AFKAR-IDEAS  >   NÚMERO 69

Instituto del Mundo Árabe, París. GETTY

Enseñanza del árabe en Europa: reto presente y oportunidades de futuro

El árabe ha sido uno de los idiomas extranjeros más enseñados en Europa. Pero la falta de coordinación y de adaptación a las nuevas tecnologías dificultan su expansión e impacto cultural.
Ignacio Gutiérrez de Terán
 | 

El árabe constituye la lengua vehicular, a través de sus dialectos en las diversas variantes habladas y el llamado fusha o clásico en la expresión escrita, de al menos cinco millones de personas en Europa, gracias, en primer lugar, a la inmigración constante de ciudadanos procedentes de Marruecos, Argelia, Túnez, Siria y otros países. Los descendientes de las primeras y segundas generaciones de inmigrantes, con plena ciudadanía europea en la actualidad, componen un nutrido grupo de aprendices de lengua y cultura árabes, a los que deben unirse los cerca de –según las siempre inciertas proyecciones oficiales y oficiosas– 20 millones de musulmanes no árabes –sin contar Turquía– que residen en el Viejo Continente, algunos en países de mayoría musulmana como Albania y Bosnia-Herzegovina, y tienen el árabe como lengua de expresión religiosa.

Todo ello, junto con el interés de numerosos europeos sin ningún tipo de vinculación con el mundo árabe o la religión musulmana, que se muestran interesados en la lengua árabe, ha favorecido desde hace décadas el desarrollo de centros de enseñanza oficiales y privados dedicados a la enseñanza de un idioma hablado por cerca de 400 millones de personas y que algunas proyecciones pronostican será la lengua materna de un 10% de la población en varios Estados miembros de la Unión Europea (UE) para 2050. En el caso concreto de España y, en menor medida en otros países de nuestro entorno, el interés por el árabe va más allá del deseo de conocer una lengua extranjera por razones académicas, afectivas, laborales o religiosas –principales motivos por los que los europeos sin ascendencia árabe la estudian. Aquí entran en liza razones muy precisas que giran en torno a la voluntad o necesidad de conocer el legado histórico de los árabes y la notable influencia de la cultura andalusí en nuestro idioma, costumbres y la conformación de nuestra identidad nacional… aunque solo sea, como se hace desde determinados sectores, para negar el peso e influencia de ese legado en la génesis de tal identidad. La controversia en torno al “marbete árabe/ andalusí” ha entorpecido, nos tememos, los intentos –principalmente en Andalucía y Cataluña– de introducir el árabe como segunda lengua extranjera para la ESO, con un modelo similar al vigente en los sistemas de secundaria y bachillerato en Francia. En la actualidad, se ofrece en unas pocas comunidades y solo en horario extraescolar.

 

La enseñanza del árabe en Europa 

El árabe ha sido tradicionalmente uno de los idiomas extranjeros más y mejor enseñados en los países europeos, con la particularidad de que su referida condición de lengua de transmisión fundamental en la religión musulmana ha favorecido que las mezquitas y determinadas asociaciones y centros religiosos se hayan convertido en su principal centro de difusión. Lo anterior resulta especialmente relevante entre los hijos de inmigrantes árabes y, también, musulmanes no araboparlantes, quienes, por lo general, acuden a este tipo de escuelas con el ánimo de aprender los rudimentos del árabe escrito. Hoy en día, en España por ejemplo, el mayor número de aprendices de árabe se registra en este tipo de instituciones, a las cuales deben añadirse los colegios árabes oficiales y las asociaciones de inmigrantes que, de forma más o menos reglada, ofrecen formación lingüística tanto a los hijos de aquellos como a personas sin ningún tipo de vinculación con el idioma o la religión musulmana. También las numerosas academias y escuelas privadas diseminadas por las principales ciudades españolas y europeas ofrecen una amplia gama de cursos, con un objetivo más adecuado, según los casos, a las necesidades profesionales y académicas de los estudiantes.

