El presidente chino, Xi Jinping, durante una visita a Roma el 23 de marzo de 2019. GETTY

Agenda Exterior: la relación UE-China pos-coronavirus

POLÍTICA EXTERIOR
 |  28 de mayo de 2020

La crisis del Covid-19 parece haber traído consigo un cambio en las relaciones entre China y la Unión Europea. Aunque la tirantez se anticipaba a lo largo de 2019, la escalada de tensión –comercial y geopolítica– entre Pekín y Washington, así como la creciente proyección china a raiz de su gestión de la pandemia, a lo que hay que añadir la represión de las protestas en Hong Kong… Todo ello contribuye a enfriar la relación. Preguntamos a los expertos cómo de importante y novedoso es este cambio.

 

¿Cómo ha afectado la pandemia a la relación entre la Unión Europea y China?

 

ISIDRE AMBRÓS | Periodista. Corresponsal en Asia-Pacífico para La Vanguardia (2008-2018). @iambros

La pandemia del Covid-19 ha sido reveladora para la UE y cada uno de sus países miembros, ya que ha puesto el foco en la relación de la Unión con la potencia asiática más allá del ámbito comercial. Ha sido la primera vez que China ha desempeñado un papel decisivo en la vida de los europeos tras 45 años de relaciones diplomáticas. Un protagonismo que influirá en el futuro diálogo entre Bruselas y Pekín, que será mucho más complejo.

A los europeos la crisis les ha demostrado la necesidad de modificar su diálogo con China. Europa debe corregir el rumbo y proteger su autonomía estratégica a nivel industrial y tecnológico frente al gigante asiático, que apuesta por la globalización y el multilateralismo. Una decisión que debería desembocar en una mayor autosuficiencia en determinados sectores industriales y, por tanto, una disminución de inversiones europeas en China.

La defensa de los valores europeos provocará asimismo futuros choques y desencuentros con Pekín, que ejerce una creciente influencia en el debate interno comunitario. China hace años que juega a dividir a los países europeos a su conveniencia, con una diplomacia cada más proactiva y tentadoras ofertas de cooperación económica. Una táctica a la que ahora suma su gestión del Covid-19 para denigrar a las democracias occidentales frente al modelo chino, arma arrojadiza que no dejará de esgrimir en futuras negociaciones. China se siente cada vez más fuerte y lo hace saber. La UE deberá cerrar filas con argumentos de peso para contrarrestar la pujanza china. Se avecinan tiempos duros en el diálogo entre China y Europa.

 

ROSA BALFOUR | Directora de Carnegie Europe. @RosaBalfour

El deterioro de la relación UE-China se debe en gran medida a decisiones chinas antes que a la crisis del Covid-19 como tal. Pekín ha decidido explotar la pandemia para obtener provecho geopolítico. En Asia se impone de manera agresiva, tanto en Hong Kong como en la frontera con India, donde se acaban de reportar movimientos de tropas. En relación a Occidente, se ha implicado en una escalada del conflicto con Estados Unidos, acentuando su diplomacia agresiva y sus intentos de dividir Europa. En las organizaciones multilaterales, se comporta de forma poco cooperativa.

En Europa esta estrategia es contraproducente. Desde el año pasado, cuando China fue definida como “rival sistémico” de la UE, existe una visión más preocupada con su auge. Europa no se alineará unilateralmente con EEUU, pero abrir los ojos y darse con una imagen distinta de China traerá consecuencias. Qué estrategia saldrá de este despertar está menos claro, pero la ambición mínima será “evitar ser instrumentalizados por uno u otro”, como describió el Alto Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Josep Borrell, al hablar con los embajadores alemanes. Alemania, el país europeo más interdependiente con China, hará de anfitrión en la primera cumbre China-UE, a finales de 2020. Habrá que observar este espacio, porque el mundo está cambiando.

 

GEORGINA HIGUERAS | Periodista especializada en Asia.

El Covid-19 ha complicado aún más la compleja relación UE-China. La pandemia, que debía haber impulsado una lucha global conjunta contra el patógeno, ha agravado la rivalidad entre China y EEUU y tensionado la situación de la UE versus las dos hiperpotencias. Además, la evidencia de que la seguridad de los ciudadanos europeos dependía por primera vez de las cadenas de suministro chinas ha supuesto un baño de realismo para los 27 países, que en las últimas décadas han asistido impasibles a su desindustrialización.

