Alfombra roja: Humberto de la Calle

POLÍTICA EXTERIOR
 |  30 de septiembre de 2016

“El 2 de octubre hay un llamado a la ciudadanía para que escoja un camino u otro. Y si no hay una respuesta muy contundente me parece la polarización se va a prolongar”.

 

Colombia acude a las urnas el 2 de octubre para refrendar –o no– los acuerdos de paz entre el gobierno y las Fuerzas Armadas Revolu­cionarias de Colombia (FARC). La apuesta del presidente colombiano, Juan Manuel Santos, es arriesgada. La negociación se llevó a cabo sin un acuerdo previo entre las diferentes fuerzas políticas, de ahí la necesidad de un referéndum que sirva de parteaguas, para bien o para mal. Santos aparte, uno de los colombianos más preocupados en estos momentos es Humberto de la Calle, artífice de los acuerdos de paz. En 2012, Santos llamó a De la Calle para que encabezara las negociaciones con las FARC y cuatro años después este abogado, poeta, político y diplomático solo espera que el 3 de octubre sea, en Colombia, “un momento de reencuentro”. Y que gane el Sí, por supuesto.

De la Calle nació en 1946 en Manzanares, Caldas, en cuya universidad se graduó 23 años después como abogado. Su carrera política comenzó en los años ochenta, los del terror, como secretario de gobierno del Departamento de Caldas. Luego pasó a dirigir el organismo electoral nacional, antes de convertirse en magistrado de la Corte Suprema de Justicia en un período especialmente sombrío. El Palacio de Justicia había sido asaltado unos meses antes por el grupo guerrillero M-19, en connivencia con los narcotraficantes. En el asalto murieron varios de los magistrados y su nuevo presidente reclutó para su recomposición, entre otros, a De la Calle. Sobrevivir a los ochenta en Colombia no tuvo que ser sencillo.

En 1990, César Gaviria lo nombró ministro de Gobierno, desde donde gestionó el proceso de convocatoria de la Asamblea Constituyente. Ahí ya desempeñó un papel clave relacionado con el conflicto que ha asolado Colombia durante más de medio siglo. De la Calle ayudó a redactar las normas electorales que permitieron la participación política de los primeros desmovilizados de las guerrillas –M-19, PRT, EPL, Quintín Lame–, así como las que propiciaron los beneficios penales que hicieron posible esa reinserción.

En 1993, De la Calle apuntó a lo más alto, la presidencia del gobierno, pero perdió frente a Ernesto Samper las primarias del Partido Liberal. Para restañar heridas, Samper le ofreció la vicepresidencia. Al año siguiente la pareja garivista ganó las elecciones, pero la armonía no duró demasiado. El proceso 8.000 –investigación judicial emprendida contra Samper bajo la acusación de recibir financiación del narcotráfico para su campaña presidencial– los separó y De la Calle se convirtió en uno de los principales críticos de Samper. En 1996, De la Calle renunció a la vicepresidencia, pero la sangre no llegó al río y el derrotado acabó aceptando una embajada, en España.

De España pasó a Reino Unido y en 2000 regresó a Colombia para ocuparse de la cartera de Interior en el gobierno de Andrés Pastrana, entre 2000 y 2001. Con la llegada de Álvaro Uribe al poder, De la Calle ejerció como asesor jurídico del presidente, al que ayudó a reformar la Constitución que le llevó a su primera reelección.

En todo este tiempo, De la Calle nunca dejó de ejercer su profesión de abogado, a la que regresó tras la larga etapa político-diplomática. Y ahí lo encontró Santos en 2012, en la Carrera Séptima de Bogotá (la avenida principal de la ciudad, donde está el centro financiero), a cargo de su bufete. La experiencia de De la Calle para abordar un proceso delicadísimo que iba a enfrentar a Colombia a sus demonios y dilemas estaba fuera de toda duda. A principios de los noventa participó en las negociaciones con la Coordinadora Guerrillera –que incluían a las FARC, el EPL y el ELN– llevadas a cabo en Caracas, Venezuela, y en Tlaxcala, México, donde ejerció de vocero del gobierno. Las conversaciones fracasaron, pero Santos debió de pensar que los grandes éxitos se construyen, entre otras cosas, a base de fracasos.

A falta de saber el resultado del referéndum del 2 de octubre, alfombra roja para uno de los hombres de la paz de Colombia.

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