Central de Venezuela. Y los ingresos por la exportación de petróleo, de los que depende gran parte del presupuesto de gobierno, eran insuficientes para cumplir con los compromisos de gasto. Para añadir dramatismo, la escasez de productos básicos –incluidos alimentos y medicinas– comenzaba a alcanzar niveles preocupantes. Ironías de la historia, Cuba, el modelo a seguir, emprendía en paralelo reformas económicas, o al menos las debatía, alejándose de ideal socialista.

Entre las medidas económicas discutidas estaban la unificación del tipo de cambio, la flexibilización de los controles de precios y, sobre todo, el incremento del precio de la gasolina. Venezuela tiene la gasolina más barata del mundo, en palabras del propio Ramírez. El gobierno estima que ese subsidio supone un coste de 12.500 millones de dólares al año. Ramírez abogó por abrir un debate sobre la necesidad de subir el precio. Maduro lo secundó.

 

Radicalización de la oposición

La oposición interna no tardó en hacerse oír. Como resumen valga el artículo que publicó Giordani tras su salida del ejecutivo, “Testimonio y responsabilidad ante la historia”, donde criticaba la política económica del gobierno y acusaba a Maduro de falta de liderazgo. “Resulta doloroso y alarmante ver una Presidencia que no transmite liderazgo –escribe Giordani–, y que parece querer afirmarlo en la repetición, sin la debida coherencia, de los planteamientos como los formulaba el Comandante Chávez, y en el otorgamiento de recursos masivos a todos quienes lo solicitan sin un programa fiscal encuadrado en una planificación socialista que le de consistencia a las actividades solicitantes. A la vez la política frente a los agentes privados es al menos confusa y las presiones de esos agentes parecen abrir camino a la reinstalación de mecanismos financieros capitalistas que satisfagan los intentos de recapturar excedente petrolero por la vía financiera. A la luz de estos hechos surge una clara sensación de vacío de poder en la Presidencia de la República”.

En el frente externo, la oposición moderada de Henrique Capriles, al frente de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), dio paso a la más radical movilizada por Leopoldo López, María Corina Machado y Antonio Ledezma, partidarios de La Salida, esto es, de que Maduro abandone el poder. El MUD aboga por alcanzar el poder a través de las urnas; La Salida, inspirándose en el Euromadián ucraniano, por tomarlo en la calle.

Entre febrero y mayo de 2014, las principales ciudades del país fueron el escenario de choques entre los manifestantes de la oposición (principalmente jóvenes, la mayoría estudiantes) y los agentes de la policía y la Guardia Nacional. Grupos de civiles progubernamentales, armados y normalmente en motocicletas, conocidos como “colectivos”, participaron con frecuencia en los choques. Según fuentes oficiales, 43 personas murieron durante los enfrentamientos, 35 en el bando de los manifestantes, ocho en el de las fuerzas gubernamentales. La mayoría de los asesinatos permanecen sin resolver.

Ante una guerra en dos frentes, uno interno y otro externo, ¿qué podía hacer Maduro? Una opción era armarse de valor y defender a brazo partido su hoja de ruta original, pesase a quien pesase, ya acabarían viendo la luz. Pero Maduro era un líder débil, doblemente cuestionado, y esa opción se asemejaba demasiado a un suicidio político. Maduro optó, claro está, por el camino de la supervivencia, echándose en brazos de los radicales conocidos. Podría haber citado a Roosevelt: “Son unos hijos de puta, pero son mis hijos de puta”.

 

Y el colapso, cuándo

Al principio de su mandato, Maduro habría sido un líder débil con las ideas claras. Pasados casi dos años de su llegada al poder, Maduro sería un líder fuerte sin demasiadas ideas. Si Maduro tuvo razón, parece haber dejado de tenerla. ¿Qué le quedaría? Algo de lo que, en parte, carecía al principio: poder.

Especulaciones aparte, Ramírez abandonó la vicepresidencia económica, sustituido por el general Rodolfo Marco Torres (consolidando el poder de los militares en el gobierno), mientras los elementos más radicales (Marea Socialista, Frente Francisco de Miranda) cerraban filas con el presidente. En cuanto a la oposición, Corina Machado fue expulsada de su escaño en la Asamblea Nacional; López lleva un año en prisión, acusado de conspiración entre otros cargos, y Ledezma acaba de ser arrestado acusado de estar detrás de un supuesto golpe de Estado.

Venezuela es el país con la inflación más alta del mundo, caen las inversiones, hay escasez severa, pero de ahí a predecir que “el gobierno está caído, que en cualquier momento hay una explosión social… eso son hipótesis, creo que se exagera”, afirma Luis Vicente León, presidente de Datanálisis, en esta entrevista reveladora.

Javier Ciurlizza señala que no podemos descartar un colapso repentino del régimen provocado por discrepancias internas y una desestabilización externa. Pero que la gran amenaza no es esa, sino una agonía prolongada de Venezuela que lleve al país al borde la implosión social.

A pesar del descontento generalizado, las protestas no cuajaron en las partes más pobres de las ciudades, tampoco en las zonas rurales, donde el gobierno aún mantiene un apoyo considerable. Aunque eso podría cambiar si la situación económica sigue deteriorándose. De acuerdo con estadísticas oficiales, el porcentaje de hogares que viven en la pobreza subió un 6% en 2013, hasta alcanzar el 27,3%; aquellos en la extrema pobreza pasaron del 7,1 al 9,8%. La pobreza, sin embargo, es baja según estándares regionales. La tasa media de América Latina es del 27,9%: Colombia (32,9%) y Ecuador (32,2%) sufren tasas más elevadas, por ejemplo. Pero casi todos ellos las han reducido de manera drástica en los últimos años, excepto dos países. México y Venezuela.

La debilidad de sus inicios podría haber salvado a Maduro, cuando tal vez tuvo razón. La fuerza de su consolidación parece condenarle, aunque en Venezuela, como en todas partes, todo es un poco más complejo. Ahora Maduro podría citar a Andreotti: “El poder solo desgasta a quien no lo tiene”.

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