Cuenta el periodista Andrew Cowley, antiguo corresponsal de The Economist en Moscú, que uno de los pocos negocios que ha fomentado Vladímir Putin fuera de Rusia es el de los libros que hablan, precisamente, de la deriva del país. Crónicas firmadas por periodistas, en su mayoría, que cuentan lo que está ocurriendo ahora mismo en Rusia y cómo todo parece ir a peor. El problema de muchos de esos libros es que se centran en el qué sin terminar de abordar el por qué. Y es ahí donde reside el valor de The Closing of the Russian Mind, el último ensayo del analista ruso Andrei Kolesnikov.

The Closing of the Russian Mind
Andrei Kolesnikov
Polity Books, 2026
256 págs.
Designado “agente extranjero” por el Kremlin en 2022, Kolesnikov pertenece a una familia profundamente integrada en la historia soviética y rusa. Él mismo desarrolló su carrera como jurista y periodista en la Rusia de los años ochenta y noventa antes de convertirse en una de las voces más lúcidas contra el putinismo. Su decisión de permanecer en Moscú confiere a este libro un valor añadido: sigue analizando la evolución del régimen desde dentro, contrastando continuamente sus hipótesis con la realidad.
Lo primero que plantea Kolesnikov en su libro es que “la explosión de imperialismo de viejo cuño” experimentada en Rusia durante las últimas dos décadas no ha sido provocada ni por las políticas occidentales ni por la expansión de la OTAN hacia el este. “Sus raíces brotan de lo más profundo de la conciencia histórica y sociocultural tanto de las masas como de las élites”. Una conciencia histórica salpicada por un patriotismo exacerbado y convenientemente fomentado por el Estado, basada en dos pilares: una tradición milenaria revestida de épica defensiva y la misión redentora de Moscú como “tercera Roma” y, por…



