Ha tardado en arrancar, pero empieza a crecer. La rebeldía contra el descontrol de la inteligencia artificial está tomando vuelos y es parte de un neoludismo contra la automatización que viene de más atrás. Es una rebeldía en todo el mundo, de jóvenes, de políticos, de empresas y hasta de Europa como tal. Las big techs se oponen, claro. Está por ver su incidencia.
Algunas pinceladas. Recientemente, Eric Schmidt, antiguo y respetado jefe de Google, fue abucheado cuando daba una charla en la Universidad de Arizona ante unos 10.000 estudiantes. Planteó que la IA va a cambiar el mundo. “Hay un miedo en vuestra generación: que el futuro ya está escrito, que vienen las máquinas, que se esfuman los empleos, que se destruye el clima, que la política está fragmentada, y que estáis heredando un caos que no habéis creado”, les dijo. No es el primero de los grandes popes de la IA a los que les ocurre algo semejante. Las “rebeldIAs” crecen ante la angustia de un futurible que ya se ha hecho presente, y es aún más marcada entre las mujeres jóvenes, más sensibilizadas, y quizás más afectadas, aunque sus capacidades parecen más afines a estos tiempos.
A los jóvenes, nativos digitales (a los siguientes se les denomina “inmersos digitales”), se les orientó hacia una tecnología que les resultó casi natural. Ahora usan las IAs de forma creciente, aunque eso les irrita, les enfada, piden que les enseñen otras cosas que pueden serles de ayuda para su futuro. Se les pide que aprendan a usar una tecnología, que, están descubriendo, se vuelve contra ellos, destruye o impide empleos, aunque cree otros nuevos, pero los del futuro no están claros, y les vacía sus proyectos de vida. Muchos recién graduados o másteres no encuentran trabajo.
Temen pasar de las máquinas que “piensan con nosotros” a máquinas que “piensan por nosotros “, como lo puso en 1965 Frank Herbert en su novela Dune (plasmada después en excelentes películas). Milenios antes de los tiempos de Dune, la humanidad vivía bajo el dominio de máquinas pensantes e IAs (Omnius y Titans). Esa dependencia tecnológica había embotado las capacidades humanas. La rebelión contra estas máquinas, la llamada Jihad Butleriana, duró décadas y terminó con la destrucción de toda forma de inteligencia artificial. Las máquinas pensantes quedaron prohibidas por mandato religioso-legal.
La IA está produciendo ansiedad en todos, y en mucho joven que se plantea ¿Cómo prepararse? ¿Qué estudiar?.Claro, más allá de los trabajos que requieren y seguirán requiriendo destrezas manuales, lo recomendable sería una doble titulación avanzada en Matemáticas y Filosofía. No está al alcance intelectual de todos. Aunque tampoco hay respuesta a la pregunta esencial de cómo estudiar, cómo enseñar . Quizás sea el momento de volver al Ortega y Gasset de la Misión de la Universidad: “En vez de enseñar lo que debería enseñarse, hay que enseñar solo lo que se puede enseñar, es decir, lo que se puede aprender.” Vale para toda la enseñanza. También los profesores sufren ante la necesidad de cambiar sus métodos de enseñanza ante la IA.
Ante estas incertidumbres, la reacción juvenil es, para muchos, ir contra lo establecido, por el socialismo en Estados Unidos, por los neofascismos en Europa, todo con un reverdecer de la religiosidad.
También las generaciones mayores. Los mismos trabajadores blancos de cuello azul olvidados por los demócratas –sí, por Obama– a los que Trump se dirigió en 2016 y de nuevo en 2020, los que habían perdido empleos bien remunerados, por ejemplo, en el sector automóvil, que les habían robado la automatización y la deslocalización / globalización, se están ahora volviendo contra él. Entonces había comenzado el proceso de desclasamiento y vaciamiento de las clases medias, que se ha acentuado, con consecuencias que vemos hoy. Un personaje como Steve Bannon lo entendió bien entonces, y le dio forma al discurso de Trump. En su segundo advenimiento, Trump se alió con Silicon Valley y sus dineros, a cambio de dejarla campar a sus anchas, de no regularla. Significativamente, Bannon ha encabezado una carta que proclama el paso de “America First” a “Human First”, exigiendo que se controle a estas empresas y sus IAs. Bannon es católico, se apoya en los cristianos nacionalistas y habrá atendido la encíclica Magnifica Humanitas del papa León XIV. Mientras, el presidente argentino Javier Milei quiere facilitar el peligroso advenimiento de la “empresa no humana”.