Es habitual, por otro lado, que en los Estados europeos con mayor presencia de araboparlantes y musulmanes, como España, Francia o Alemania, haya grandes instituciones dedicadas a la cultura arabomusulmana, provistos de una notable panoplia de recursos para promocionar el idioma árabe. Tomemos el referente del Institut du Monde Arabe de París, fundado en 1987, reconocido por sus cursos y métodos para la enseñanza del árabe moderno, y Casa Árabe (2006), cuya sección de enseñanza del árabe como lengua extranjera se ha convertido en uno de los referentes nacionales y contaba en el curso 2022-2023 con una media de 440 matriculados en sus diferentes cursos y niveles. Igualmente, debe reseñarse la magnífica labor de la Escuela de Traductores de Toledo (1994), especializada en la traducción árabeespañol-árabe, pero reputada asimismo por sus cursos de enseñanza de árabe.

En el ámbito universitario, el árabe, dentro del marco general de los antiguos estudios de licenciatura o actuales de grado sobre Estudios Árabes e Islámicos, Estudios de Asia y África, Semíticas, Lenguas y Culturas modernas o similares, ha disfrutado de una dilatada trayectoria. Recordemos los prestigiosos departamentos de Granada, Salamanca, Universidades Autónoma y Complutense en Madrid, Barcelona, Sevilla, Cádiz y Alicante, por poner algunos ejemplos en los que los estudios árabes conservan una presencia destacable, lo mismo que en las facultades de traducción e interpretación, mayormente en la Universidad de Granada, la Autónoma de Barcelona y la Universidad de Málaga, donde, sin embargo, el árabe sigue sin constituirse en lengua A o principal en las respectivas carreras. Por razones evidentes, los estudios árabes, de gran recorrido en nuestras universidades, han tendido a la especialización en el espectro andalusí hasta tiempos relativamente recientes, en los que se ha ampliado el abanico de áreas de investigación, desde la literatura árabe contemporánea hasta la historia y política del mundo araboislámico contemporáneo, pasando por la didáctica de la lengua árabe o las relaciones euromediterráneas, por citar algunos ejemplos. Si bien durante décadas la lengua árabe se ha venido instruyendo en los centros universitarios con técnicas y métodos centrados en la interpretación y traducción de textos árabes clásicos, los nuevos modelos de enseñanza del clásico y las modalidades dialectales, a partir de un enfoque comunicativo y dinámico, han ido ganando protagonismo en los currículos actuales.

 

Un centro cultural árabe internacional con una línea de acción clara y definida en materia de difusión cultural y lingüística facilitaría la generación de métodos de enseñanza adecuados a las nuevas sociedades árabes

 

Más allá del marco universitario, las Escuelas Oficiales de Idiomas ofrecen enseñanza de árabe reglada en 24 de sus centros nacionales, con una duración máxima de entre cinco y siete años según las regulaciones propias de cada comunidad autónoma, lo que las convierte en la entidad oficial española que imparte cursos de árabe con mayor duración y continuidad, sobre todo en la Comunidad Valenciana, Andalucía o Cataluña.

La situación es más o menos similar en cuanto a la distribución de centros públicos y privados para la enseñanza de este idioma en los principales Estados miembros de la UE; también, por lo mismo, las problemáticas e inconvenientes a los que deben hacer frente.

 

Fomentar la coordinación entre las instituciones 

Entre los problemas, deben reseñarse las disfunciones en las labores de coordinación e interrelación entre los diferentes sectores, colectivos y entidades, implicados en la enseñanza del árabe. La inexistencia de un organismo que regule o represente de forma oficial la docencia de árabe en el exterior, con una función similar, por ejemplo, al Instituto Cervantes, el British Council, el Goethe-Institut o el Institut Français, ha dificultado la adopción de criterios generales para la adopción de un marco de convergencia lingüística y la acreditación del conocimiento de árabe en territorio europeo de forma homogénea. En España, solo las Escuelas Oficiales de Idiomas, hasta un nivel B2, o la Universidad de Granada –un B1, únicamente para Andalucía– emiten certificados de este tipo. Algo parecido ocurre en el resto de Estados europeos, cuyos títulos, si finalmente se emiten, no siempre son reconocidos por las entidades de otros países o por los propios Estados árabes. Aquí radica una de las grandes asignaturas pendientes de la enseñanza del árabe, motivo de frustración, por otra parte, para numerosos aprendices, que no pueden ver reconocido su conocimiento del idioma a efectos profesionales y laborales. La aparición de un gran centro cultural árabe internacional con una línea de acción clara y definida en materia de difusión cultural y lingüística tendría un efecto muy provechoso en la generación de métodos de enseñanza modernos, adecuados a la nueva realidad de las sociedades árabes y, en particular, de las comunidades arabohablantes en Europa.