El 2020 se presentaba como un año decisivo para redefinir el entramado de intereses del eje Bruselas-Pekín y su peso en la geopolítica mundial. El broche debía ser el Acuerdo General de Inversiones, que se negocia desde 2014 y se esperaba firmar en la primera cumbre de Xi Jinping con los jefes de Estado o de gobierno de los 27, prevista para septiembre en Leipzig (Alemania). La UE lo considera fundamental para impulsar la apertura del mercado chino a sus empresas y la transparencia en la concesión de licencias. No hubo avances y no habrá firma. Europa no quiere volver a ser el escenario de otra guerra fría, sino un actor capaz de imponer el diálogo, para lo que busca equidad, equilibrio y reciprocidad en sus relaciones con Pekín y Washington.

La opinión pública española refleja muy bien el desconcierto que el Covid-19 ha sembrado en la percepción de China. Un sondeo de Metroscopia publicado por La Vanguardia indica que el 56% de los encuestados ve hoy a la República Popular cómo la principal potencia, pero el 51% se manifiesta menos dispuesto que antes del coronavirus a adquirir productos chinos.

La evolución de las relaciones UE-China durante la pandemia y la construcción de confianza bilateral y multilateral para abordar los desafíos globales decidirán si es posible un futuro compartido.

 

ENRIQUE MORA | Director político en el Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE). @enriquemora_

La pandemia ha afectado a la relación entre la Unión Europea y China de dos maneras: directa, un aumento de la desconfianza, e indirecta, vía la espectacular subida de tensión entre EEUU y China. Ningún actor internacional puede ser ajeno a este cambio geopolítico considerable. Ambos rivales tratarán de que Europa sea escenario de su competencia por la supremacía global. De que Europa sea objeto y no sujeto. En nuestras manos está evitarlo.

El aumento de la desconfianza nos recuerda la importancia de las narrativas y, cómo no, de las ideologías, en política exterior. Europa ayudó a China en los primeros momentos de la pandemia y China lo ha hecho después, cuando Europa atravesaba el peor momento. China ha participado generosamente en la convocatoria global de la Unión para unir fuerzas en búsqueda de una vacuna. Ha copatrocinado la resolución de la UE en la Organización Mundial de la Salud. Sin embargo, todo esto ha palidecido ante la percepción de que China ha utilizado la pandemia para avanzar su modelo político y su visión de la comunidad internacional. Los dos fenómenos socavan el modelo y visión de la UE.

2020 iba a ser también el “año de la rata” para la UE. Dos cumbres, varios diálogos de alto nivel, innumerables contactos sectoriales, el propósito de acabar un acuerdo de inversiones y una agenda 2025 estaban entre los buenos propósitos que la pandemia podría malograr. Trabajamos para que no sea así. Si hay una relación que merezca del apelativo de estratégica, es la de la UE y China.

 

MACARENA VIDAL LIY | Corresponsal de El País en China. @macchinetta

La pandemia ha puesto de manifiesto las enormes tensiones en la relación entre China y la UE, barridas debajo de la alfombra hasta ahora por conveniencia mutua pero que ya comenzaban a quedar de manifiesto.

Un creciente autoritarismo bajo el mandato de Xi Jinping, el trato al territorio autónomo de Hong Kong, las quejas de las empresas europeas sobre la falta de un trato equitativo en el acceso a los mercados chinos y el cultivo de Pekín de las divisiones entre los Estados miembros llevaron en 2019 a la UE a describir al gigante como un “rival sistémico”. Esas percepciones se han agravado ante las dudas sobre la gestión china en las primeras semanas de la pandemia. Ha causado malestar también la “diplomacia de las mascarillas” china, las declaraciones desafiantes de sus diplomáticos “lobos” y las amenazas de usar la ayuda humanitaria como herramienta política.

Llegan señales de un endurecimiento de la política de la UE hacia China y la búsqueda de una diversificación. El jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, ha declarado que “necesitamos una estrategia más robusta hacia China, que requiere también mejores relaciones con el resto del Asia democrática”. En la práctica, está por ver si estas ideas se materializan en hechos o quedan en palabras, dada la fuerza gravitacional de la economía china y la inconsistencia de EEUU. El diario chino Global Times expresaba este mes su confianza en la UE optará por una política, como mucho, gatopardiana: cambiarlo todo para que nada cambie. “El hecho de que entre China y Europa existe cooperación y competición no va a cambiar. En el escenario global, Europa necesita el apoyo de China para el multilateralismo y agendas relacionadas. También es imposible que las dos partes se separen completamente la una de la otra”.

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