Trump puede estar rectificando. Pretende que el Estado entre como accionista en las big tech, con un fondo soberano IA, con acciones cedidas por estas empresas en vez de subirles los impuestos a sus desmedidos beneficios. El decreto presidencial para que las nuevas IAs se sometan a un escrutinio voluntario, como las farmacéuticas someten sus nuevos medicamentos a pruebas oficiales, es un paso, aunque no tan radical como el que finalmente no se atrevió a dar unas semanas antes, que hubiera hecho esa medida obligatoria. Silicon Valley, con algunas excepciones como Anthropic –veremos si no es marketing más que nada– anda enfadada. La IA no lo es todo, aunque empapa casi todo; también la biotecnología, que plantea enormes posibilidades y enormes riesgos.
Era cuestión de tiempo que surgieran movimientos sociales y políticos en contra de la IA –de esta nueva IA con tan enormes posibilidades–, al menos de sus excesos y descontrol. Pues en la política no se van a desaprovechar los efectos que está teniendo la actual “psicosis de la IA”. Aunque, dado lo que consumen, los grandes centros de datos y cálculo en los que se están invirtiendo ingentes capitales inciden directamente en cuestiones como el agua y la energía, quizás estas rebeldIAs lleven a reemplazar la esencial de los movimientos verdes por un neoludismo. Lo estamos viendo ya en parte, y lo veremos más en la avalancha de grandes elecciones que tendrán lugar en el mundo de las democracias occidentales entre finales de este año, y 2027. Hace tiempo que el alcalde laborista de Londres, Sadiq Kahn, ha enarbolado esta bandera. Y en el otro extremo de Bannon, de Trump, Bernie Sanders también reclama un fondo soberano y regulación para la IA.
La “rebeldIA” tiene incluso una dimensión europea, de las instituciones y gobiernos europeos. En Francia, el Gobierno ha mandado que se instale un sistema operativo abierto, como es Linux, en todos los ordenadores de los ministerios antes del próximo otoño. Un primer paso que están siguiendo otros países. El Parlamento Europeo ha cambiado el buscador por defecto en sus dispositivos, de Google al francés Qwant. La búsqueda de una “soberanía digital” europea es también rebeldía, aún más con Trump en el poder.
Aunque siempre hay que comenzar por algo, estos esfuerzos europeos son aún el chocolate del loro, se diría de forma más coloquial. Pues “las empresas estadounidenses dominan todas las principales capas de software, lo que expone a Europa a vulnerabilidades estratégicas”, recuerda un estudio sobre dependencia elaborado por el Parlamento Europeo. Estas dependencias incluyen, en el presente y futuro inmediato, las IAs, centros de datos, conexiones y muchos otros elementos. Con la sombra de China siempre creciente.
La presión de estas “rebeldIAs” aumenta. Ahora bien, el poder o la fuerza de este nuevo capitalismo, o neofeudalismo, ¿puede digerir casi todo? De momento es rebeldía, no revolución. Cabe recordar el famoso póster de Korda del Che Guevara, un comunista sanguinario, icono visual, símbolo de rebeldía contra el poder establecido, mercancía de consumo y proyección de ideales difusos. ¿Cuál sería su equivalente en nuestros tiempos de IA?
La IA Claude adelanta varias posibilidades, como Guy Fawkes/Anonymous, o Aaron Swartz, el activista, cofundador de Reddit, fallecido a los 26 años perseguido por el gobierno de EEUU por descargar artículos académicos, práctica de la que ahora se alimentan las IAs. Aunque Claude considera que “el ecosistema digital no produce iconos estables: el ciclo de vida de una imagen es de horas o días, no de décadas”. ¿Y las incipientes rebeldías?