Dejando a un lado las estrategias desarrolladas por las agencias de promoción cultural de organizaciones regionales, como la Liga de Estados Árabes, o internacionales, como las dependientes de Naciones Unidas, así como los esfuerzos desplegados por departamentos de universidades y Escuelas de Idiomas y destacados especialistas en la enseñanza de idiomas, no disponemos de una cantidad suficiente y amplia de métodos docentes, técnicas didácticas y diseños curriculares con los que asegurar una docencia multipolar y multidisciplinar que responda a las necesidades de los diferentes grupos interesados en la cultura y la lengua árabes. Evidentemente, las motivaciones y prioridades de quienes desean conocer el árabe por razones vinculadas con sus lazos familiares y afectivos no tienen por qué resultar coincidentes con las de quienes lo hacen por motivos profesionales o con el objeto de conocer mejor los fundamentos doctrinales de la fe que profesan. Con todo, creemos, el enfoque práctico y “contemporáneo” debería ser el prevalente.

Sin embargo, apreciamos una falta de coordinación manifiesta en lo que se refiere a los modos y finalidades de enseñar árabe en nuestro continente, tanto entre los centros universitarios europeos, que muchas veces desconocen las innovaciones o nuevas tendencias que puedan producirse en su entorno, como entre las escuelas de idiomas oficiales y centros de enseñanza oficial no universitaria operativos en el espacio europeo, a pesar de que, nominalmente, persiguen objetivos comunes y parten de presupuestos similares. La divergencia puede resultar mayor todavía entre las entidades privadas por un lado y las públicas por otro, absortas la mayoría de las veces en sus problemas internos particulares. En un congreso internacional sobre la enseñanza de la lengua árabe en España y Europa, celebrado en diciembre de 2021, entre la Universidad Autónoma de Madrid y Casa Árabe, quedó patente el desconocimiento parcial o completo que las diferentes entidades responsables de la enseñanza del árabe en España (y en Europa) mantienen entre sí. Algo ciertamente preocupante si tomamos en consideración que, salvo contadas excepciones, el porcentaje de matriculados en los centros universitarios y de enseñanza oficial se está ralentizando, sin que se experimente un crecimiento destacado en las academias privadas y los lugares de enseñanza adscritos a los centros religiosos. La necesidad de fomentar los vínculos de colaboración entre todas estas entidades ha originado la creación de asociaciones de docentes y estudiantes que intentan aglutinar los esfuerzos a escala nacional y ponerlos en coordinación con entidades similares en el ámbito europeo. Así nació en 2022 SEDLA (Sociedad Española de Docentes de Lengua Árabe), consagrada a la promoción de la enseñanza de este idioma en el ámbito español y latinoamericano, en colaboración con sociedades similares como la BATA británica (British Association of Teachers of Arabic).

 

La enseñanza de la lengua árabe y las nuevas tecnologías

La proliferación de estas asociaciones servirá para impulsar el conocimiento y la enseñanza del árabe en nuestro continente, en un momento en el que debe hacer frente a numerosos desafíos. En primer lugar, la competencia extrema de la lengua inglesa, hegemónica en el mundo del conocimiento tecnológico actual, circunstancia que puede servir de elemento inhibidor para quienes deseen aprender el árabe como herramienta para mejorar y reforzar sus expectativas laborales. La lengua árabe sigue teniendo un protagonismo limitado en el mundo de internet y las redes sociales globales que no se corresponde con la creciente relevancia demográfica de sus hablantes: el pueblo árabe es predominantemente joven, con una franja de edad comprendida entre los 15 y los 30 años que supone el 50% del total en algunos países y, por ende, disfruta de una gran proyección regional e internacional. Se aprecia un déficit notable a la hora de generar conocimiento aplicado a las nuevas tecnologías, en el campo de las ciencias aplicadas y el desarrollo de un lenguaje informático propio que sirva para potenciar las capacidades científicas y prácticas de la cultura árabe. En ese sentido, las instituciones privadas y públicas dedicadas a la promoción del idioma deben realizar una labor de primer orden, recogiendo las dinámicas y propuestas provenientes de todos los sectores sociales, académicos e investigadores concernidos en la tarea de difundir la cultura árabe. El fomento de una relación de cooperación entre las entidades públicas europeas y árabes para la diversificación de las fuentes de radiación de la lengua árabe debería redundar en la mejora de las relaciones bilaterales y hacer más dúctil el intercambio en los apartados políticos, económicos o comerciales de mayor transcendencia. Si bien los ciudadanos árabes componen uno de los principales grupos de migración hacia Europa y suele tenerse la impresión de que las oportunidades laborales allí carecen de atractivo, debe resaltarse que algunas regiones, como la del Golfo Árabe, ejercen una gran atracción entre la mano de obra cualificada europea, lo cual ilustra, una vez más, la importancia de los conocimientos lingüísticos.

