Como adalid de la anticorrupción, Wang ha acabado con las extravagancias de la élite política china. GETTY

Alfombra Roja: Wang Qishan

ALICIA GARCÍA ROMERO
 |  20 de octubre de 2017

El 18 de octubre comenzó el XIX Congreso Nacional del Partido Comunista Chino (PCCh) en Pekín. Esta convención quinquenal tiene como objetivo, entre otros, remodelar la composición de los órganos del Partido. En esta ocasión se espera que gran parte de los miembros del Comité Permanente se retiren, debido a su edad. De acuerdo con una regla no escrita del PCCh, aquellos miembros del Comité Permanente que lleguen o superen los 68 años al celebrarse el Congreso deben retirarse. Es el caso de Wang Qishan, que cumplió 69 años en julio. Miembro del Comité Permanente y secretario de la Comisión Central para la inspección disciplinaria, además de guía de la campaña anticorrupción del presidente, Xi Jinping, no está claro que Wang vaya a retirarse. Lo que ocurra con él en el Congreso podría socavar algunos presupuestos del sistema político chino.

Wang nació en Qingdao, provincia de Shandong, en 1948. Graduado en Historia, al comienzo de su carrera política se dedicó al ámbito de las finanzas, hasta llegar a la presidencia del Banco de Construcción de China y convertirse en pieza clave en la creación del primer banco de inversiones del país. También se desempeñó como presidente adjunto del Banco Central Chino, todo lo cual le valió la fama de gurú en el área financiera.

Cuando el síndrome respiratorio agudo y grave (SARS) golpeó al país y su capital, Wang tomó los mandos de la alcaldía de Pekín. En contraste con la administración de su predecesor, Wang trató la espinosa cuestión del SARS desde la transparencia, ofreciendo información constante a los ciudadanos. Durante su mandato como alcalde, también participó en el comité organizador de los Juegos Olímpicos de 2008, todo un éxito. Ese mismo año, Wang fue nombrado ministro adjunto del Consejo de Estado encargado de finanzas y comercio.

En el XVIII Congreso Nacional del Partido en 2012, que nombró a Xi secretario general, Wang ingresó en el Comité Permanente –el mayor órgano decisorio del país– como Secretario de la Comisión Central para la inspección disciplinaria, es decir, el órgano anticorrupción.

 

Zar anticorrupción (y algo más)

La batalla contra la corrupción y la deslealtad política orquestada por el Xi ha sacudido las altas esferas del país. En los últimos años, más de 250 altos cargos han sido destituidos, incluyendo gobernadores provinciales, generales del Ejército Popular de Liberación, banqueros y ejecutivos corporativos. El número de imputados es inconmensurable, incluso para estándares chinos. Se ha instaurado también la posibilidad de investigar a antiguos y actuales miembros del Comité Permanente.

El foco se ha puesto en la corrupción de alto nivel, generando en ocasiones rumores acerca de lo útil que esta campaña ha resultado para los objetivos de Xi. Tras la depuración del PCCh en los últimos años, Wang ha logrado dejar al presidente rodeado de sus hombres más afines. Esto es lo que levanta sospechas de que la campaña haya sido utilizada como instrumento para acabar con rivales políticos y disensiones dentro del Partido.

 

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Como cara visible de la campaña anticorrupción, Wang ha introducido una serie de regulaciones y procedimientos disciplinarios sobre la conducta de los miembros del PCCh, con la intención de reforzar la capacidad del Partido de disciplinar a sus miembros y reducir la corrupción.

Una de las mayores críticas contra la campaña es el posible daño que haya podido causar al crecimiento económico, al restringir el consumo y la inversión. Por miedo a que pueda generar acusaciones en contra de su persona, los altos mandos chinos se muestran más reacios a las grandes inversiones, y las ventas de artículos de lujo han caído.

Ejemplo de ello son los tradicionales cierres de acuerdos con un brindis de baijiu Maotai, licor nacional cuyo exorbitado precio (300 dólares la botella) lo deja fuera del alcance del bolsillo de la mayoría. Los brindis han desaparecido prácticamente y en la localidad de Maotai, productora de este licor, se ha dejado sentir el descenso de ventas, produciéndose un estancamiento inédito en la economía local.

Wang, persona polifacética que ha logrado desempeñarse con efectividad en todos los cometidos que ha venido realizando, es a menudo considerado el segundo hombre más poderoso de China. Es sabida su buena relación con el presidente, y su desempeño en la campaña anticorrupción lo ha alzado como hombre indispensable del régimen. Su tendencia a mantener un perfil bajo genera más rumores que tranquilidad: tras semanas en la sombra, sus apariciones públicas generan controversia ante la posibilidad de una nueva oleada de detenciones. En el XIX Congreso, todos los ojos están puestos en él.

En el caso de que Wang se mantenga en su puesto, además de seguir siendo un apoyo indispensable para el presidente, se abriría la posibilidad de que Xi siguiese un tercer mandato como secretario general del PCCh y presidente de la República Popular. En el próximo Congreso, en 2022, Xi tendrá 69 años, como Wang ahora. Quedándose, Wang establecería una pauta de (no) retiro que Xi podría seguir.

Si Wang deja su puesto, es probable que no se retire del todo y adquiera una nueva posición desde la que seguir implementando y reforzando la línea trazada por el presidente. Solo cabe esperar. Mientras tanto, el mutismo de Xi fomenta las especulaciones sobre el futuro de Wang y, por ende, del país.

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