POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 123

China y el futuro de la OMC

Julio Arias
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La tercera potencia comercial del mundo ha preferido, por el momento, desempeñar un papel discreto en la OMC. Las negociaciones las lideran hoy EE UU, la UE, India y Brasil. ¿Cómo se involucrará China en las rondas comerciales sin suscitar la aprensión de estos países?

La adhesión de China a la Organización Mundial de Comercio (OMC) en diciembre de 2001 representó uno de los mayores hitos desde la creación de la institución en 1995, tras la conclusión de la Ronda Uruguay. Su incorporación al sucesor del GATT (Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio) fue, en primer lugar, un acontecimiento de índole económico. La República Popular, antaño comprometida ideológicamente con la política de la autarquía o autosuficiencia económica, dio el paso simbólico de integrarse en el club que regula el comercio internacional según la filosofía económica liberal. No obstante, su adhesión también ha generado convulsiones geopolíticas. La irrupción de China como gran potencia exportadora –e importadora– está causando movimientos bruscos en las placas tectónicas sobre las que se asientan los cimientos del régimen comercial internacional liberal.

La integración de China supone para la OMC una oportunidad y un desafío. Por un lado, la adhesión del país más poblado del mundo y tercera potencia comercial ha reforzado la legitimidad e importancia de la organización. Por otro, debido a la complejidad de los intereses comerciales chinos –con diferentes niveles de desarrollo según el sector económico– resulta difícil situar a China en el marco de las grandes negociaciones Norte-Sur. Y es que hoy Pekín se encuentra a caballo entre los países en vías de desarrollo, a los que presta apoyo retórico en el contexto de la Ronda de Doha, y los países desarrollados, con quien comparte intereses comerciales ofensivos en el sector industrial y de servicios. Esta ambigüedad puede complicar las negociaciones comerciales…

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