La apuesta por una enseñanza de la lengua árabe en Europa con criterios y metodología insertadas en la lógica de las nuevas tecnologías, la revolución digital y una comprensión poliédrica de la realidad contemporánea de nuestras sociedades debe convertirse en la prioridad de todos los sectores implicados en la labor de diseminación de la cultura árabe en nuestro continente. Por desgracia, seguimos apreciando en España y otros países europeos cierta tendencia, cada vez menos acusada todo sea dicho, a impartir el idioma y la cultura árabes de un modo escasamente vivaz, repitiendo esquemas y prácticas de épocas pasadas. Resulta habitual escuchar comentarios entre quienes se inscriben en centros universitarios, públicos y privados, en el sentido de “por qué no enseñan el árabe como el inglés, francés y español”, esto es, con un dinamismo creativo en cuanto al uso de metodología y técnicas de aprendizaje individual y colectivo enfocados a la adquisición rápida y efectiva de las destrezas de comprensión y expresión oral y escrita.

 

La lengua árabe sigue teniendo un protagonismo limitado en Internet y las redes sociales que no se corresponde con la creciente relevancia demográfica de sus hablantes

 

La razón debe hallarse, quizás, en la persistencia de una visión tradicional que prioriza el estudio de la gramática o el refuerzo prioritario de las habilidades lectoras. En esto último tiene mucho que ver el fenómeno de la diglosia, v.g., la coexistencia de un registro escrito con una pluralidad de variantes dialectales, consideradas lenguas maternas, más o menos cercanas a aquel. Un gran paso hacia adelante en la forja de un sentido didáctico constructivo sobre la enseñanza de la cultura árabe en nuestro continente debería pasar por la confluencia armónica de los dos niveles y la adopción de criterios flexibles, siempre centrados en la naturaleza práctica y moderna del árabe como vehículo de expresión cultural contemporánea. De este modo, se podría responder mejor a la diversidad de prioridades y tendencias que apreciamos entre las personas interesadas en su aprendizaje, que parten de múltiples necesidades y aspiraciones pero no por ello contradictorias entre sí. Se reforzaría la senda marcada por prestigiosos centros públicos y privados de enseñanza nacionales y europeos, donde se aplica con naturalidad la variante clásica desde la perspectiva de un idioma con plena funcionalidad oral, en confluencia con los dialectos de mayor incidencia, el marroquí, el egipcio o el siro-libanés entre otros.

Un enfoque centrado en la innovación docente, adecuado a las nuevas realidades de un mundo tecnologizado donde lo audiovisual y el cosmos de las redes sociales disfrutan de un protagonismo indiscutible no está reñido con la aspiración de un padre o una madre araboparlantes de que sus hijos aprendan, en las academias, las escuelas religiosas o los centros universitarios y escuelas oficiales, los rudimentos del árabe escrito. Convendría tomar buena nota de cómo otros idiomas de gran expansión e impacto cultural y económico han conseguido renovar y modernizar sus programas ad hoc en el extranjero, haciendo gala de una ductilidad y capacidad de adaptación envidiables.

Las crisis políticas y militares cuasi crónicas que afectan a parte del mundo árabe dificultan una unidad de acción en lo referente a la promoción de la cultura árabe y, sobre todo, su lengua, auténtico patrimonio de la humanidad por su riqueza, antigüedad y transcendencia histórica. Cuando menos, desde Europa, los actores implicados en esa misma labor de promoción pueden aunar esfuerzos para garantizar una verdadera convergencia europea de la cultura y la lengua árabes, por medio de una amplia red de centros públicos y privados comprometidos en una labor didáctica moderna, integradora y plural./