POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 230

Distribución de comida entre mujeres y niños palestinos desplazados en Gaza. El hambre provocada es una reiterada arma de guerra tan barata como eficaz (Jan Yunis, Gaza, 30 de mayo de 2025). GETTY

La guerra en nuestros días: ¿crueldad al alza?

La naturaleza de la guerra, y la crueldad como parte intrínseca de la misma, no ha cambiado a lo largo de la historia. Pero en las últimas décadas, y por diversas razones, se han intensificado sus consecuencias directas para la población civil.
Francisco José Dacoba Cerviño
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Los abusos y los excesos han estado presentes, en mayor o menor medida, en las guerras a lo largo de toda la historia de la humanidad; perpetrados por individuos aislados o dirigidos desde las más altas instancias de los bandos enfrentados. Excavaciones arqueológicas documentan campañas de castigo de las legiones romanas contra las tribus celtíberas hace más de dos mil años.

Cabría esperar que en el actual momento de desarrollo de la civilización, estas prácticas hubieran sido desterradas de los escenarios de conflictividad activos. Basta echar un vistazo a los titulares para comprobar que no solo no es así, sino que, por el contrario, la crueldad fríamente calculada y eficazmente ejecutada, es moneda común a lo largo y ancho de la geografía mundial.

 

Civiles, de actores secundarios a víctimas principales

La guerra había consistido, tradicionalmente, en una sucesión de batallas que se decidían mediante el choque brutal, pero de breve duración, de dos ejércitos sobre un campo de batalla. El imperio aqueménida de Darío III sucumbió definitivamente, allá por 331 a.C., cuando Alejandro derrotó al rey persa en la llanura deshabitada de Gaugamela, hoy Irak. Este formato se mantuvo en los siguientes milenios y otras grandes batallas, como Zama, Cannas, Las Navas o Borodino, se libraron también en espacios abiertos, lejos de entornos urbanos. No quiere esto decir que la población civil permaneciera al margen de los combates. Las falanges griegas, las legiones romanas y las huestes medievales se nutrían de la mano de obra que detraían de los quehaceres cotidianos en los campos y en las ciudades, tareas que quedaban abandonadas hasta el regreso, si es que se producía, de esos soldados temporales. La población en general había de sufrir asedios más o menos prolongados, así como el daño que el paso de enormes contingentes de tropas…

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